Hace escasos
días he podido escribir dos artículos para CotodePezca sobre el salmón
atlántico del Pantano de Alarcón o “Isabelino”, como desde siempre se ha
llamado en las riberas de los pantanos donde más ha aparecido: Bolarque,
Entrepeñas, Buendía y, sobre todo y ahora mismo donde más abundancia hay de
este “misterioso” pez, en Alarcón. Y debido a ello me he enzarzado en un debate
vano, y ya de inicio imposible de ganar, con uno de los “expertos” que existen
sobre todas las materias habidas y por haber y cuyas tesis son únicas y
verdaderas, irrefutables y su palabra es doctrina. Y a ver quién puede con
éstos.
Realmente,
como escribo en los dos artículos que adjunto a continuación, mis conocimientos
de biología, piscícola y general, son altamente reducidos, así que quien se
digne a ver las fotos, el vídeo y el texto quizá sí se pueda hacer una más
cierta idea de ante qué especie nos encontramos.
Ah, un
“Isabelino” estoy casi seguro que no es. Pero vete tú a saber.
Quien
pretenda iniciarse el mundo de la pesca, entre en YouTube y empiece a ver
vídeos de pescatas descomunales, peces extraordinarios y capturas gigantescas
pensará que “todo el monte es orégano” y que lo que se ve en estos vídeos va a
ser la tónica general y habitual de nuestras jornadas de pesca. ¡Pues no, hijo,
no! Habrá días buenos, regulares, malos y muy malos: el “bolo” es un término
con el que debemos familiarizarnos los pescadores deportivos de inicio para no
llevarnos decepciones futuras.
Y es esto,
uno de los días regulares... y gracias, lo que se puede ver en éste, mi último
vídeo, en el que, pretendiendo pescar con enchufable en una fuerte corriente, y
no teniendo ni medios ni conocimientos suficientes para llevar a cabo este tipo
de pesca, los resultados no fueron tan positivos como otras veces, en orden a
capturas, aclaro, ya que sólo con pasar una jornada al aire libre lejos del
mundanal ruido, como afirma tan manida frase hecha, sacar algunas carpas — que,
como apunto de inicio, no siempre ocurre— y coger algo más de experiencia y
práctica de pesca en corriente, la jornada se puede considerar bien
aprovechada.
Lo cierto es
que los bloggeros, supongo que en general, aunque yo sólo dedique mis escritos
en exclusiva a la pesca, muchas veces caemos en el hastío debido a múltiples
cuestiones (hay que tener en cuenta que el 95% de los blogs se abandonan por
sus creadores), y cada vez nos cuesta más hacer algún relato medianamente
coherente. Lo cierto es que, perdido el interés e ímpetu inicial, nos cuesta
cada vez más trabajo ponernos al teclado a relatar nuestras vivencias y
experiencias, de pesca en el caso que a mí me ocupa. Pero como no quiero
abandonar este proyecto, o más bien entretenimiento, que no deja de ser sólo esto
último, al que he dedicado tantas horas, me propongo, por lo menos de vez en
cuando, subir algún relato que dé algo, no tanto de “lustre y esplendor”, que
eso se lo dejaremos a la Real Academia de la Española de la Lengua, como de “vidilla” a
esta página.
Así que, y a
modo telegráfico cuento una de mis últimas jornadas de pesca: Fondo clásico.
Plomo y bajo con anzuelo. Acompañado de mi amigo José Luis, algo oxidado por la
falta de entrenamiento. Yo pesco con dos cañas, él con una. Echo engodo, él no.
En tres horas tengo dos picadas y saco 2 carpas. Él tienen 8 picadas y saca 6
carpas. Resumen: ¡palizón, palizón! Moraleja: no siempre el que más medios
posee o utiliza triunfa. Mejor, por eso la pesca tiene ese encanto que no
tienen otras actividades o aficiones. Además, uno siempre se alegra que un
amigo que retoma esta actividad disfrute sacando peces. Esto sí que es pescar; los
concursos... no tanto.
