lunes, 27 de agosto de 2012

4º Concurso Coto La Torre 2012


Campeón: Javi con el jamón.
Este domingo hemos llevado a cabo el 4º concurso de la regularidad en el coto La Torre. Inmediatamente de darse la salida (7:45 A.M.), la presa situada en la parte superior del coto tuvo a bien -inducida por la mano del hombre, claro está, pues hasta ahora, que sepamos, y mira que pasan cosas raras en el coto La Torre, esta vetusta presa no tiene vida propia- cerrar en parte sus compuertas, y dejó a nuestro pobre y maltratado Júcar con muy escaso caudal donde las truchas hicieran lo que se espera de ellas en un intensivo, es decir, atacar sin mesura a cualquier señuelo o cebo que apareciese por su campo visual o fuera detectado por su línea lateral. Así que, y debido a esta repentina bajada de nivel y caudal de las aguas, la actividad de los salmónidos no fue la deseada, quedando en el río gran cantidad de truchas, entre ellas bastantes de buen porte –algunas rozando, probablemente, los dos kilos-. Aunque esto no fue obstáculo para que los buenos pescadores que en el concurso hay realizaran pescatas de mérito, aunque menos, como apunto, de lo que habrían hecho si el río bajara con su caudal sin  restringir.

Carlos: 2º
En el plano personal: mal. Cada vez pesco peor las truchas. ¿Y por qué? ¿Estaré embruteciendo mi técnica de pesca de salmónidos por mi dedicación más exclusiva a los ciprínidos? ¿O será al revés, que necesitando una técnica más depurada para sacar estos últimos hace que me olvide de la rudimentaria forma de pescar a las truchas? ¡No lo sé! El caso es que, conforme noto el avance con las carpas y sus congéneres, también noto el retroceso con la arcoíris.

Lo más anecdótico y reseñable de la jornada fueron dos hechos acaecidos con sendas truchas “gordas”:

-          El primero: estando el amigo León Valera, y según relato del mismo, intentando sacar alguna arcoíris en la tabla de arriba, pescando con veleta, vio como una hermosa trucha surgía violentamente del agua y atacaba su boya, y creyendo éste que se la había tragado pegó un tirón tan violento a la caña que hizo que su anzuelo se clavara en la cola del pez, teniéndolo prendido un buen rato, pero no pudiendo cobrarlo al no llegar el gancho que tiene habilitado para las capturas de grandes piezas hasta su objetivo, desprendiéndose la gran trucha del anzuelo que la sujetaba, y emprendiendo la misma una feliz huida lejos de su cariacontecido captor.

-          El segundo: hallándome yo con una desgana sin igual, y sólo pensando en el término del concurso para dar inicio al suculento almuerzo, y haciendo pasar el tiempo en amigable charla con los compañeros, en éstas que me encontraba con Rafa Martínez –el jugador de baloncesto no, el de la colada-, el cual estaba tentando a una gran trucha, que vagueaba con notable desidia en superficie, con un gusano de la miel con técnica de buldó. Yo hacía de espectador, y en esto la trucha picó desganadamente al gusano, lo que provocó que el intento por parte de Rafa de clavar fuera infructuoso, no notando el gordo salmónido ni un ligero pinchazo. Esto provocó en mí el instinto depredador que todo pescador llevamos dentro, e inconscientemente lancé mi cucharilla hacia la arcoíris, picándome ésta hasta dos veces sin poder clavar en ninguna de las ocasiones. Un poco después, y jurándome Rafa venganza eterna –más de cachondeo que en serio- por el infortunado suceso de intentar desposeerlo de su pieza, y utilizando la misma técnica, sí logró prender al salmónido, pero después de unos segundos de lucha éste se soltó. Más tarde, en la entrega de trofeos, a Rafa le correspondió el jamón por ocupar la 13ª posición, el cual no hubiera conseguido si hubiera cobrado al hermoso pez protagonista de este relato, y que yo, en cierto modo, contribuí a que no pudiera pescar. Así se lo recordé al amigo Rafa, retirándome éste, o eso espero, la venganza prometida.

