Cuando me las prometía muy felices. Cuando pensaba batir mi record de barbos pescados en una jornada. Cuando creía que, por fin, me iba a congraciar con la pesca del barbo con ova, ocurrió lo que suele ocurrir en estos casos, que todo se torció y, pese a que en la primera hora de la tarde logré sacar 3 hermosos barbos, lo que presagiaba un rotundo éxito, las tres siguientes se me fueron entre roturas de aparejos, enganches y ver como derivaba la pobre veleta sin esperanza alguna en que fuera hundida por la feroz picada de uno de estos ciprínidos patrios.
No sé si fue por cambiar de veleta -una de 8 gramos por otra de 6, debido a la pérdida de la primera- o, lo más probable, que el barbo, pasada la hora de cierta actividad, le dio por sestear viendo al "merluzo" de la caña lanzando una vez y otra su aparejo a las turbias aguas del Tajo. No sé, pero lo positivo de la jornada es que, ponga bien o mal el cordón de ova del Ciguëla, a los barbos les gusta. Otra cosa es que se la coman cuando "les sale a ellos de los huevos". Y contra esto no hay quien luche.
Pero, viendo que voy progresando en el dominio de esta modalidad de pesca, y que los resultados, aunque no extraordinarios, van siendo positivos...me hace ser optimista para próximas jornadas de pesca de este ciprínido y prometo volver a intentar su captura.
jueves, 29 de marzo de 2012
miércoles, 28 de marzo de 2012
Odio la pesca con ova
Quizás la aseveración del título de esta entrada sea un poco desmedida e injusta, pero he de reconocer que en ciertas jornadas de pesca de barbos a la pasada con ova, entre las que se incluye esta última, le he llegado a coger algo de tirria a esta modalidad de pesca.
Y, ¿por qué? Pues, y teniendo en cuenta lo que me gusta pescar a nuestro insigne ciprínido ibérico, he de confesar que en gran medida por desconocimiento y falta de habilidad de esta técnica, lo que me lleva a la desesperación al pensar constantemente, ante la falta de picadas: si la ova es mala o si ni siquiera sea tal, si la profundidad no es la correcta, si el plomeado de la veleta es escaso o excesivo, si no pongo correctamente el cordón de cebo verdoso...Un sinnúmero de dudas que hacen que piense continuamente en abandonar el río y no volver jamás a tentar a nuestro querido barbo.
Pero, como dicen: "siempre que llueve... escampa", y así me pasó ayer, que, por tercera vez en dos meses intenté, yo sólo, sin ayuda ni asesoramiento de nadie, sacar barbos con mi "odiado" cebo: la ova.
Como ya he apuntado, y después de dos infructuosas jornadas de pesca en estos pasados meses -eso sí, ambas cortas debido a mi rendición más absoluta ante la falta de picadas- y animado por las informaciones de Adolfo que me indica que el sábado sacó 18 peces, me propongo intentar otra vez la pesca de nuestro ciprínido autóctono..."con ova".
Mi llegada al río Tajo se produce a las 16:00 horas. La corriente es moderada, idónea para una veleta de 6 a 8 gramos para que derive correctamente. Pero, ¿y la ova? ¿Será buena? ¿Será ova? ¿Va bien montada en el anzuelo? ¡Dudas, dudas, dudas! En un mar de incertidumbres me hallaba, habiéndose hundido la veleta en varias ocasiones sin saber discernir la mayoría de veces si era picada o enganche, cuando... aproximadamente a las 17:45, y el desánimo hacía ya mella en mí, y me planteaba abandonar definitivamente este tipo de pesca, al ir a recoger la veleta que derivaba a unos 60 metros de donde me encontraba: ¡Vualá! Noto que traigo algo y ese algo empieza a tirar de la caña, saca hilo, suena el carrete...¡Milagro! Tengo un barbo. Poco a poco me voy haciendo con él. Lo saco. Foto de rigor. Y al agua de nuevo. Me digo: bueno, no he visto la picada, pero por lo menos tengo la seguridad que lo que llevo puesto en el anzuelo, sea lo que sea, les gusta a los peces.
Lanzo de nuevo e, inmediatamente, otra picada. Esta vez sí veo hundirse la boya violentamente. Levanto la caña raudo y, ahora sí, clavo al pez. Éste tira con la potencia propia de su género y especie y, después de unos segundos de lucha y debido a que el sedal se me ha enganchado en el puntal de la caña, lo que hace que el freno no entre en acción para mitigar la fuerza del bicho, me rompe el hilo y escapa, supongo que feliz -más que yo os puedo asegurar que sí.