Con las "moscas" para pescar todo tipo de peces ocurre como con la mayoría los señuelos: todas suelen ser bonitas, coloridas e, incluso, en extremo realistas o, por el contrario, de unas formas tan estrambóticas que parecen lo más alejado que se pueda imaginar de la apetencia de los peces a la hora de comer. Pero todo esto no importa, ya que, sea por la causa que fuere, unas pescas y otras no.
Olvidemos la perfección en su creación o elaboración, aunque al "hacedor de moscas" es un asunto que muchas de las veces trae de cabeza en su búsqueda constante y casi obsesiva de la excelencia y centrémonos en lo básico: la efectividad, el que sean capaces de atraer al pez.
Y esto último es lo que muestra el vídeo que os enseño a continuación, una relación de moscas que son efectivas y sacan peces, sea mayor o menor la perfección de su elaboración, que en el caso que nos ocupa (las moscas "adolferas") hay que reconocer que están muy bien hechas y logradas, pero, como digo, su virtualidad más destacable es que todas y cada una de ellas son del gusto de los peces, y en este caso más concretamente de las carpas.
Pulula por internet una caña-bolígrafo, seguramente Made in China, objeto o artilugio meramente decorativo... ¿o no? Hace tiempo que tenía dudas sobre la posibilidad cierta de sacar un pez de buen tamaño con este invento, así que, y aprovechando una jornada de pesca al coup con enchufable, es lo que me propuse comprobar. Y en el siguiente enlace podréis ver si la prueba se saldó con éxito o el más rotundo de los fracasos: Vídeo de cómo pescar con "Caña-Bolígrafo".
Cada día me
cuesta más pescar a enchufable, y no porque no sea una pesca entretenida y
efectiva, que lo es, sobre todo en lo relativo a esto último: la efectividad; pero
cargar con caña, trípodes, montar kits y el sinnúmero de labores que necesitas
para ponerte en acción de pesca, cada vez se me hace más duro; sin mencionar
que todavía queda lo peor... desmontar el “chiringuito”, encima ya sin la ilusión
de la futura y presumible pescata que de inicio te insufla ánimos para montar
lo más rápido posible y empezar a sacar peces.
Así que,
relegada la caña enchufable, imprescindible en competición pero no tanto por
libre, cuando me apetece echar una jornada de pesca al coup “agarro” la fija y
me evito un buen rato de preparativos. Sacaré menos peces con ella, sin duda,
pero la comodidad no tiene precio y es básica en una actividad de ocio como es
la pesca. Es más, si me pudiera deshacer también del panier, con lo que pesa,
cuesta trasladar y transportar, lo haría, pero, con el “caloret” actual y lo
bien que se sujeta la sombrilla en él, hay catalogarlo de elemento
imprescindible para pescar. Con más fresquito, la silla plegable de toda la
vida y arreando.
Y ya
habiéndome extendido en demasía, a lo que iba: Os presento mi último vídeo de
pesca de carpas al coup con caña fija.
No penséis
que yo lo tengo muy claro tampoco, y ni mucho menos soy un experto, pero alguna
voy sacando, e incluso ya me he animado a hacer mis propias moscas, pescar con
ellas y tener algún éxito que otro. Pero una cosa sí tengo clara: a día de hoy
no hay ninguna otra técnica de pesca que me atraiga y satisfaga más que ésta. De
todos modos, y dicho lo dicho, aunque se me pueda tachar de osado en extremo, y
no sin razón, me permito dar unos consejos de la pesca de este querido
ciprínido, dirigido, sobre todo, a pescadores que se inician en esta técnica, en
el siguiente enlace de la revista digital Coto de Pezca: Pesca de carpas a mosca para principiantes.
Además, cómo
no, os dejo unas fotos y el vídeo de una extraordinaria jornada de pesca de
carpas a mosca en superficie, siempre acompañado de mi compañero Adolfo, y
cuyas moscas fueron las culpables de que lográramos hacernos con un buen número
de estos peces, casi todas carpas royales con alguna común para dar el
contrapunto a la abundancia de las primeras en el ya mítico Pantano de Alarcón.
Poco me extiendo últimamente en los artículos que escribo en este blog, y no va a ser éste una excepción, remitiéndome al enlace que adjunto a continuación de un artículo para Coto de Pezca si alguien está interesado en saber las 5 pautas básicas para iniciarse en la pesca de inglesa.