Patiño: 3º
Al final, sólo pude sacar 6 truchas que ni me fijé en lo que pesaban. Sólo tenía ojos para la barbacoa por el hambre que arrastraba. Supongo que ocuparía del puesto 12º para abajo.

Merecido ganador: Francisco Javier Díaz Pasaron, Javi para los amigos, extraordinario pescador –sólo mencionar que fue 4º en el Campeonato de España con cola de rata- y que, si no mal recuerdo, sólo ha participado en dos concursos con esta sociedad, logrando un primer y segundo puesto en cada una de sus participaciones; segundo: Carlos Blanco, creo que con 21 piezas, empatado con el primero; tercero: Patiño; cuarto: Fernando Molinero; quinto: Alberto Benita; y sexto: Carlos López. Para terminar sólo destacar que el único valiente que pescó a cola de rata fue Miguel Visier, sacando 5 peces y perdiendo otros tanto; y que la única trucha “gorda” la capturó Fernando Molinero.

4º Fernando
5º Benita
6º Carlos
Y, ¡por fin! La barbacoa. Ahí sí que ocupé un lugar destacado en el pódium. ¡Qué hambre! Y qué buena estaba. Forro, chistorra, hamburguesas artesanas de Carnicería Jesús, morcillas, salchichas y contramuslos de pollo. ¡Qué maravilla! ¡Viva el colesterol! Después de almorzar me volvieron las ganas de pescar… pero ya no me dejaron.
Representación de la sanidad: Carlos con el queso al 2º y Rafa:
jamón para el puesto 13º
 

martes, 21 de agosto de 2012

Puerto de Vallehermoso


Sí. Así es como verdaderamente se llama este embalse manchego sito en la Mancha ciudalearreña. Y sigue siendo una maravilla pescar en él por la abundancia de pesca en sus aguas.

Tío Julio con una royal. Minoritarias en este embalse.
Esta vez me acompaña en esta nueva jornada de pesca mi amigo Jose (Tío Julio), pescador neófito en la pesca de carpas u otros peces con veleta, excepto alguna que otra, pocas, eso sí, truchas en cotos intensivos. Le preparo una caña de 3,5 metros que el susodicho posee y usa para la trucha, con una veleta de 4 gramos para que pueda lanzar con comodidad, aunque posteriormente se la cambio por una de un gramo ante la dificultad que tenía para detectar las picadas debido, en parte, a la gran cantidad de carpitas –llegué a sacar alguna de apenas 12 centímetros-. Lo asesoro para que pesque a 4 metros de la orilla, asegurándole que le entrarían a esta distancia. Y así fue, que al poco de echarle unas bolas de engodo y unos puñados de maíz le empezaron a picar incesantemente, aunque no era capaz de clavar ni una quinta parte de las picadas que tenía, cosa que en muchos momentos del día me pasaba a mí también pese a la supuesta mayor sofisticación e idoneidad de mi equipo para este tipo de pesca: caña enchufable.

Yo, por mi parte, cebando a 5 y 11 metros y combinando ambas distancias, voy sacando carpas pequeñas con la enchufable, a buen ritmo algunas veces, y no tanto en otras, pero no porque los ciprínidos dejasen de picar, sino por la dificultad en clavar a los peces, aunque prácticamente todas las picadas las consigo a 11 metros, no llegándose a cebar más cercanas a la orilla, todo lo contrario que al Tío Julio que, a escasos 4 metros, no para de tener picadas, sacando bastantes carpas, varias de las cuales superan el kilo y medio de peso.

