domingo, 17 de febrero de 2013

El CRANKBAIT perfecto


Este sábado, después de varios meses sin pescar en él debido al mal tiempo reinante estos últimos días, nos propusimos, Adolfo y yo, pasar de nuevo una jornada en las aguas del Pantano de Buendía. Poco tardaré en hacer la crónica del día, pues las capturas fueron muy escasas y a punto estuvieron de ser inexistentes, ya que, desde las 11 de la mañana en que echamos la barca, no sacamos un pez hasta las 5 de la tarde, concretamente un luciete de algo más de un kilo que me picó a mí al curricán; a partir de aquí se animó un poco la cosa, pudiendo clavar Adolfo, a escasos minutos de mi captura, otro lucio. Poco más tarde, primero Adolfo y luego yo, sacamos un esócido cada uno, más hermoso el de mi compañero (sobre los 2,5 kilos) picando ambos practicando de nuevo el curricán, siempre con crankbaits varios, pero todos buscando profundidades de 5 a 6 metros.

¿Por qué no mostraron actividad los esócidos y menos aún los pércidos? Se podrían barajar varias hipótesis, aunque seguramente ninguna sea totalmente la correcta: baja temperatura del agua (6 grados); desove cercano; no saber encontrar nosotros mismos en qué coberturas y profundidad se hallaban los depredadores; el “acojone” de los habitantes de estas aguas ante el inminente, desmesurado y probablemente presentido nuevo trasvase; la enorme presión pesquera que soportan estas aguas y el castigo y expolio continuo que sufre “día y noche” este pantano por multitud de depredadores, tanto humanos como una nutrida representación de aves piscívoras marinas de varias especies, aunque me da, no sé, no sé… que éstas últimas hacen menos daño que los primeros –por lo menos sus desperdicios son biodegradables-. Seguro que todo influirá.

¿Puedo calificar el día de malo? Ni mucho menos, sino todo lo contrario. Pocas capturas, cierto, pero “en peores plazas he toreado y muchos bolos me he marcado”. Además, cierto es que me he reído mucho en multitud de jornadas de pesca, que es, al fin y al cabo, lo más importante de esta lúdica actividad, pero, y si alguien se anima a ver el vídeo que colgaré, comprobará que un hecho acaecido en esta jornada nos hizo partirnos de risa durante gran parte del resto del día; risa que me sigue aflorando sólo con recordar el cómico trance. Además, ¡y por fin! Después de innumerables años compartiendo jornadas de pesca con Adolfo pude, al menos, que para mí ya es mucho, ¡empatar con Adolfo en número de capturas! ¡Aleluya!
 

Para terminar voy a plantear una cuestión: ¿es sinónimo de efectividad un señuelo caro? Puede que sí. Más bien la diferencia esté sólo en la calidad de materiales, pero si el buen ojo del pescador encuentra un pez que le dé buenas sensaciones en orden a terminación, forma, material y que piense que se ajusta a las necesidades de la pesca que desee practicar, que no lo rechace por su supuesta baratez. Es el caso de mi última adquisición: un crankbait que estaba de oferta en una tienda especializada de pesca de depredadores por sólo 3 euros, pero que no era difícil adivinar –luego los peces atacan lo que ellos estimen conveniente y cuando les da a ellos la gana- que podría ser efectivo; y así fue, que éste sacó los mismos peces, en un día difícil por la casi nula actividad de los depredadores, que otro parecido de 9 euros, y de otro, también muy parecido, pero puede que algo mejor terminado y más sofisticado, de 21,5 “eurazos”. No están los tiempos para dilapidar el vil metal y, además, los peces no distinguen del valor pecuniario de lo que muerden. Eso sí, los señuelos que se venden en páginas web raras, tiendas conocidas por todos y poco especializadas en la pesca, sólo pueden capturar el bolsillo de algún confiado y neófito pescador. Y aprovechando el planteamiento de esta pregunta, a modo de concurso de entretenimiento, voy a retar a los que lleguen a leer esta modesta crónica a que adivinen, sabiendo que uno vale 3 euros, el otro 9 y el último 21,5, a cuál de los crankbaits que aparecen al final del vídeo corresponde cada precio. No es difícil, pues si se pone algo de atención se me “escapa” el de uno de ellos. ¡Hagan juego, señores! Premio… casi seguro.
 

viernes, 15 de febrero de 2013

Vallehermoso... y los tiestos.