Ahí os dejo, además, el correspondiente vídeo, que siempre se entenderá algo mejor que una mera descripción escrita.
Llevo muchos años practicando la pesca deportiva, pero
nunca he tenido una relación estrecha con las aves que suelen poblar los
lugares que visito, exceptuando la contemplación, más de una vez, de la
majestuosidad en el vuelo de águilas, buitres y varios tipos de aves acuáticas, por cierto, muchas de las cuales fuera de su hábitat natural, que solía ser el mar; pero en un corto lapso de tiempo he tenido varias anécdotas con estos seres alados, tiernas en
algún caso y crueles en otras, como la naturaleza misma. Así que, aprovechando
la última foto que me pude hacer con este polluelo de pato que se acercó a
nuestra barca, me permito aconsejaros que leáis este artículo en Coto
de Pezca dedicado a la interrelación entre aves y pescadores que de vez
en cuando nos ocurren: Historias de aves mientras pescas
Indagando y escudriñando en lo más recóndito de internet me he encontrado este magnífico y extraordinario vídeo -claro que puede que tanto elogio desmedido se deba a que es mío, ja, ja, ja...- de pesca de carpas a fondo con cebador, de muelle con elástico en este caso. Os recomiendo su visualización. Puede que no sea muy instructivo, aunque también puede que sí, pero creo que, y al fin y al cabo es de lo que se trata, resulta por lo menos entretenido. Además... te dejará, sin duda, los oídos pitando.
Una osadía,
sí. Algo exagerado... también, pero a modo de prueba, por una vez, hay que
reconocer que tiene su aliciente.
Intentar
llevar a cabo una jornada de pesca de
carpas utilizando las tres técnicas o modalidades más habituales en la
pesca de este ciprínido es, en
muchos aspectos, una demasía. Tienes que hacer tres cebaderos para atraer a los
mismos a los peces: en este caso, uno a 12 metros para pescar al coup con caña fija; otro a 25
para pescar a inglesa; y el último, para
la pesca a fondo, lanzando perpendicular
al panier, y lo más alejado posible de los anteriores para no desperdigar mucho
a las carpas cercanas, a unos 20 metros de la orilla. Sólo se
puede pescar con dos cañas a la vez (además la ley no permite otra cosa), por
lo que tenía que alternar inglesa y coup, teniendo siempre la caña de fondo
puesta con una alarma de las que se utilizan en carpfishing debido a que, si
prestas atención continua, como así debe ser, a las veletas de coup, unas
veces, y de inglesa, otras, no puedes controlar la de fondo, siendo el pitido
de la alarma lo que te avisará de la picada. Aun así, un par de veces casi
acaba la caña de fondo dentro del pantano arrastrada por una carpa, pero
también pude hacer un doblete, esta vez a inglesa y fondo, aunque la dificultad
de completarlo con dos peces tirando a la vez de sus respectivas cañas es
notable.
¿Se sacan
más carpas así que concentrándonos sólo en una técnica? No sé. Pero la cuestión
es que la prueba se saldó de forma positiva al sacar 4 carpas a inglesa, 9 al
coup y 8 a fondo, aunque esta última modalidad fue la vencedora, ya
que tuve clavadas 17 carpas, aunque 9 de ellas lograron zafarse del anzuelo.
Todo esto y más en el vídeo adjunto.
Años, y
muchos, han pasado desde que este modelo era nuevo, moderno y se hallaba en la
cúspide de las cañas de alta gama, si es que alguna vez lo fue; también los
mismos años hace que medía 13 metros, incluso 14,5
(con un tramo ya en desuso, aunque visto lo que pesa lo que queda de ella, el
que tuviera la fuerza suficiente para manejar esta mole con los 14,5 metros
habría que considerarlo casi un superhombre, ya que es tal su peso que yo, no
considerándome un tipo enclenque, si tuviera que pescar con toda su longitud
seguramente no podría ni presentarla, y, si así fuere, sólo podría pescar con
un único gusano de cebo, ya que el ínfimo peso que sumaríamos al añadirle otro
supondría, seguramente, que fuera arrastrado junto a ella al fondo del pantano).