Un par de lamentos, preceptivos para todo pescador después de la pérdida de una buena captura, y a seguir, renovada la fe en esta modalidad de pesca.
Un rato más y otra picada. Clavo de nuevo, tiro y...enganche. Dejo la caña en el suelo. Cojo el sedal con la mano. Tiro del mismo para intentar desenganchar el anzuelo y en este momento noto la tensión de algo moviéndose al otro extremo del hilo. ¡Será posible! ¡Un pez! -exclamo-. Cojo la caña rápidamente, tiro de ella y noto que traigo un peso muerto, así que pienso que es una rama o un tronco como ya me ha pasado en otras ocasiones, por lo que, y debido a la ligereza de la caña, me veo obligado a volver a tirar del sedal con la mano y cuando ya queda a mi vista el objeto trabado en mi anzuelo...¡Joder, un barbo! Venía pillado "al robo" de una aleta lo que le imposibilitaba para poder nadar y de ahí mi equívoco. Pero, aunque escaso disfrute en cuanto a su captura, pude tener en mis manos otro objeto de mi deseo de pescador.
Después de varias picadas más -o enganches, quién sabe- esta vez sí: a unos 50 metros...picada. Clavo. Bonita lucha. Y tercer "barbus barbus" de la tarde.
Tendré que repetir. Por lo menos ya sé que la cosa verde que cojo en el río Cigüela es ova o, si no lo es, los peces se la comen, aunque menos de lo que yo querría.
Y, ¿por qué? Pues, y teniendo en cuenta lo que me gusta pescar a nuestro insigne ciprínido ibérico, he de confesar que en gran medida por desconocimiento y falta de habilidad de esta técnica, lo que me lleva a la desesperación al pensar constantemente, ante la falta de picadas: si la ova es mala o si ni siquiera sea tal, si la profundidad no es la correcta, si el plomeado de la veleta es escaso o excesivo, si no pongo correctamente el cordón de cebo verdoso...Un sinnúmero de dudas que hacen que piense continuamente en abandonar el río y no volver jamás a tentar a nuestro querido barbo.
Pero, como dicen: "siempre que llueve... escampa", y así me pasó ayer, que, por tercera vez en dos meses intenté, yo sólo, sin ayuda ni asesoramiento de nadie, sacar barbos con mi "odiado" cebo: la ova.
Como ya he apuntado, y después de dos infructuosas jornadas de pesca en estos pasados meses -eso sí, ambas cortas debido a mi rendición más absoluta ante la falta de picadas- y animado por las informaciones de Adolfo que me indica que el sábado sacó 18 peces, me propongo intentar otra vez la pesca de nuestro ciprínido autóctono..."con ova".
Mi llegada al río Tajo se produce a las 16:00 horas. La corriente es moderada, idónea para una veleta de 6 a 8 gramos para que derive correctamente. Pero, ¿y la ova? ¿Será buena? ¿Será ova? ¿Va bien montada en el anzuelo? ¡Dudas, dudas, dudas! En un mar de incertidumbres me hallaba, habiéndose hundido la veleta en varias ocasiones sin saber discernir la mayoría de veces si era picada o enganche, cuando... aproximadamente a las 17:45, y el desánimo hacía ya mella en mí, y me planteaba abandonar definitivamente este tipo de pesca, al ir a recoger la veleta que derivaba a unos 60 metros de donde me encontraba: ¡Vualá! Noto que traigo algo y ese algo empieza a tirar de la caña, saca hilo, suena el carrete...¡Milagro! Tengo un barbo. Poco a poco me voy haciendo con él. Lo saco. Foto de rigor. Y al agua de nuevo. Me digo: bueno, no he visto la picada, pero por lo menos tengo la seguridad que lo que llevo puesto en el anzuelo, sea lo que sea, les gusta a los peces.
Lanzo de nuevo e, inmediatamente, otra picada. Esta vez sí veo hundirse la boya violentamente. Levanto la caña raudo y, ahora sí, clavo al pez. Éste tira con la potencia propia de su género y especie y, después de unos segundos de lucha y debido a que el sedal se me ha enganchado en el puntal de la caña, lo que hace que el freno no entre en acción para mitigar la fuerza del bicho, me rompe el hilo y escapa, supongo que feliz -más que yo os puedo asegurar que sí.
Un par de lamentos, preceptivos para todo pescador después de la pérdida de una buena captura, y a seguir, renovada la fe en esta modalidad de pesca.
