No fue para tirar
cohetes, ni para considerar esta jornada tentando a la perca americana como
extraordinaria, pero, y poniéndonos trascendentes y melancólicos, además de
servir de excusa, qué mejor que pasar una jornada sintiendo la fresca brisa del
aire navegando por las aguas del precioso, y cada vez más seco, Pantano de
Contreras. Vamos, era tanto el frescor de ésta (la brisa) que la misma se
convirtió en viento, el cual trajo una tormenta con su correspondiente aparato
eléctrico, y ésta nos obligó a refugiarnos en un triste impermeable durante
cerca de una hora y, ante el temor de ser fulminados por un inmisericorde rayo,
a tumbar todas las cañas y alejarnos lo más posible de ellas.
Aun así
pudimos sacar basses; más de una veintena Alejandro y alguno menos yo, no muy
grandes esos sí, pero que hicieron que al final la jornada resultara provechosa
en orden a capturas. Técnica estrella: Wacky, aunque el Texas,
sobre todo con cangrejo, fue
el que mejores resultados me dio a mí. Dejamos —pero porque quisimos, ¡ojo!—
los black-bass “gordos” para mejor ocasión.
Jornada en el
Pantano de Contreras. Difícil, difícil. Y más debido al incesante
viento con rachas fuertes y cambiantes que hacían muy complicada la navegación
y casi impracticable la pesca, lo que ocasionó más padecimientos que disfrute
en el patrón: Alejandro, por ser casi inviable el manejo de la barca a la vez
que la pesca, por lo que viendo estos esfuerzos ímprobos de mi amigo para
salvar la jornada se me ha ocurrido escribir esta entrada a modo de
agradecimiento y reconocimiento a mis sufridos compañeros y capitanes de embarcación
con las que surcamos las cada vez menos pobladas –de peces, porque de porquería
y alimañas de todo tipo y género cada vez están más llenas- aguas dulces
castellano-manchegas, aunque en breve esperamos ampliar horizontes.
Duro es ser
guía de pesca, pero más aún cuando no sacas provecho económico alguno con ello,
más bien gastos, y lo que tratas es de pasar uno de los pocos días de asueto
que tienes al año llevando a cabo una de las actividades lúdicas que más te
satisfacen y llenan: la pesca, y más concretamente la de depredadores.
Buen esócido. Strike King XD6
El guía ALEJANDRO en su “Victoria 1934” -aunque este artículo es extensible y aplicable igualmente
a JULIO con su celebérrima “Julito I” y a ADOLFO con su “Barca sin
nombre” (estamos buscándole uno, pero no damos con el espíritu de esta
voraz sacadora, y soltadora, ¡ojo!, de
depredadores, así que admitimos sugerencias de los lectores)- amablemente te invita
a su barca, te acerca a los lugares más querenciosos del pantano y busca más tu
satisfacción personal procurando que seas tú quien pesques, y no él, a riesgo
que encima seas el objeto de "mofa y befa" por tamaña circunstancia; pero esto
último siempre es camaradería y cachondeo entre colegas, siendo totalmente
consciente que si no fuera por mis tres amigos-guías jamás, primero, hubiera
disfrutado de estupendas jornadas de navegación en barca y, más importante aún,
de las buenas y satisfactorias jornadas de pesca desarrolladas en ellas.
Hace un par
de domingos, pensando que lucios y basses se iban a mostrar activos a más no
poder –cosa que siempre piensa el sufrido pescador y luego llegan los disgustos
y desazones- nos dirigimos al Pantano de Contreras los 4 mosqueteros, o mosqueperros, o lo que sea, y en lugar de espadas y floretes
oponíamos a nuestros amigos depredadores artificiales y vinilos de mil formas y
colores, y utilizando las técnicas más sofisticadas, incluida la última,
inventada y patentada por el amigo Alejandro (pescador adelantado a su
tiempo y de exquisita habilidad y técnica), llamada “paquirrín”, no se sabe a santo de qué, pero que al fin y a la
postre consiguió sacar el black-bass mayor de la jornada.
Así, y
resumiendo, en la Julito I pudimos
sacar sólo tres esócidos, siendo los mayores uno de Julio (patrón de tan conocida embarcación) de 3 kilos y otro de “muá”
que pesaría sobre los 4. Hay que señalar que al bass apenas lo tentamos,
centrándonos en el lucio.