Faltan dos carpas que huyeron antes de la foto y posterior suelta de sus congéneres
Así que, ya
se me vendió con 12,4 metros por los múltiples remiendos que llevaba a sus
robustas espaldas de carbono, y roturas varias acaecidas en estos tres años que
la poseo la han reducido a 12 -adjunto de nuevo vídeo de su
penúltimo percance-, pero... aguanta, aunque someterla a jornadas intensivas de
pesca, como esta última en el Pantano de
Alarcón, le van pasando factura, como así fue este lunes en el que saqué,
en 6 horas, 41 carpas royales que pesarían –no pesé- sobre los 55
kilos (la mayor sí: 2,5 kilos). Une una caña vieja a un
kit cortísimo, un elástico muy duro y un bajo del 0,20 para sujetar a estos
enérgicos ciprínidos, sobre todo en su arrancada inicial y, resultado de la ecuación:
la caña “casca” a la vez por el tercer tramo y la parte más gruesa del kit, llevándose
a éste último el pez a las profundidades del embalse y quedándome con cara de
gilipollas. ¡Mierda, cada vez me queda menos caña! –exclamé, aunque supongo, no
me acuerdo, pudiera ser, que la imprecación fuese más escatológica o rayana lo
blasfemo-. Eso sí, de inmediato lo que me embargó fue una sincera preocupación
por la incierta salud de la carpa con un trozo de caña colgado de su boca.
Espero que con el tiempo se deshaga del artefacto y prosiga una larga vida en
las aguas que la vieron nacer. Las cañas se pueden remplazar, pero la vida de
un pez, no. Captura y suelta.
He pensado
en añadirle un palo de escoba para aumentar la longitud de la caña, pero con lo
poco dotado que estoy para el bricolaje y las manualidades, y muestra de ello
es el vídeo adjunto, casi, que no.
Mi último artículo en Coto de Pezca versa sobre el relato de una jornada de pesca de carpas con enchufable variopinta, en la que se describe y, sobre todo muestra con el vídeo que se adjunta en el mismo, cómo no se debe arreglar una caña rota; aunque, también es cierto que, pese a la chapuza llevado a cabo por no meditar a tiempo sobre la manera más lógica de proceder en esta tesitura, la necesidad aguza el ingenio y con un apaño, que llamaremos así: "rocambolesco", se puede aprovechar la jornada e, incluso, hacer una gran pescata sin caer en el desánimo y abandonar por el infortunio sufrido a las primeras de cambio. Si os interesa el relato de esta peripecia y su consiguiente documento videográfico lo podréis ver y leer en el siguiente enlace:Carpas a enchufable, rotura de caña, arreglo chapucero y gran pescata.
Otra vez, o
como dicen por estos lares: “Vuelta la
borrica al trigo”, me propongo hacer una comparativa –no me canso de manifestar
que sui géneris, sin valor probatorio alguno, ni tendente a sentar cátedra ni
doctrina, sólo a modo de entretenimiento- entre pesca de carpas a coup con caña fija (9 metros en este caso) y pesca a inglesa. El escenario elegido,
como casi siempre, mi querido Pantano de
Alarcón, y para la primera técnica haciendo un cebadero a unos 12-13 metros
y para inglesa a 25.
Lo único incuestionable
en la pesca de ciprínidos en general, y de la carpa en particular, que tendrás
más facilidad la mayoría de las veces en lograr cebar a estos peces a más larga
distancia, siendo un poco más complicado hacerles comer más cerca de la orilla
debido a multitud de factores, sobre todo que es más fácil que las carpas
detecten antes al pescador, hábitos alimenticios, etcétera, aunque normalmente
la pesca más cercana se torna, en la mayoría de los casos si logras atraer ahí
a los peces, más precisa y efectiva.
Esta prueba
se saldó con la victoria del coup sobre la inglesa 16 a 10, pero señalando que
siempre le dedicas más tiempo a una que otra, y este fue el caso de la fija,
pero lo importante es que pasé una tarde agradable, pudiendo sacar 26 carpas (2
comunes, cosa raro en este escenario), que pesaron 39 kilos, lo que supone una
buena media de 1,5 kilos por captura. Tarde muy entretenida, con un solo “pero”,
y es que dejé la pesca en el momento que al coup pasaban sólo escasos segundos
antes de producirse la picada por irme a ver jugar a la selección española
contra Chile en el Mundial de Brasil, cosechando, como todos sabréis, una nueva
y bochornosa derrota 2-0 que nos mandó de regreso a casa –bueno, a mí no, a
ellos- eliminados de Brasil 2014. ¿Pero a quién se le ocurre? ¡Picando
los peces y me voy a ver el fútbol! ¡Nunca máis!
