En este
difícil mundo de la pesca hay un factor, siempre impredecible, que puede hacer
que, tanto en competición, como por libre, los resultados sean mejores para un
pescador que para otro; y este factor no es otro que: la suerte, la fortuna, el sino, o como queramos llamar al hecho
ilógico que hace que en las mismas o parecidas circunstancias un pescador saque
más pesca que otro. ¿Qué ocurre? Que ésta hay que buscarla, y es sintomático
que siempre les favorezca a los mismos pescadores. ¿Por qué? Porque algún
conocimiento o alguna habilidad añadida aportan al factor suerte para superar a
sus compañeros de jornada, o a sus rivales de competición.
Y esto es lo
que pasó ayer en el “Cerro Julico”, donde estuvimos pasando la tarde el pescador
con cuyo nombre ha sido bautizado este extraordinario lugar de pesca: Julio y quien
esto escribe.
Julio con una de sus luciopercas |
La tarde se
presentaba magnífica para la pesca de depredadores. Temperatura algo superior a
los 30 grados centígrados, y ligero vientecillo que, a la vez que refrescaba el
ambiente, encrespaba un tanto la superficie del agua del pantano, lo que hacía
–según los expertos- que los peces recelaran menos de nuestros engaños en forma
de vinilos. Iniciamos la pesca sobre las 17:30 y en mi segundo lance… picada y
un bonito y luchador luciete de alrededor de un kilo. Julio, lanzando a mi
lado, en los siguientes 4 ó 5 lances consiguió otros dos lucios, el segundo
cercano a los dos kilos. La tarde no podía empezar mejor, y auguraba una
jornada plena de picadas y capturas. Pero, lamentablemente, no fue así para mí,
ya que, hasta las 21:15 en que dimos por concluida la jornada vespertina, sólo
tuve una picada más, y fue en la caída del vinilo, lo que provocó mi tardía
reacción y el no poder clavar al esócido, que tal era el pez que picó,
comprobado posteriormente al sacar el mega-vinilo grauvell color verde casi
totalmente cercenado por los afilados dientes del depredador.
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Goso intentando cobrar al esócido. |
Mientras,
Julio me iba comentando: “voy a poner el pez color naranja que tanto le gusta a
Goso”. Picada… y una lucioperca. “¡Uy! En esta zona hay mucha piedra y se
pueden perder muchos señuelos. Voy a poner éste que está muy viejo y
deteriorado”. Picada… y otra lucioperca. “Voy a probar este verdecillo”.
Picada… un lucio. Al final no pudimos discernir el color del señuelo más
efectivo, ya que pusiera el que pusiese, o tenía picada o sacaba pez. ¿Suerte?
Julio en su modestia lo achacaba a este factor, que algo influye, sin duda
alguna, pero yo estoy seguro que sus conocimientos de este tipo de pesca hacen
que la misma se torne favorable a sus pretensiones, que no son otras que
disfrutar de la captura de los pércidos y esócidos que habitan las aguas de
nuestro querido pantano de Alarcón. Al final, yo sólo conseguí sacar el triste
luciete del principio, y Julio pudo contar 3 lucios y 3 luciopercas. ¡Palizón,
palizón…!
Otros datos: las cañas de parecida acción
–muy potentes ambas- y longitud, y de la
misma marca: Pezon & Michel
(marca desconocida por mí hasta hace unos pocos meses y, he de reconocer, de
una buenísima relación calidad-precio). Carretes: Okuma el mío, y Shimano
el de Julio. Hilo: trenzado en ambos casos. Señuelos: Storm, en su mayoría, y algún Grauvell. Suerte: Julio. Conocimiento
y habilidad: Julio. Vencedor por K.O. técnico: Julio.
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Probablemente récord 2012 de lucio en Alarcón. |
Añadiré al reportaje
fotográfico de esta jornada una foto que, aunque de poca calidad, refleja lo
que posiblemente sea la mayor captura de lucio de este año en este pantano
(aproximadamente 8 kg), conseguida por el amigo Julio el pasado domingo en su
barca neumática con su sempiterno compañero Goso, experto pescador
búlgaro-honrubiano, el cual, por cierto, en la misma jornada pudo sacar 6 peces
entre lucios y luciopercas, escapándosele una vez clavados la misma cantidad.
¡Enhorabuena, campeones!
Comentarios
Saludos abrazos y buen fin de semana
SALUDOS COMPAÑERO....
Vamos a tener que echar una tarde Goso, tú y yo, para ver si se confirma que tú sacas siempre más que yo, y que Goso, casi siempre, saca más que tú. Almuerzo incluido, claro.