Sin Conocimiento

CAMPEONATO PROVINCIAL SALMÓNIDOS A LANCE 2011
Trucha común. Río Jucar. Coto de Huélamo.

Así podría definir mi presencia en los últimos concursos de pesca en los que he participado: “Sin conocimiento”. Y me explico: como ya relaté,  estuve en el  Selectivo Regional de 2ª División con un conocimiento muy  limitado de las técnicas que se utilizan en esta modalidad de pesca. Y, no contento con ello, me presento, sin ningún rubor, al Campeonato Provincial Salmónidos a Lance, celebrado este pasado Domingo, día 22, en el Coto sin muerte de Huélamo (Río Júcar).

Vamos… que pescar a cucharilla he pescado, y mucho, pero en cotos intensivos y con cucharillas con su potera intacta, es decir, sin eliminar el arponcillo o muerte. Así que la diferencia es notable, ya que, primero, una trucha arcoíris, nacida y criada en una piscifactoría, nada tiene que ver con una trucha común, que aunque nacida, también, en una piscifactoría, en su mayoría fueron introducidas siendo alevines en el río, donde se han criado adaptadas al medio.  Además de ser mucho más recelosas,  debido a que la mayoría de las que pueblan este coto, al ser sin muerte, han sido pinchadas más de una vez –sin ir más lejos, el Sábado se celebró en el mismo escenario el Campeonato de mosca, capturándose más de una centena de las mismas.

Luego te tienen que picar, difícil, pero…hay luego. Hay recoger a toda velocidad, echar mano a la sacadera más rápido aún y meter a la truchita en la misma antes que se desanzuele en uno de sus innumerables giros y cabriolas y así presentársela al juez que te acompaña. Yo, como siempre, iba preparado “ muy adecuadamente”  para la ocasión, y llevaba una  “pedazo”  sacadera de más de metro y medio, apta para peces de varias arrobas de peso y totalmente inadecuada para este tipo de salmónidos. Pero gracias a que el juez que me acompañaba, Javi, se compadeció de mí dejándome su sacadera, pude iniciar el concurso con una herramienta apropiada para este tipo de pesca.

También debo mencionar lo poco dotado que estoy para nadar –ni poco, ni mucho, directamente no sé- y que era la primera vez que me metía en un río con un vadeador y además con corrientes fuertes en muchos de sus tramos –o eso me parecía a mí por el miedo que arrastraba- lo que hacía que estuviera más pendiente de no caerme en una poza o ser arrastrado por el agua, que de tentar convenientemente, dentro de mis posibilidades  y conocimientos, a las truchas. Como pude, y bajo la supervisión  y el asesoramiento de mi juez, conocedor del río, fui vadeándolo, y cuando creía que mi integridad física no corría peligro, también lanzaba mi cucharilla donde podía (en los cinco primeros lances tuve dos enganches en las traidoras ramas que me acechaban y un par de nudos que hicieron que cortara la mitad del sedal del carrete), pero poco a poco fui ganando confianza y sorprendentemente me picó la primera trucha del día, pero, entre el susto inicial, entre que no atino a coger la sacadera, se me desclava el pez y yo me veo con la caña en una mano, la sacadera en la boca y mi moral por los suelos .

Tras la sorpresa y posterior decepción,  con renovados bríos,  sigo pescando y al rato consigo otra picada y esta vez sí puedo echar al pez en la red de la sacadera. Este monstruo dio una talla de 25,5 (metros no, centímetros), pero para mí representó el mejor trofeo que se me pudiera conceder. Posteriormente tuve otro par de picadas, sacando una trucha más, aunque ésta  no dio la talla mínima requerida para puntuar en el concurso. Y así terminé la primera manga.

La segunda manga se resume rápidamente. Me tocó el peor sector del coto por lo tupido de la vegetación que poblaba sus orillas y por lo bravío de sus corrientes –apto sólo para profesionales-,  lo que ocasionó que, prudentemente, fuera lanzando donde más seguro me hallaba y deseando dar por terminada la manga lo más rápidamente posible. Resultado: una sola picada y ninguna captura.

Así fue pasando el día, unas veces pescando, otras controlando, como juez, al amigo-rival pescador  y, sin olvidar, el descanso para la comida a la que nos invitó la Organización.

La clasificación final es lo de menos(si hubiera conseguido un buen puesto os aseguro que lo hubiera pregonado; pero, entre nosotros, creo que fui el último). Lo importante es disfrutar de algo novedoso para mí, coger experiencia en este tipo de concurso y aprender de los avezados pescadores que participaron en este Campeonato. En resumen, una experiencia muy positiva y gratificante.

No quiero terminar sin mencionar a mi compañero de Club, Pedro, que consiguió un meritorio tercer puesto en la segunda manga y a mi juez y, a la vez,  organizador del evento, Javi, por sus buenos consejos y acertadas indicaciones, por haber conseguido que saliera sano y salvo del río, por haberme llevado de sector en sector y por haberme prestado el material que necesitaba.

El año que viene será otra cosa… peor  no puedo quedar.

Por cierto, el ganador lo hizo con seis truchas, y los “bolos” fueron abundantes, con lo que la diferencia no fue tan bochornosa. Ya mejoraré.

Un momento de pesca. Sacadera de Javi.
Almuerzo antes de la 2ª Manga

Comentarios

txikilubinas ha dicho que…
bonito relato,he disfrutado mucho leyendo la cronica que has hecho del concurso.llevo pescando a cucharilla desde que recuerdo y te puedo asegurar que si me presentase a un concurso de spinning no se ni en que puesto quedaria,¿que mas me da?si lo que yo busco es disfrutar y pasar una jornada genial en un paraje espectacular.
JOSAN ha dicho que…
Me alegro que te haya gustado el relato txikilubinas. Sólo decirte que si te gusta la pesca con cucharilla, aunque seguramente el lugar te pille muy lejos de tu residencia, pescar en el coto sin muerte de Huélamo, donde se celebró el concurso que relato, es una maravilla que te aconsejo si alguna vez tuvieras la oportunidad.
Además, estoy contigo en que los concursos son secundarios y lo que importa es disfrutar, como tú bien dices del momento y de parajes de esta belleza.
Un saludo, amigo cucharillero.