Competir
consigo mismo no es sinónimo de mucha sensatez y cordura, aunque he de advertir
que, por ahora, no estoy lelo, por lo menos en demasía, y lo que trato con este
vídeo explicativo de estas dos técnicas es hacer una comparativa nada
académica y cuyos resultados son muy cuestionables, más a modo de
entretenimiento que de desprestigiar una técnica u otra, es más, y si veis el
vídeo, en él comento que, y así revelo el resultado, que la superioridad en
este caso de la pesca a inglesa se debió en gran medida a que con ésta pesqué
con relativa finura, pudiendo centrar en el pesquil a las carpas, mientras que
pescando a fondo con cebador no tuve el día y la precisión necesaria para poder
hacer un cebadero para los ciprínidos, ya que no fui capaz de hacer
prácticamente ni un lance en el mismo punto espacial previsto de antemano. Por
tanto, lo que trato es sólo de disfrutar de dos técnicas que me gustan, sin
querer –cosa que sería por otra parte un sinsentido- aupar a una técnica sobre
otra en grado de efectividad. Ya sabemos todos que la superioridad de una forma
de pescar sobre otra se basa en muchos condicionantes: escenario, forma de
comer los peces y, muy importante, habilidad del pescador. Por eso gano yo de vez en cuando... porque me gano a mí mismo; eso sí, por lo menos no me hago trampas.
No importa
su imponente eslora, ni su velocidad de crucero, ni sus pequeñas o grandes
dimensiones, ni el material en que esté realizada; hay embarcaciones que tienen
un don –nadie sabe el por qué- para la pesca de un cierto tipo de depredador.
Esta gracia es la que posee la Julito l para la pesca de
luciopercas –acompañada, claro está, por el innegable conocimiento e intuición
de su patrón, Julio, para localizar a estos peces-. Es montarte en ella y
tienes la seguridad que tus señuelos serán atacados por los pércidos. También
se sacan “a lomos” de la misma otros
depredadores que pueblan nuestras aguas embalsadas, lucios y basses más concretamente,
pero es con la lucioperca con la que esta barquichuela muestra más
fehacientemente su innegable poder de atracción.
Y así fue,
que después de varios “bolos”
consecutivos en busca de los depredadores patrios –aunque ahora, después de
tantos años asentados en nuestras aguas resulta que son “exóticos”... ¡Manda
huevos!- pude concluir una mañanera jornada entretenida sacando luciopercas; no
muy grandes –entre algo menos del kilo y kilo y medio-, ni luchadoras, como
todo el mundo sabe, pero que me devolvieron de nuevo la fe en la pesca de
depredadores con sólo notar la sutil picada de unos pocos de estos pércidos en
mi caña.
Cuatro
pescadores afrontamos la jornada y cuatro sacamos peces. La Julito
l se impuso a la imponente Victoria 1934 (Alex y Alejandro eran sus
navegantes), pero debido a que esta última el don lo posee para el black-bass,
lo que atestigua la foto de Alejandro con un buen ejemplar de
esta especie sacado el pasado fin de semana en el que compartimos jornada, y en
la que yo me vine compuesto, sin captura y sin apenas señuelos. Además esta
mención se la debo, y pido públicas disculpas por ello, porque, y desgraciadamente,
no me acordé de darle al botón de “grabar” cuando filmaba –o eso creía yo en
ese momento- la captura del majestuoso bass que aparece en la foto.
El almuerzo,
a base de “huevada” y pisto, insuperable. Gracias María Rosa.
