Érase que se era, en un lejano Coto truchero, de cuyo nombre no quiero ni puedo acordarme, pero famoso en toda la Cristiandad por su "Torre", una Justa Medieval (Concurso de pesca). Se otorgaban varios premios: un jamón al vencedor, un queso al segundo, y también se premiaba al que ocupara la 13ª posición con otro hermoso apéndice porcino –premio creado para los caballeros (pescadores) menos diestros.
En esto que un hermoso y primaveral día de Junio se presentaron al Torneo los caballeros-pescadores con sus brillantes armaduras (vadeadores), sus bruñidos yelmos(gorra o similar) y sus pulidas lanzas(cañas). Este Torneo se celebraba por parejas, ocurriendo el caso que el caballero llegado allende los Montes de Torrejoncillo, junto a su compañero de Justa, logró, empatado con los primeros clasificados, un segundo puesto, lo que le otorgaba como premio un queso donado por una de las mejores queserías del Reino. Pero, cuál no sería la casualidad, que a este mismo caballero le viniera a acontecer, que también ocupara la 13ª posición en la clasificación individual, lo que le debería haber proporcionado, en justicia, un hermoso jamón. Pero, hete aquí, que, cuando el caballero de la “poco” triste figura se las prometía muy feliz, con la ilusión de haber aprovisionado su despensa con suficientes viandas con las que poder pasar el crudo invierno, apareció la figura del Mago del Reino de Nunca Jamás...te llevarás el Jamón (Juez del Concurso) refiriendo no se qué ficticia e inexistente norma, ni escrita ni verbal, por la que el que consiguiera un premio en una Justa, no podía doblar premio. Con lo que el valeroso y compungido caballero se vio desposeído de su merecido pernil de gorrino, no dándole, si quiera, el Mago del Reino de Nunca Jamás...te llevarás el Jamón, la oportunidad de elegir premio, que viendo la injusticia y el agravio llevado a cabo, sería lo mínimo requerido para paliar, en parte, tamaño escarnio.
Así que, con el triste queso como única recompensa, con la moral por los suelos ante lo injusto de la arbitraria decisión, el caballero se juramentó en no volver a un Torneo organizado por unos señores feudales en los que las normas de dictaban y aplicaban conforme los hechos acontecieran y según el vencedor que se tratara...
Me han quitado una de las cosas que más me gustaban, y no me refiero al jamón, aunque también... sino a los Torneos. Pero en la vida es preferible perder algo que perder la dignidad –regla de obligado cumplimiento para la Caballería Andante. Siempre habrá otro dragón que matar y otra dama que salvar.
Se me olvidaba, derribé a once contendientes (vamos, que saqué 11 truchas).
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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