Así estaba la cosa, y después de comer, sobre las 15:30, con un sol abrasador, apenas aire que refrescara el ambiente, con una temperatura que superaba al sol, de largo, los 40 grados, y después de meternos “pal” cuerpo entre los dos un tortillón de 8 estupendos huevos de corral –puede que récord personal de comer tortilla-, más ensalada de tomate, pepino y caballa, con más ganas de echarnos una siesta que de otra cosa… reiniciamos la pesca. Yo empiezo un poco antes, y más por pereza y falta de fuerzas después de la opípara y pantagruélica comida que por otra cosa, me pongo a pescar a 5 metros, sucediéndose las picadas continuamente, con la diferencia sobre el resto de la mañana que todo eran carpas grandes (uno a dos kilos), pero que me rompían prácticamente todas, seguramente porque la goma que montaba la caña no era la idónea para sujetar la potente embestida de estos ciprínidos. Ello me obligó a montar, otra vez en este embalse, una caña de inglesa con veleta de coup, para así poder pescar con garantía de éxito a estos fuertes peces. Y así fue, que a base de inglesa y freno de carrete, en una hora escasa, prácticamente lo que tardaba en sacarlas, pude cobrar otras 9 ó 10 buenas piezas en forma de carpa común –mayoritaria en este embalse-. Mientras, el Tío Julio, aunque le tardaron un poco más que a mí, en este lapso de tiempo ya se había hecho con otras 3 buenas comunes.

Tío Julio en plena faena.
Pero, como todo en la vida… lo bueno dura poco, y sobre las 16:30, así, como de la nada, de golpe y porrazo, de sopetón, apareció por nuestra zona una miríada o avalancha de pescadores -muchos de ellos poco avezados en el noble arte de la pesca, cosa que noté, quizá equivocadamente, porque alguno a los percasoles llamaba carpa, y cuando sacaban una de éstas otros preguntaban si mordían; y juro por todos los dioses del Olimpo que no es cachondeo-. Eran, sin exagerar, más de una veintena contando niños, jóvenes, mayores, familiares, agregados, etc… con sus cañas cascabeleras, sus macetas para clavar los pinchos para sujetar las mismas, sus pisadas y jolgorio típico de una tarde veraniega de fiesta en familia, vamos una romería en toda regla, que hicieron que los peces abandonaran la cercana orilla con una celeridad que no se le ha visto ni en sus mejores carreras a Usain Bolt. El más perjudicado fue el Tío Julio, más cercano a ellos y pescando más cerca de la orilla que, hasta las 18:45 en que tuvimos que recoger, sólo tuvo 3 ó 4 picadas más, mientras que yo, y ya pescando sólo a 11 metros, donde alguna carpa quedó comiendo, en algo más de dos horas pude sacar otros 8 ó 9 peces.

Pero, pese a este pequeño inconveniente, el día, como casi siempre en este pequeño embalse, habría que calificarlo de excelente. El Tío Julio batió, de largo, su récord de capturas de carpa en una jornada, el cual estaría sobre las 4 piezas, haciendo una pescata de 30 carpas, 11 de las cuales superaban holgadamente el kilo. Yo, por mi parte, pesé 40 kilos –aunque vuelvo a insistir en lo engorroso de guardar y pesar los peces-, repartidos en 80 carpas (18 “gordas”), 5 peces-gato y un gardón.

Lo más reseñable: ¡la tortilla! Se me olvidó hacerle una foto. Ya es tarde.

jueves, 16 de agosto de 2012

La suerte del pescador


En este difícil mundo de la pesca hay un factor, siempre impredecible, que puede hacer que, tanto en competición, como por libre, los resultados sean mejores para un pescador que para otro; y este factor no es otro que: la suerte, la fortuna, el sino, o como queramos llamar al hecho ilógico que hace que en las mismas o parecidas circunstancias un pescador saque más pesca que otro. ¿Qué ocurre? Que ésta hay que buscarla, y es sintomático que siempre les favorezca a los mismos pescadores. ¿Por qué? Porque algún conocimiento o alguna habilidad añadida aportan al factor suerte para superar a sus compañeros de jornada, o a sus rivales de competición.

Y esto es lo que pasó ayer en el “Cerro Julico”, donde estuvimos pasando la tarde el pescador con cuyo nombre ha sido bautizado este extraordinario lugar de pesca: Julio y quien esto escribe.