Cierto es
que la pesca de la carpa este año en el Pantano de Alarcón ha sido muy
agradecida conmigo, pero también cierto que ha sido muy difícil acercar a los
peces a la orilla. Un par de grandísimo días a enchufable, uno de ellos
memorable, pero era echar la caña de coup de 9 metros para
poder hacer algún documento videográfico del evento y me era totalmente
imposible cebar a los ciprínidos a tiro de la misma. Claro, que siempre me
llevaba la de inglesa, y en cuanto no tenía resultados probaba con ésta que era
la que este año nunca ha fallado. ¿Qué problema había? Seguramente de
insistencia, así que, y pese lo avanzado de las fechas para tentar a las carpas
en este pantano, ya que en el mismo abandonan la cercanía de las orillas muchísimo
antes que en otros escenarios, me propuse completar una jornada entera al coup
con este tipo de caña, así que solo me llevé a la misma para evitar caer de
nuevo en la tentación de “la inglesa”.
Así que,
acerté, ya que sin hacer una gran pescata sí conseguí el objetivo de grabar
esta modalidad de pesca, la cual ocupa en mi clasificación de esta actividad la segunda posición de mis preferencias, tras
la pesca
a inglesa y precediendo a la enchufable y la pesca a fondo con cebador
o feeder
agreste.
Resumiendo la
jornada: clavé 23 carpas, escapándoseme después de una enconada lucha 5 y rompiéndome
4 (las dos primeras el bajo del 0,18, lo que me hizo cambiar a bajos del mismo grosor
que la línea, es decir, 0,205, partiendo en este caso la línea debido, seguramente,
al estar más deteriorada por el tiempo que lleva montada y por haber llevado alguna
que otra jornada con el mismo aparejo), dado el empuje y la potencia de los
bichos y que el elástico era algo duro. De todos modos, objetivo cumplido: pude
pesar 14 royales (19 kilos) e inmortalizarlas en un, creo, digno vídeo, que es
de lo que se trataba.
Después del
varapalo terapéutico del domingo anterior, no era cosa de quedarse con el
regusto amargo de la exigua pescata –recordemos que 6 truchitas-, por lo que
para resarcirme me di un garbeo por Alarcón para probarun nuevo lugar y para intentar sacar algún
pez. Para asegurar pesco de nuevo a inglesa, ya que es sabido que los peces más
adentro se encuentran más tranquilos. No pasarían más de 10 minutos de cebado
el pesquil cuando veo la veleta hundirse, clavo y al otro extremo del sedal
empieza a tirar de forma furibunda algo que pensé que podría ser una carpa
descomunal. Pero no. Resulta que el freno del carrete estaba un tanto flojo, lo
que hacía que el ciprínido podía sacar hilo con bastante facilidad y con poco
esfuerzo, además de que mis sensaciones habían cambiado al haber tenido que
“luchar” el día anterior con enormes truchas de 250 a 300 gramos, lo que hizo
que al notar esta carpa –que pesaría sobre el kilo y medio- me diera la
sensación que era un atún de 250 kilos debido a la desproporcionada diferencia
entre la lucha que ofrecen estas respectivas especies y también, claro está, a
su notable diferencia de peso.
Así que,
como en el fútbol, después de una mala jornada rápidamente llega otra en la que
desquitarse. Jornada de ciprínidos a inglesa muy entretenida, ya que en apenas
3,5 horas pude clavar 18 carpas, aunque sólo pude capturar 13. No sé porqué en
esta zona están más fuertes que en otras, llegando la última a partirme la
línea por encima del plomeado (seguramente por algún roce anterior del sedal),
lo que hizo que mi querida veleta quedara a la deriva arrastrada por el oleaje,
seguramente ya cerca de los regadíos de Levante.
* Además, aprovechando esta crónica sobre pesca a inglesa, ahí os dejo mi último vídeo pescando con esta técnica. Se trata de PICADAS espectaculares producidas por las carpas de Alarcón.
Como no sólo
de pescar
a inglesa vive el sufrido pescador de ciprínidos, y pese al notable
éxito que en mis últimas jornadas me acompaña utilizando esta técnica, además
de mi clara preferencia por este tipo de pesca, decidí este miércoles 14 deAgosto probar con la enchufable en el mismo lugar de mis
últimas jornadas, aunque lo cierto era que dudaba mucho que a esta distancia y
en este escenario se me pudieran cebar las carpas.