Julián Sr. y Jr. en sus respectivos pesquiles.
Como el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra – si sólo fueran dos-, y aprovechando una llamada de los Julianes (padre e hijo de La Gineta y amigos y compañeros de club) ofreciéndome compartir una nueva jornada de pesca en Vallehermoso, y en cierto modo por el orgullo malherido de pescador tras el ignominioso tropiezo de hace dos semanas en este escenario, decido acompañarlos con el ansia revanchista de conseguir paliar, en parte, el entuerto de la pobre pescata llevada a cabo el pretérito día.
El Barbo. Único de la jornada.

Así que, consideraciones filosóficas aparte, me ceñiré a los hechos: sobre las 8:30 de este 14 de Febrero de 2013 llegamos al pantano mi compañero, a la vez que renombrado camarógrafo y relator de eventos deportivos, Tío Julio, y yo. Prácticamente al mismo tiempo que nosotros aparecen cuatro pescadores del vecino pueblo de Valdepeñas que ubican sus pesquiles a la siniestra de mi puesto. Poco tardarán estos amigos valdepeñeros en estar preparados para iniciar la pesca, e, incluso, hacerse y degustar un sabroso almuerzo al que, amablemente, nos invitan, debiendo excusarnos de acompañarlos debido a la ingente cantidad de víveres que llevábamos también nosotros y que no era cuestión de desperdiciar, incluida una macro-tortilla de 9 huevos elaborada por el maestro de fogones: el Tío Julio –como se puede comprobar por mi relato, hombre polifacético en grado sumo-. Mañana fresca, aunque el trajín del traslado de material y montaje del pesquil hace que vaya entrando paulatinamente en calor.

Jesús, pescador de Valdepeñas, luchando con una carpa.
Iniciamos la pesca, los Julianes y yo, alrededor de las 11:00 debido, en gran medida, al retraso con que mis compañeros aparecieron en el pantano, ya habiendo sacado alguna pieza nuestros vecinos. Pronto Julián Jr. empezó a tener picadas, siendo el primero en tocar escama; más tarde me tocó a mí, teniendo que pasar un buen rato hasta que Sénior pudiera sacar una común que hizo que su moral pegara un vuelco de positividad, ya muy menguada como estaba. Así fue pasando la mañana, con picadas esporádicas, y sacando, más espaciadas en el tiempo de lo que quisiéramos, algún pez que otro, aunque nuestros vecinos valdepeñeros llevaban mejor ritmo de capturas que nosotros, sobre todo Jesús. Al final, y por no extenderme más, y sobre las 16:30 que dimos por concluida la jornada –yo aguantaría otra media hora más-, pudimos contar: 4 carpas Julián padre; 8 el hijo; y yo, 10 capturas (12,5 kg.) incluyendo en ellas un potente barbete que me hizo especial ilusión por ser el primero que pesco en este pantano. Nuestros vecinos ciudalearreños pudieron contar, más o menos: 15 carpas, Jesús, y, por tanto, vencedor absoluto de este inesperado pseudo-concurso; 9 ó 10 dos de sus compañeros, de los que sólo recuerdo, y por eso pido disculpas, el nombre de uno de ellos: Jorge; y 4, Sergio, pero en su descargo hay que decir que estaba en un puesto altamente incómodo.