Julio con una de sus luciopercas
La tarde se presentaba magnífica para la pesca de depredadores. Temperatura algo superior a los 30 grados centígrados, y ligero vientecillo que, a la vez que refrescaba el ambiente, encrespaba un tanto la superficie del agua del pantano, lo que hacía –según los expertos- que los peces recelaran menos de nuestros engaños en forma de vinilos. Iniciamos la pesca sobre las 17:30 y en mi segundo lance… picada y un bonito y luchador luciete de alrededor de un kilo. Julio, lanzando a mi lado, en los siguientes 4 ó 5 lances consiguió otros dos lucios, el segundo cercano a los dos kilos. La tarde no podía empezar mejor, y auguraba una jornada plena de picadas y capturas. Pero, lamentablemente, no fue así para mí, ya que, hasta las 21:15 en que dimos por concluida la jornada vespertina, sólo tuve una picada más, y fue en la caída del vinilo, lo que provocó mi tardía reacción y el no poder clavar al esócido, que tal era el pez que picó, comprobado posteriormente al sacar el mega-vinilo grauvell color verde casi totalmente cercenado por los afilados dientes del depredador.

Goso intentando cobrar al esócido.
Mientras, Julio me iba comentando: “voy a poner el pez color naranja que tanto le gusta a Goso”. Picada… y una lucioperca. “¡Uy! En esta zona hay mucha piedra y se pueden perder muchos señuelos. Voy a poner éste que está muy viejo y deteriorado”. Picada… y otra lucioperca. “Voy a probar este verdecillo”. Picada… un lucio. Al final no pudimos discernir el color del señuelo más efectivo, ya que pusiera el que pusiese, o tenía picada o sacaba pez. ¿Suerte? Julio en su modestia lo achacaba a este factor, que algo influye, sin duda alguna, pero yo estoy seguro que sus conocimientos de este tipo de pesca hacen que la misma se torne favorable a sus pretensiones, que no son otras que disfrutar de la captura de los pércidos y esócidos que habitan las aguas de nuestro querido pantano de Alarcón. Al final, yo sólo conseguí sacar el triste luciete del principio, y Julio pudo contar 3 lucios y 3 luciopercas. ¡Palizón, palizón…!

Otros datos: las cañas de parecida acción –muy potentes ambas-  y longitud, y de la misma marca: Pezon & Michel (marca desconocida por mí hasta hace unos pocos meses y, he de reconocer, de una buenísima relación calidad-precio). Carretes: Okuma el mío, y Shimano el de Julio. Hilo: trenzado en ambos casos. Señuelos: Storm, en su mayoría, y algún Grauvell. Suerte: Julio. Conocimiento y habilidad: Julio. Vencedor por K.O. técnico: Julio.

Probablemente récord 2012 de lucio en Alarcón.
Añadiré al reportaje fotográfico de esta jornada una foto que, aunque de poca calidad, refleja lo que posiblemente sea la mayor captura de lucio de este año en este pantano (aproximadamente 8 kg), conseguida por el amigo Julio el pasado domingo en su barca neumática con su sempiterno compañero Goso, experto pescador búlgaro-honrubiano, el cual, por cierto, en la misma jornada pudo sacar 6 peces entre lucios y luciopercas, escapándosele una vez clavados la misma cantidad. ¡Enhorabuena, campeones!

martes, 7 de agosto de 2012

Duelo en el Embalse de Vallehermoso


Lunes, 6 de Agosto. Lugar: Embalse de Vallehermoso (La Solana). A las 7:00 de la mañana estábamos en el lugar, sondeamos el escenario  y elegimos –bueno… lo elegí yo, lo cual a la larga me costó caro por la tabarra que me dieron los contrincantes durante todo el día acusándome de haber hecho trampa en el inexistente sorteo de puestos-  el sitio donde habríamos de llevar a cabo el duelo sin cuartel entre las dos parejas de pescadores: por un lado Rafa y Julián SR, expertos pescadores, y de otro Julián JR y yo mismo, mucho más bisoños en la pesca con enchufable.

