No puedo ni debo salir a pescar, ya
sabéis, por el coronavirus, el COVID-19 o el “hijoputa” el virus. ¿Y por qué no
debo salir? Simplemente por solidaridad con quienes no salen, por quienes
cumplen las reglas, por quienes intentan ayudar a solucionar esta desgracia de
la mejor manera que saben o pueden. Pero esto no es óbice para que esté
deseando coger la caña y salir a pescar o rememore pasadas jornadas de disfrute
haciendo lo que más me gusta. Y de esto va este nuevo vídeo, o más bien antiguo,
viejo, o “vintage”, de los gratos recuerdos pescando en contacto con la
naturaleza y en compañía de buenos amigos, que espero pronto se repitan cuando pasemos
esta desgraciada pandemia, que así haremos.
Saludos desde esta página a todos los
amigos pescadores que puedan esto leer, deseando de corazón que se encuentren
sanos y a salvo del dichoso y dañino virus.
A ciencia cierta no lo sé, pero sí puedo dar
una relación –de memoria, por lo que cabe que alguno se me olvide- de los que
he visto sacar en acción de pesca: hay barbetes, gardoncitos y gardonzones,
percasoles,
pez
gato, microcarpas, minicarpas, carpitas, carpas, carpotas y “cacho” carpas royales y comunes,
pez
-gato, gobios, bogitas, bogas y bogonas, carpincetes
y carpines y, por último, black-bass.
Si pones de
cebo uno o dos gusanos, cualquiera de los bichos mencionados anteriormente te
puede picar (aunque hay que apuntar que el bass será casi imposible). ¿Qué
especies saqué yo ayer en Vallehermoso, exceptuando la perca americana? Todas menos
el percasol. ¿Qué especies sacó Palacios? Todas. Lugar donde exista la
posibilidad de sacar un pez de distinta especie con el mismo cebo... imposible
de encontrar.
Teletipo: Anterior jornada. El Vicario. Bolo. Ninguna picada. ¿Lo
bueno de la pesca? El pronto desquite. Puerto de Vallehermoso. Tiempo perfecto.
Ausencia de viento. Buena jornada. 26 carpas. Mayoría por encima del
kilo. Alguna cercana a los dos. Fuertes y luchadoras. Bastantes roturas.
Necesario bajo 0.20 debido a precario y pobre equipo. Pido donación inminente de
caña enchufable. Gardones a granel. Facilísimos de pescar. Sólo hace falta
cebado constante de gusano. En un momento, otros 26. Pesca poco atractiva.
Gran esfuerzo metiendo tamaña caña para tan poco animal. Mejor bicho grande. El
pesaje infructuoso. No posible. Carpas revoltosas que se me salían
constantemente de los cubos. Rodaban entre saltos y coletazos hacia el agua. Nunca
pesar cuesta abajo. Consiguieron desesperarme e hicieron me rindiera sin pesar.
Sobre los 35 kilos de peso. Último bolo vengado. Habrá otros, seguro.
Hasta entonces… a disfrutar de la pesca.
Ya hace
bastante tiempo tenía previsto compartir una jornada de pesca en el pantano de
Vallehermoso con estos amigos almoradienses, la cual, por algún motivo u otro,
se iba posponiendo en el tiempo más de lo deseado. Así que, y por fin, y
creyendo que el día podía ser propicio, quedamos en el mencionado pantano:
Pablo, Sergio, su hermano David y yo mismo.
Pablo
Buena
temperatura. Escasez de viento. Condiciones óptimas para la pesca en general y
más aún para la pesca con enchufable. Pero… sería la luna; sería el sol; serían
las mareas; sería que los astros se habían confabulado contra nosotros; serían
estos cambios tan bruscos de temperaturas; sería que todavía algunas carpas y
“carpos” (macho de la carpa) siguen, aunque parezca mentira, en época de desove…
El caso es que no picaban o, para ser más concreto, picaban mal o éramos
nosotros los que no sabíamos hacerles comer a los peces –seguramente esto
último.