En la Victoria 1934, Adolfo perdió un par de
basses cercanos a los 2 kilos, siempre con wacky, y un buen ejemplar de esócido
de unos 6 kilos debido a que le pedí a voz en grito que sujetara al animal
antes de cobrarlo para poder inmortalizarlo con mi cámara de vídeo; pido públicas
disculpas por ello. Alejandro, el patrón, sacó un buen ejemplar de “Blas” cercano a los dos kilos,
perdiendo también alguno más. Creo que con la técnica “paquirrín”, pero que él lo confirme. Además, en breve, daremos en
este blog –bueno, yo no, su inventor- unas nociones básicas del empleo de esta
novedosa e infalible técnica.
Nota: las
fotos que acompañan esta entrada son de las capturas de la jornada, excepto la
de Adolfo,
que a modo de desagravio por haber sido el causante de que perdiera el buen
lucio publico ésta, que es de una jornada anterior en Buendía donde pudo
hacerse con un buen ejemplar de 8 kilos. La foto no es de la calidad que merece
la pieza, pero hay que subrayar que se la tuvo que hacer a sí mismo con el
móvil; gran mérito también, por cierto.
Hace un
tiempo, pescando con mi amigo Alejandro, tuve un momento hilarante
al ver cómo, tentando al bass con un señuelo de superficie, en el momento que
el centrárquido iba a echárselo a la boca, en su afán por clavar al pez y
obnubilado por el “ansia viva” de la
captura, prácticamente se lo quitó de la boca antes que el black-bass siquiera
llegara a rozarlo. Fue largo el recuerdo del hecho y el cachondeo subsiguiente,
incordiando más de una vez a mi sufrido compañero por el penoso lance, atribuyéndole,
de forma irónica, se entiende, la creación de una nueva técnica: “La pesca sin dolor”.
Pero, ¡Ay,
amigo!, como suele ocurrir en innumerable ocasiones, y como no se cansa de
repetir el refrán: “A todo cerdo le llega
su San Martín”, es decir, que nadie estamos exentos de cometer estos fallos,
y más si somos mediocres pescadores como yo, por lo que esta vez me tocó a mí todo el
proceso, pero a la inversa: fui yo quien, cuando el bass iba a engullir mi shadow color perla, y en un alarde de impaciencia
(ansia viva), le pegué un cachete tan apresurado que se lo quité de la boca;
fue a mí, entonces, al que fueron dirigidos los dardos irónicos de Alejandro
recordándome “la pesca sin dolor” y otras lindezas y cachondeos varios con que
yo le había agasajado durante mucho tiempo, así que, sólo un consejo: no reírse
nunca de los fallos y fracasos ajenos porque el dios de la pesca –creo que es
Lución, o algo así- al final nos lo hace pagar con un castigo igual o superior
del que nos hemos mofado.
Pero, como
todo no iba a ser malo, hay que reconocer que la jornada fue muy entretenida,
sacando algunos buenos lucios y algún buen bass. ¡El día que aprenda!
Hace pocas
jornadas relataba la atracción casi hipnótica que ejercía la Julito
l sobre las luciopercas. Es un don que tiene, nadie sabe el porqué,
pero el caso es que lo mismo ocurre con la Victoria 1934, pero con el lucio. Es
montarte en ella y enfilar su alta y poderosa popa hacia el interior del
pantano y tener la seguridad que los esócidos atacarán los señuelos que se
lancen desde su amplia cubierta.
El don lo
posee esta barca, qué duda cabe, pero no se puede obviar que también ayuda la
pericia de su capitán, Alejandro, en
el conocimiento de los apostaderos más querenciosos para este pez. Así que,
uniendo estos dos factores es como se consigue llevar a cabo una memorable
jornada de pesca pródiga en capturas de lucios, aunque los basses, objeto
también de nuestra atención, se mostraron esquivos, pudiendo localizar algunos pocos
grandes, pero que mostraban un desprecio supino hacia nuestros señuelos.
Así que no
me canso de agradecer a mi compañero y guía su amabilidad por llevarme en su
majestuosa barca, además de agasajarme con una abundante y sabrosa comida a
base de moje frío, tortilla y costillas
fritas hecha, como siempre, por su santa esposa –ha llegado un punto que estoy
deseando que me invite a una jornada de pesca casi más por el condumio que por
sacar peces, je, je, je...- dejándome a mí sólo el quehacer de lanzar el
artificial para que pique el depredador. Muchas gracias.