Un rato más y otra picada. Clavo de nuevo, tiro y...enganche. Dejo la caña en el suelo. Cojo el sedal con la mano. Tiro del mismo para intentar desenganchar el anzuelo y en este momento noto la tensión de algo moviéndose al otro extremo del hilo. ¡Será posible! ¡Un pez! -exclamo-. Cojo la caña rápidamente, tiro de ella y noto que traigo un peso muerto, así que pienso que es una rama o un tronco como ya me ha pasado en otras ocasiones, por lo que, y debido a la ligereza de la caña, me veo obligado a volver a tirar del sedal con la mano y cuando ya queda a mi vista el objeto trabado en mi anzuelo...¡Joder, un barbo! Venía pillado "al robo" de una aleta lo que le imposibilitaba para poder nadar y de ahí mi equívoco. Pero, aunque escaso disfrute en cuanto a su captura, pude tener en mis manos otro objeto de mi deseo de pescador.
Después de varias picadas más -o enganches, quién sabe- esta vez sí: a unos 50 metros...picada. Clavo. Bonita lucha. Y tercer "barbus barbus" de la tarde.
Tendré que repetir. Por lo menos ya sé que la cosa verde que cojo en el río Cigüela es ova o, si no lo es, los peces se la comen, aunque menos de lo que yo querría.
domingo, 18 de marzo de 2012
Canal de Castrejón. Primera visita y quizás…
| "Extraordinaria pescata" Diez gatos diez |
Después de meses preparando, preguntando, informándome… llegó el día de pescar en el famoso –totalmente desconocido para mí hasta hace apenas dos meses- Canal de Castrejón.
La impresión inicial que me produce la visión de este escenario no es del todo favorable. Es más, ver el agua tan sucia, casi descompuesta, la corriente con la que deriva el agua en el canal –aunque con ésta ya contaba- y la pronunciada pendiente en la que había que, casi colgar, el panier con la simple sujeción de dos trozos de hierro anclados al cemento, podrían desalentar al más valiente de los pescadores, o al más pusilánime, según se mire. Pero, haciendo de tripas corazón, y teniendo en cuenta el largo viaje hecho hasta este lugar y el ansia de poder sacar de estas oscuras aguas algún pez que acrecentara mi vanidad de pescador multidisciplinar y así ganar experiencia para el próximo regional de 2ª División, el cual después de este día veo cada vez más lejano, pudieron más que mi miedo cerval a caerme al agua y acabar en la desembocadura del Atlántico, me armé de valor y con extremo tiento y “más miedo que once viejas” fui montando mi puesto de pesca, preparando engodos, cebos y aparejos varios.
| Dos "descomunales" piezas de pez-gato. |
La pesca, cómo no, y en este caso según lo esperado, se mostró remisa a entrar a mi pesquil y, por ende, al de mis compañeros de viaje. Además, la falta de experiencia en pescar con enchufable en corriente, y pese al esfuerzo didáctico de muchos amigos foreros que me han dado múltiples y valiosos consejos sobre la forma de pescar este escenario, hicieron que cometiera fallo tras fallo, como el pensar que a 13 metros se pescaba en el cauce del canal, por lo que creyendo pescar en zona plana, lo que hacía era pescar en plena pendiente –cosa que supimos a posteriori por informaciones de pescadores locales- lo que hizo que tanto el sondeo de la profundidad, el lugar donde debía echarse el engodo y tantas otras cosas que se supeditan al suelo donde posar el cebo, al estar confundido respecto a su forma, hicieron que en toda la jornada no fuera capaz de hacer un cebado uniforme en el lugar donde colocaba la veleta y que el fondo nunca fuera el idóneo, no siendo capaz de posar el cebo ni con una veleta de 10 gramos, pese a que la corriente era moderada. De todos modos, y más por casualidad que por pericia, logré, en ciertos momentos de la jornada, poder hacer una presentación adecuada con una “piruleta” de 12 gramos, con lo que logré la “increíble” cifra de 10 peces-gato, que, teniendo en cuenta el mal inicio del día, y pese a ser una pescata que cualquier pescador aventajado calificaría, y no sin razón, de irrisoria, me dejaron una sensación de poder hacer algo más practicando con más asiduidad en este escenario, al tener ya sí, de forma cierta, una clara composición del escenario.
| Los cuatro componentes del Club Fishing Carp de Honrubia. |
Así que, la experiencia la calificaría de agri-dulce, quedándome una sensación de creciente duda sobre mi participación en el próximo regional, no ya por intentar la clasificación, cosa que estimo de ardua dificultad, por no decir de profunda imposibidad, sino simplemente por no saber si seré capaz de sacar más allá de estos tristes diez “gatitos” en el concurso.