Sergio mostrando su primera captura: royal.
Resumen de la jornada: como siempre reitero en mis relatos de pesca, se saque lo que se saque, el pasar el día al aire libre, acompañado de buenos amigos, y, además, conocer a otros nuevos, ya merece la pena. Pero, además, como pude doblar el número de capturas de la última jornada, más contento todavía. Ya sé que no son espectaculares pescatas, pero para mediocridades como yo resultan, en la época de frío en que nos encontramos, altamente satisfactorias.

Sénior con una común. Primera del día.
Y, para terminar, y no siendo habitual en mí porque no me siento capacitado para ello, me voy a permitir dar unos consejos técnicos por si algún pescador que vaya a ir de pesca a este pantano, primero, quisiera leerlos y, segundo, aplicarlos. Son consejos para pescadores bisoños y que, a los expertos, el leerlos seguro les hace aflorar una sonrisa displicente y desdeñosa. A mí me fue bien, doblando mis capturas, pero también podría ser casualidad, ¡vete tú a saber! Pero, ahí van:

-          Primero: bajos largos (de unos 30 centímetros) y de diámetro 0,16, o menos si se dispone de de gomas blandas –sin duda, consejo de Perogrullo.

-          Segundo: anzuelos del 14, 16 o, incluso, menores.

-          Tercero: cebo: a mí el que mejor me funcionó fue el mixto: un grano de maíz con dos o tres gusanos, y el bajo apoyando 4 ó 5 centímetros en el fondo.

-          Cuarto y último: el engodo: hay que procurar, como seguro todo el mundo sabe, mimetizarlo lo máximo posible con el suelo del pantano. Yo no lo logré totalmente, pero sí lo hice mejor que la vez anterior, aunque para ello tuviera que dejar sin tierra dos tiestos que tan amorosamente cuidaba mi querida madre y que, ahora, los pobres geranios que los ocupaban languidecen ocultos en el cubo de la basura; pero para obtener buenos resultados alguna vez es inevitable que se produzcan bajas, y esta vez le ha tocado a estas plantas. Cantidad: 50% de engodo y 50% de tierra.




Jesús con una de sus 15 capturas
Muchos calificarán esta especie de mediocre tutorial de osadía dado mi escaso nivel y conocimiento de la pesca con enchufable, pero he de advertir que son consejos, impagables, sin duda, de un gran pescador como es Palacios, y ahí están sus resultados en este pantano para dar fe de ello. Si alguien los puede aprovechar, estupendo, y si alguien se “descojona” con los mismos, mejor aún… para eso escribo este blog.
Jorge, otro de los compañeros de Valdepeñas.

12,5 kilos
 Y por último, y debido al” inusitado interés” que ha provocado en el público en general y en el colectivo de pescadores en particular, tengo la desfachatez de volver a incluir en esta narración un nuevo vídeo de la jornada. Hay que tener en cuenta que toda película  se trata de una creación artística –ésta en concreto no, por supuesto, aunque muchas otras, ¡y encima subvencionadas!, hacen a las mías obras de arte- y, como tal, su perfección está muy unida a la inspiración del autor en ese momento, cosa que el día de hoy estaba un tanto dormida. Es paradójico que, y pese que debía ser al contrario, cada vez nos salen peor los vídeos, pero, si alguien los viere, que los considere una crónica de la actualidad. Las florituras, ya, si eso… otro día.
 
 
 

viernes, 1 de febrero de 2013

Enero, Vallehermoso y sus carpas



Después de prácticamente todo el mes de Enero sin poder salir a pescar debido al temporal, nevadas, borrascas varias y multitud de elementos climatológicos adversos, incluida una ciclogénesis explosiva -nombre que asusta mucho, supongo que para despertar mayor interés en el trabajo de los meteorólogos-, parece ser que este mes nos da una ventana de buen tiempo que hay que aprovechar. Mi primera opción es ir al Tajo a tentar a sus potentes barbos con ova, pero, casi por casualidad, en unos mensajes que nos intercambiamos Palacios (ya conocido en este blog como compañero mío en alguna jornada, y experto pescador y aún mejor conocedor del embalse del Puerto de Vallehermoso) y yo mediante el “invento del averno” llamado  whatsapp”, me dice que en este escenario  las carpas están entrando bastante bien; ni mucho menos, eso sí, como en épocas de temperaturas más benignas, pero que se pueden hacer buenas pescatas.