Hay veces
que no importa tanto lo que se saca y sí con quien se comparte la jornada y el
entorno en que se lleva a cabo. Si fuera por estas dos últimas premisas la
jornada se podría calificar de “perfecta”, si nos atenemos sólo a las capturas
conseguidas–craso error, ya que la pesca se enriquece con otra serie de
intangibles más allá de los peces sacados- la jornada la calificaríamos de “mala” para los Alejandros, acostumbrados
a grandes pescatas, y “muy aceptable”
para quien esto escribe, acostumbrado, por el contrario, a más mediocres
resultados.
Así que,
contento. Nuestra prioridad eran los basses, pero la de ellos era no picar a
los múltiples señuelos de los cansinos pescadores que los atosigaban. No vimos
muchos, aunque alguno divisamos, pero esquivos a más no poder. Tentando a los
centrárquidos Alejandro Jr. clavó un luciete kilero a Texas con un cangrejo de
vinilo y yo con una spinnerbait clavé y saqué un pequeñín de apenas 300 gramos;
la oportunidad la perdió Alejandro Sr que cuando una de las pocas percas que se
dignó a hacer caso a nuestros señuelos atacó en superficie a su vinilo, tuvo a
bien, y en un alarde de generosidad impropia de los tiempos que corren para que
el pez no se hiriera su enorme bocaza, quitárselo de la misma justo en el
momento que el pez engullía el engaño. ¡Eso es verdaderamente la pesca sin
muerte! ¡Y sin dolor, ja, ja, ja…! ¿O sería que el “ansia viva” le hizo
adelantarse a la picada y por ello se perdió la pieza? Ya lo aclarará nuestro
insigne capitán.
The Champion
Así que, ya
que los “blases” pasaron de nosotros nos dedicamos al curricán, técnica más
descansada por lo menos, y así Alex pudo sacar un bonito esócido de 4,7 kg; su
padre y patrón de la embarcación clavó y sacó otros tres (de 2, 3 y 5 kilos,
logrando así la pieza mayor); y yo pude sacar uno de 4,3 y otro que se escapó
cuando ya lo rozaba con los dedos, por lo que debería contar como captura,
aunque los “jueces de la competición” me desposeyeron del cómputo de la
pieza por no haber subido a la barca. ¡Qué mala gente!
Fijaos en los ojitos del alburno dentro de la bocaza del lucio
No saldrían
muchos peces, pero eso sí, las fotos muy buenas. Repito lo escrito en otros
artículos: cada vez pesco menos y peor, pero, ¡qué fotos hago! Alejandro
también, conste.
Espectacular
paraje donde los haya. Altas temperaturas (media de más de 30 grados) mitigadas
por una brisa moderada, la cual, a partir de las 17:00, se convirtió en viento
constante y molesto para la navegación, sobre todo para los amigos Julio
y Goso,
que a bordo de la “Julito I” los limitó mucho a la hora de practicar la pesca, lo que
redundó en que la tarde no les fuera muy propicia en orden a capturas. Entre
tanto, y debido a que nuestra embarcación –o más bien la de su dueño y excelente
patrón, Alejandro-, la “Victoria1934” es de mucho mayor tamaño, altura y
eslora, nos permitía navegar sin muchos problemas por las procelosas aguas del
pantano.
Alejandro: lucio de 4 kg.
Julio y Goso a lomos de la "Julito I"
La mañana
empieza prometedora. Puestos de inmediato al “acurrucao" –en el particular lenguaje de Goso: curricán -, no
tarda en picarle a Alejandro un buen lucio, suponemos, porque no lo llegamos a
ver, que lamentablemente le siega el trenzado llevándose el bajo acerado y su preciado y recién
estrenado crankbait. Unas pocas maldiciones posteriores e iniciamos de nuevo la
marcha, esta vez a lance, siendo Goso el primero en conseguir unos de los
poderosos esócidos de Contreras, esta vez un bonito ejemplar de unos 2 kilos. No
tardaría Julio en imitar a su compañero de embarcación, esta vez con otro de
2,5 kg. Al poco es a mí, que lanzando con el archiconocido “mogambito” puedo clavar y capturar otro cercano al par de kilos. De
nuevo es Goso quien golpea de nuevo con el vinilo bautizado como el “alburnaje”
–aquí rebautizamos todo-. Soy yo quien al rato, y de nuevo con el mogambito,
clavo un esox lucius contrerilensus, siendo el
mayor hasta ese momento (3,6) que atacó el señuelo en la caída. Notable
actividad de los depredadores hasta estos momentos, aunque fue avanzando el día
y las picadas empezaron a escasear alarmantemente, siendo Julio el que lograba
clavar más peces, pero desgraciadamente pocos lograba cobrar, ya que perdió la
mayoría en su lucha con los esócidos; otro día ganará él.