Después de
preparar todo el tinglado de “trastos” que conlleva esta pesca puedo cebar el
pesquil a las 16:45, no siendo hasta casi media hora después que podré situar
la caña en acción de pesca. Y… ¡Sorpresa mayúscula! No pasarían dos minutos
cuando tengo la primera picada. Mi intención era hacer un vídeo, aunque no me
fiaba de ponerlo a grabar dada la escasa duración de la batería, por lo que
vuelto a meter la caña por si la primera picada era la excepción a la tarde.
No. Al poco… otra. Presiento que ya se han cebado y me pongo a grabar, así que
la siguiente hora y media fue un trasiego de capturas, pérdida de peces y
cambios continuos de posición de la cámara para intentar captar la pesca con
este tipo de caña desde diferentes perspectivas. ¡Vamos, un sin vivir!
Ya terminado
el rodaje, allá sobre las 19:00, me pude centrar únicamente en la pesca, aunque
ya a esa hora llevaba 11 royales pese a la gran pérdida de tiempo que supone la
cámara. A partir de este momento y hasta las 21:00 que di por concluida la
jornada pude sacar 20 más, lo que hizo un total de 31 carpas que pesaron 39
kilos. Tarde muy, muy bien aprovechada.
*Nota: para mis amigos de la Puebla
de Almoradiel que piensan que saco más peces que ellos por el engodo,
al inicio del vídeo que acompaña a esta crónica desvelaré el “secreto” de mi engodo milagroso, aunque
seguramente se lleven una decepción porque no hay ningún aditivo mágico que
acerque a las carpas a mi puesto a comer. Quizá sí haya uno, pero no se puede
comprar, y se llama “suerte”, que es
la base primordial para que malos pescadores como yo puedan hacer razonables
pescatas, incluso cercanas a las de algún profesional que se tiene en demasiada
alta estima.
En ocho
días, de lunes a lunes, he concadenado tres tardes de pesca de la carpa a
inglesa. El primer día, lunes 5 de
Agosto, pesco durante unas 3,5 horas en una zona del pantano
donde los amigos de La Puebla de Almoradiel habían hecho un concurso el día
anterior. Resultado: 29 carpas clavadas y 23 sacadas (26 kilos). Ellos, entre
16 pescadores, sólo fueron capaces de sacar 3 de estos ciprínidos. ¿Por qué
esta diferencia? ¿Soy yo un extraordinario pescador y ellos muy malos? No,
incluso me atrevería a afirmar todo lo contrario, pero es que en este pantano,
y con estos peces acostumbrados a la tranquilidad, la congregación de tal
número de pescadores, con el ruido que esto conlleva, unido al estrépito ocasionado
por la ingente cantidad de engodo echado a las aguas al unísono, hacen que los
peces se alejen despavoridos de la orilla. Si cualquiera con unas nociones
básicas de pesca va al día siguiente solo, con todo un escenario cebado para sí,
realizará, casi seguro, una gran pescata.
Segundo día: común de 2,5 kg
Segundo día: viernes
7 de Agosto. Acompañado por Anastasio y Sergio. No sé si porque
tres pescadores hacen más ruido, porque alejé unos metros el lugar donde iba a
pescar y el fondo era menos regular –lo que noté al resultarme más difícil
buscar la profundidad- o porque ese día los peces estaban menos activos… el
caso es que las picadas fueron muy escasas pese a que la jornada fue la más
larga (7 horas), con diferencia, de
las tres, pudiendo clavar 7 peces sacando sólo 5, aunque una de las
carpas fue una común –pese a su
nombre, rara en este pantano- que representó mi récord personal de esta especie
en este escenario (2,5 kg).
Tercer día: pequeña común albina: escasísimas.
Tercer día: lunes
12 de Agosto. Mismo lugar, solo, misma técnica, aunque esta vez me vengo a
2 metros más cerca de la orilla donde sé fehacientemente que el fondo es más uniforme.
Pesco durante 4,5 horas. No pasarían
5 minutos de echado el engodo cuando comienzo a tener las primeras picadas. Al
final, 28 carpas clavadas y 21 sacadas (28 kilos).
¿Qué influye
más? El poco ruido, un fondo uniforme libre de obstáculos, la actividad de los
peces. Difícil cuestión.