Palacios con una de sus 25 capturas
Así las cosas, Palacios me ofrece compartir una jornada de pesca este jueves 31 de Enero, cosa que acepto raudo, ya que me gustaría poder sacar alguna carpa en el mes de Enero, cosa que nunca había hecho, ya que de las carpas sólo me ocupo en los meses más calurosos.

Tío Julio y Palacios junto a parte de su pescata.
Empezamos a pescar tarde debido en gran medida a mi falta de orientación que hace que me pierda al buscar el sitio de reunión en un bar de La Solana (Ciudad Real), donde habíamos previsto desayunar; se nos “jode” el café mañanero, y entre que me reubico y me oriento, llegamos al embalse, y preparamos los pesquiles, se nos hacen casi las 11 de la mañana. Poco tiempo pasaría del inicial cebado hasta que Palacios se hace con una buena carpa común; poco después otra, y otra, otra que se le va, otra que no clava, esta royal, otra picada, cómo tira, se fue, otro fallo, ahora sí, ¡vamos, un sin parar! Yo, mientras, viendo la antena de mi veleta flotando alegremente en las frías aguas del embalse, impávida, sin un atisbo de hundimiento; aunque, muy pausadamente, alguna me fue picando, alguna picada no clavé, alguna carpa se me fue y alguna otra saqué, pocas eso sí, concretamente 5 que dieron un peso de 8 kilos. Palacios pesó 25 hermosas carpas, mayoritariamente comunes, con alguna royal, que pesaron 37 kilos, hasta las 4 y algo de la tarde en que dimos por concluida la jornada.

Mi primera carpa de Enero
Conclusión: Palacios no mentía, se pueden hacer buenas pescatas en estos fríos meses invernales en esta masa de agua, pero se le olvidó comentarme un detalle, puede que nimio para algunos, pero trascendental para sacar peces: que hay que ser buen pescador para hacerlas, cosa que no es mi caso, y sí el de mi compañero, como ha quedado de manifiesto en este relato. Y gracias a que me ayudó en el montaje y preparación, sino puede que no hubiera sacado ni un pez. Pero, seguramente, volveré a intentarlo.

De todos modos, el día fue magnífico, con un brillante sol que nos acompañó durante toda la jornada, temperatura casi primaveral, escasísimo viento,  buen almuerzo compartido con dos buenos colegas y una memorable sesión de chistes a costa del Tío Julio, que hizo que el día se pasara sin enterarnos; por cierto, el chiste del “Perro Gorilero”… sublime. Se lo habré oído contar cien veces, y cada vez me río más.

Este relato va acompañado de un vídeo, como he hecho en mis últimas salidas de pesca. Como se verá no pretende ser nada profesional, primero por la escasez de medios y, segundo, porque la web está llena de éstos, hechos por expertos más capacitados que yo, y que más tienen que enseñar en lo relativo estrictamente a las técnicas de  pesca. Con este documento videográfico sólo pretendo mostrar, en tono más simpático que serio, un poco del divertimento que es un día de pesca. Se sacarán más o menos peces, pero disfrutar de un día en el campo… no tiene precio. Pido perdón de antemano por alguna palabra malsonante que pueda a aparecer en la narración, pero es que los “camarógrafos” somos un tanto burros. ¡Ihaaaaaa!

Barbos y cámara deportiva barata

  Grabar la pesca del barbo con una cámara deportiva barata es una excelente forma de compartir capturas y técnicas sin gastar mucho dinero....