Black-Bass de 1,6 kg.
Bass de 1,3
Viendo el
prematuro aletargamiento de nuestros queridos lucios, Alejandro decidió tentar
algunas reculas con árboles en busca de black-bass. Pese a verse muy pocos iba
lanzando con un hélices, atrayendo hacia su señuelo alguno de buen tamaño de
vez en cuando; es en uno de estos “avistajes”
de centrárquidos cuando uno de ellos se lanzó con inusitada violencia al
hélices, clavando mi compañero al bass, aunque en un potente salto éste de
deshizo hábilmente de las poteras. Dado el escándalo de la pelea, otro curioso
congénere del primero asomó en superficie… a ver qué pasaba, lo que aproveché,
mientras mi colega seguía lamentándose de la reciente pérdida de la fornida
perca negra, para lanzar un jerkbait color
verde de la marca Sportbass –o algo
así- comprado de oferta hace poco tiempo por 3 euros, y al pasárselo por los
morros al bass no dudó en engullirlo con fruición, clavando al instante y
cobrando posteriormente un bonito “diablo verde” de 1,6 kilos, que supuso mi
récord personal con esta especie –yo bato constantemente mis récords… como los
tengo tan bajos-. Bonita lucha, mala grabación de vídeo, cosa que fue la tónica
general del día, captura y suelta de la hermosa bestia.
Las horas
centrales del día fueron malas, pudiendo sacar Goso un par de lucios más,
completando el cuarteto que pudo contar al finalizar la jornada, siguiendo
Julio con la mala suerte, ya que seguramente fue el que más peces clavó, pero
también el que más perdió; sólo apuntar que también pudo hacerse con una bonita
perca de medio kilo, lo que hizo que lograra también el “grand slam” de
Contreras: lucio y bass. Luego, el viento, como ya dije, les impidió a estos
dos grandes pescadores poder llevar a cabo una pesca acorde a sus habilidades.
La "Victoria1934"
Fue a partir
de las 17:00 horas cuando quien sí se activó fue Alejandro “Magno”, ya que
temiéndose un humillante “bolo” puso a trabajar su conocimiento del pantano y
dando una demostración de excelente guía –como anfitrión sólo se le puede
calificar como insuperable- dirigió a la victoriosa “Victoria” a la zona
denominada para los siglos: “La ensenada de
Alejandro” –ensalada,
no… ensenada- y en ella empezó el recital: primero con su hélices favorito
capturó un bonito bass de 1,3 kilos. Al rato, y considerando el capitán del
navío la zona óptima y querenciosa para el lucio y la técnica del curricán la
más apropiada, a ello nos pusimos, encadenando Alejandro dos picadas
consecutivas con la consiguiente captura de sendos esócidos sobre los 4 kilos.
Claro que, viendo que me rebasaba en capturas mi amigo-rival quise poner alguna
nota discordante en este solo sinfónico del cual, y hasta el momento, era un
simple y admirado espectador. Puse mi crankbait con más babero para así poder
buscar a los depredadores a más profundidad y… picada y otro lucio de unos 4
kilos. Alejandro contraatacó con otra captura de 5,3, la mayor de la jornada; pero,
ya a última hora, me pude hacer con un lapicerete kilero y así pude ganar el duelo fraternal de la
jornada en número de peces capturados
Pieza mayor: 5,3 kilos
4 kg.
Ya, para
terminar, no me canso de repetir las bondades de Alejandro como anfitrión,
capitán, timonel y magnífico guía, sin el cual seguramente me hubiera marcado
uno de tantos “bolos” que llevo sobre mis maltrechas espaldas de pescador.
Gracias, amigo, espero repetir tan grata experiencia. Además, tampoco quiero
olvidarme de los sufridos Goso y Julio, que durante toda la jornada tuvieron
que pelear más con las condiciones meteorológicas adversas que con los
depredadores, por su magnífica compañía y su buena actitud pese a las
adversidades. ¡Esto sí es verdadero espíritu olímpico!
Gosito con uno de sus 4 lucios
Esta
crónica, de nuevo, la acompañaré con un vídeo, no muy bueno como casi siempre,
y no creo que nunca ocupe ningún lugar privilegiado en ninguna lista de films
del séptimo arte, pero es que al amigo Alejandro y a quien esto escribe el Señor
no nos ha llamado por el camino de la dirección artística de películas, ni
siquiera de un simple cámara medianamente cualificado. Claro, que tampoco a Almodóvar,
y ahí lo tienes, con dos premios Oscar.