De todos modos, y pese a todo, el día fue animado al compartirlo con otros miembros, tan bisoños en este escenario como yo, del club honrubiano; el almuerzo y la comida abundante y sabroso; el conocimiento de un nuevo lugar de pesca; y el poco o mucho conocimiento que cada uno haya logrado asimilar. Por tanto, cosas positivas y otras tantas negativas, aunque nos quedaremos con las primeras y consideraremos la jornada, por lo menos, como provechosa.
Apuntar solamente que el día no fue muy propicio para la pesca, debido en gran medida al fuerte viento reinante, lo que, en algún momento, hizo que pudiera más éste que la corriente, tirándonos las cañas en múltiples ocasiones e incluso rompiéndose, por el mismo, el tramo de una caña de un compañero, lo que pudo influir también en las pocas capturas conseguidas –sólo dos carpas entre los cuatro y unos 50 peces-gato- aunque achaco más este pobre resultado a la inadecuada forma de pescar en este canal.
De todos modos, y lamentando que sus enseñanzas –como ya advertí de antemano- no hayan sido mejor aprovechadas por mí, agradezco a todos los amigos pescadores todas las aportaciones que me han hecho para poder pescar este “inhóspito” lugar toledano. Si vuelvo…espero mejorar, aunque nunca se sabe.
lunes, 5 de marzo de 2012
IBERIAN MASTER 2012
| Josan, Rafaelo y Julius |
Este pasado sábado, día 3 de Marzo, estuvimos viendo este prestigioso concurso de pesca, celebrado en el río Júcar a su paso por el pueblo valenciano de Fortaleny, los afamadísimos mundialmente: Rafaelo (Campione del pescatore in Honrubia); Tío Julio (Campeao do mundo de pesca automática truta); y yo, Josan (especialista y único practicante de fishing carp Agreste).
Gran espectáculo, sin duda alguna, para los aficionados a esta pesca. Extraordinario escenario y nutrida representación de las mejores cañas de Europa -salvo puntuales y notables ausencias, como la de los campeones: Jean Desqué, Curro…y alguno más, como: Rafaelo, Chema, Julico y yo mismo que, por unos motivos u otros, a esta edición nos ha sido imposible asistir como participantes. El año que viene será, y si no…al otro.
Particularmente me gustó mucho el espectáculo, el ambiente, la interrelación y el conocimiento de gentes muy interesantes, conocidas sólo a través de las muchas vías que te ofrece internet, pero que asistiendo a estos eventos es la única forma de ponerles cara.
Respecto a la pesca en sí, y obviando las clasificaciones, campeones, y otra serie de cuestiones ampliamente difundidas en la red, y por tanto innecesaria su repetición, me quedo con la sensación, casi certeza subjetiva, que esto poco tiene que ver con la verdadera afición a la pesca, que se basa, creo suponer, en pasarte un rato agradable con tus amigos sacando peces. Estos campeonatos se convierten, para la mayoría de los participantes, en un oficio, pudiendo llevar a cabo el mismo gracias a la ayuda de patrocinadores, lo que hace que estos mismos pescadores, con dedicación exclusiva a este trabajo, puedan avanzar en conocimiento de técnicas, materiales, etc. y así poder encaramarse a los primeros puestos de las clasificaciones. Algunos pescadores aficionados piensan, creo que erróneamente, que las habilidades de esta pléyade de pescadores es debida a un don que algún dios ha depositado en ellos y, partiendo de la base que no todo el mundo estamos dotados de las mismas capacidades, estimo apropiado afirmar que la disponibilidad temporal, capacidad económica, acceso casi ilimitado y gratuito –fundamental- al mejor material, es lo que hace la diferencia entre un pescador “profesional” y un aficionado. Pero dicho esto, y sabiendo que los resultados serían desastrosos, me voy con la envidia sana de haber podido, siquiera un día, poder pescar junto a estos agraciados pescadores que tienen la suerte de vivir –por supuesto que no en todos los casos- de lo que realmente les gusta. Además, claro está, también me hubiera gustado sacar algún pez…aunque hubiera sido pequeño.
Si alguna marca de prestigio está interesada en que el único practicante del fishing carp Agreste publicite su material, y así desarrollemos conjuntamente esta nueva técnica de pesca, que seguramente será la más practicada en un futuro próximo, se puede poner en contacto conmigo, para lo cual adjunto mi número de teléfono: 699-58744498-5
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