Mi compañero, Julián JR, con parte de su pescata
Andrea: grande pescatore italiano
Llegados al lugar nos encontramos a dos conocidos pescadores de mis compañeros: Manu García de Albacete, y miembro del club de pesca de la Gineta, y Andrea, pescador transalpino. Éstos se ofrecieron amablemente a competir en este duelo y hacer un triangular por parejas, pero tal ofrecimiento lamentablemente debimos rechazarlo, ya que la FIPA (Federación Internacional de Pesca Agreste) en sus estatutos señala taxativamente la prohibición de participar a cualquier pescador en un concurso regido por la normativa de la pesca agreste que no esté empadronado y resida permanentemente en algún lugar de La Mancha manchega “que hay mucho vino, mucho pan, mucho aceite… mucho tocino”, caso que no ocurre con el amigo Manu, pero sí con su compañero Andrea, italiano de nacimiento y residencia. Aún así, compartimos con estos dos extraordinarios pescadores la jornada de pesca, terminando ellos un poco antes que nosotros, pese a lo cual fueron capaces ambos de hacer una extraordinaria pescata, llegando a pescar Manu 47 kilos de peces y Andrea, y récord de la jornada, 50.

Manu García con su extraordinaria pescata
Senior sacando una hermosa común.
Mientras, las dos parejas de competidores iniciamos el duelo con la mente puesta en el suculento premio que recibirían los campeones: un botellín de cerveza, aperitivo no incluido. Hay que resaltar que el inicio de la competición se demoró largamente debido a la lentitud en el montaje de sus respectivos pesquiles por parte del equipo “JA” (Rafa y Julián padre), lo que hizo que empezáramos la contienda sobre las 8:30.

Rafa sacando peces a dos manos.
Desde un primer momento las picadas se sucedieron sin pausa. En mi caso hice un cebado de inicio a 11 y 6 metros. Combinaba la distancia de pesca según notara actividad en uno u otro lugar, buscando la mayoría de las veces la pesca abajo, ya que a medias aguas las capturas eran casi siempre de pequeño tamaño. Más cantidad de peces a menos distancia, pero las carpas de mayor porte (pude sacar unas 14 entre uno y dos kilos) las conseguí casi exclusivamente a 11 metros. Cebo y cebado con maíz y sin meter nunca gusano para intentar evitar la entrada en el pesquil del pez espada -nombre puesto por Rafa para el incordiante pez gato-, lo que conseguí completamente, ya que sólo saqué 6 de estos pequeños bigotudos. A mi siniestra mi compañero Julián JR también mantenía buen ritmo de capturas, casi siempre más cerca de la orilla, aunque no lograba clavar carpas grandes y las que pudo pinchar, o se le escaparon o le rompieron el aparejo.

Rafa con parte de su centenar largo de peces

Padre e hijo arrastrando el rejón lleno de peces del primero.
Nuestros rivales, si cabe, llevaban mejor ritmo de capturas que nosotros aunque siempre de peces pequeños: carpitas, bogas, “gallardones” y “peces espada”. Eso sí, sin dejar de quejarse en todo el día del puesto que les había tocado en suerte, sobre todo Julián SR, secundado, apoyado y animado por el Presidente, el cual, por cierto, pescaba a dos manos, llegando en muchas ocasiones, gracias a la actividad frenética de los peces, a coger dos a la vez.

Así fue pasando el día. Un sin parar, sin pausa ni tregua de picadas, de tal manera que nos costó a los cuatro abandonar el pesquil para almorzar, cosa que ocurrió a las 12:00 horas y llevado a cabo de forma celérica para volver al puesto. Cercana ya las 3 de la tarde paramos otra vez, también de forma meteórica, a tomar un bocado rápido y proseguir la competición, la cual dimos por terminada sobre las 19:00.

PESAJE. Un engorro debido a la cantidad de peces sacados. Te pones perdido con la vorágine de los mismos, se te escapan, te quiebras el “lomo” al levantar el rejón y, lo que es peor, se producen más bajas que si los sueltas al momento de su captura. Recomendación: procurar siempre no usarlo, es una “jodienda”.

 Pues el mencionado pesaje lo llevamos a cabo con una báscula “de los chinos” cuya precisión no es una de sus virtudes, aunque a groso modo, pesando como pudimos, el resultado fue el siguiente:

          Equipo “Ja”: Julián padre: 46 kilos con más de 130 peces; Rafa: 22 kilos con más de 140 piezas, pero todos peces pequeños. Total: 68 kilos.

          Equipo “Jua, jua” (por la risa que nos dio cuando les ganamos): Julián JR: 25 kilos con todo peces pequeños, superando holgadamente la centena; y yo 44 kg. con 125 carpas (14 “gordas”), 3 “gallardones” y 6 “peces espada”. Total: 69 kilos.

Julián Sr. Ganador honorífico, pero 2º por parejas.
¡Vencedores: Julián JR y Josan! Título honorífico al ganador individual: Julián Sr –y eso que, como recordó amargamente durante todo el día, le endilgamos el peor puesto-. Cuando me beba la cerveza, si es que los perdedores nos la pagan, me llevaré el casco del botellín para ponerlo en mi estantería, huérfana de trofeos, con los pocos que he ganado en el mundo de la competición. Por cierto, sobre este mundillo sólo comentar someramente, y tema sobre el que próximamente escribiré un sesudo artículo, que cada vez me decepciona más. Si es entre nosotros cuatro, en esta competición de pega, y todavía discutíamos –sin acritud, eso sí- si el cubo pesaba tanto, si se habían escapado no sé cuantos peces sin pesar, si la báscula, si… Pero si casi nos tirábamos al agua a por el escurridizo pez que intentaba huir del cubo donde lo íbamos a pesar con sus asustados congéneres. Las personas, y en particular los pescadores, somos así, no lo podemos evitar.

Resumen: extraordinario día de pesca. Es la masa de agua, que yo conozca, en la que más se puede disfrutar pescando. Proposición a quien corresponda: ¿Por qué un escenario de esta calidad de pesca no se puede hacer coto sin muerte? Sería su única salvación.

domingo, 5 de agosto de 2012

TEAM Jaime-Josan


6º CONCURSO HONRUBIA 2012 


Jaime sacando una de sus carpas
Poco a poco nos vamos haciendo con este tedioso campeonato 2012, escasísimo en capturas, y éstas logradas, en un porcentaje elevadísimo, a fondo, lo que hace que la pesca se torne bastante aburrida. Para combatir este comentado tedio, por primera vez en un concurso, y así evitar las cabezadas de sueño sentado en el panier esperando que me tocara una carpa en la caña de fondo, dediqué un rato a pescar alburnos con un éxito relativo, más bien tirando a malo. Pude sacar 17 de estos peces más un percasol diminuto que tuvo a bien tragarse el gusano con el que decoraba mi anzuelo del 18; pero bueno, por lo menos estuve algo más de media hora entretenido, que es de lo que se trata.

Dos de mis "enormes" capturas. ¡Qué cruz!
Jaime a punto de partir el mango de la sacadera con la royal.
Ya cansado de los alburnos centré mi atención en la pesca a inglesa, aunque poco tiempo debido a que no se llegaron a cebar los ciprínidos en ningún momento, y la pesca a fondo con cebador, teniendo la suerte de tener cinco picadas con esta modalidad, perdiendo yo una, y siendo capaz mi sobrino Jaime –al que había llevado de… ¿ayudante?-  de sacar las otras cuatro que picaron, logrando un 100% de efectividad, cosa difícil en esta modalidad de pesca. Así que, entre pitos y flautas, el team Josan-Jaime logró un meritorio tercer puesto con algo más de 5 kilos, habiendo aportado yo escasamente 300 gramos con mi extraordinaria pescata de alburnos y percasol –que también pesa, aunque sea… muy, muy, poco.

Barbos y cámara deportiva barata

  Grabar la pesca del barbo con una cámara deportiva barata es una excelente forma de compartir capturas y técnicas sin gastar mucho dinero....