David
Así que,
prevista la pachanga, y no es cuestión de glosarla con minuciosidad, apuntaré
que, de inicio, tanto Pablo como Sergio, cogieron un relativo ritmo, más de
picadas que de capturas, y yo, ubicado entre estos dos magníficos pescadores,
ni me picaban ni, por ende, sacaba pez alguno. Fue avanzando el día y seguíamos
igual, siendo Sergio el que se destacaba. Así que, previendo el duro correctivo
que iba a sufrir por estos afamados y expertos pescadores, me decidí a
olvidarme de la enchufable y pescar en corto con caña de inglesa y veleta de
coup. ¡Gran acierto! Al final de la jornada pude pesar 28,5 kg, casi todo con peces mayores de un kilo. Sergio:
24. Pablo, que encontró a los
peces lamentablemente a la hora de dar por finalizado el evento: 18. Y David sobre los 14 kilos –no los pesamos-, pero hay que
mencionar en su descargo que él empezó a pescar tres horas, aproximadamente, más
tarde que nosotros.
Carpa común
Resumiendo:
el que más kilos sacó fui yo, sin duda –la báscula no engaña, pese a ser de los
chinos-, pero si nos hubiésemos centrado en la pesca con enchufable el
resultado hubiera sido totalmente distinto, siendo yo vilmente vapuleado, por
lo que debemos dar como vencedor del lance a Sergio, aunque Pablo
terminó jurando que se tomaría cumplida venganza la próxima jornada. Grandes
pescadores y mejores compañeros. El día que den con la clave para que no les
rompan constantemente el bajo las carpas grandes, darán un salto cualitativo muy estimable.
Sergio
Suelta
Así que,
este vídeo va dedicado a Sergio. El próximo, si la batería de la cámara nos da
de sí, intentaremos inmortalizar a Pablo.
Mi intención
era pescar y ver la veleta hundirse cuantas más veces mejor. Objetivo cumplido
con creces. Si luego lo que picaba eran buenas y hermosas carpas… mejor, pero
como no pudo ser así, estuve toda la jornada entretenido practicando la pesca “a la mano”; debo matizar que
en puridad esta técnica no es exactamente la que utilicé, pero lo que trato de
reseñar es simplemente que el tamaño de la mayoría de las capturas no hacía
necesario cobrarlas con la sacadera, siendo suficiente con izarlas con cierto
tiento cogiéndolas directamente del sedal, aunque esto me ocasionó bastantes
pérdidas antes de llegar a mis manos.
No me voy a
extender mucho en la crónica de este día. Primero porque la jornada se resume
rápidamente y segundo porque de todos es sabido, y más por los bloggeros en
general y los que escribimos de pesca, en particular, que nuestras crónicas
raramente son leídas por ningún visitante que caiga por estas páginas, y menos
si la misma se hace larga y farragosa, aunque seguimos en esta labor por
satisfacción personal, amor a esta actividad y, por qué no reconocerlo, por
propia vanagloria. ¿En qué se fija el pescador? En las fotos de los peces…
cuanto más grandes mejor.
Jornada:
buena temperatura (sobre los 25 grados) con fuertes rachas de viento en
ocasiones. Pude sacar unos 80 peces, todo carpitas (sólo 5
de más de un kilo), excepto una docena de peces-gato y media de “gallardones”,
casi todos pescados con enchufable. Total:
26
kg. Media por pieza: 0,325.
Técnica más efectiva: pues no tengo
ni idea; el cebo sí: maíz. Sólo puedo
asegurar que quien sepa pescar, y más si conoces el escenario, habría hecho una
pescata descomunal, aunque soy sincero al catalogar mi jornada, y
teniendo en cuenta mis limitados conocimientos de esta pesca, como altamente
satisfactoria. Mi amigo Palacios
apareció por el lugar cuando yo llevaba más de 60 peces; en un momento se llevó
a los míos de mi pesquil, me dejó sin picadas y en apenas tres horas casi había
sacado más peso que yo en todo el día, con carpas, casi todas, de más de un kilo,
las cuales se mostraron esquivas para mí durante toda la jornada -¿o es que no
las supe sacar?-. ¿Cómo lo hizo? Fácil. Sabiendo pescar.
Ya sólo
agradecer la amabilidad de Juanma, amigo de Palacios y
compañero suyo del Club de pesca de La
Solana, y por tanto sinónimo de buen pescador y gran conocedor de este
escenario, que nos acompañó durante la tarde y me ayudó al pesaje e hizo las
fotos correspondientes del evento. Muchas gracias, amigo.
Me lo habían
advertido: ¡no vayas! Pero eran más mis ganas por ver hundirse la veleta -aparte
de así gastar un litro de gusano cuya fecha de caducidad hacía bastante tiempo
había expirado y que dejaba en mi frigorífico un persistente tufillo a
putrefacción- que, en un alarde de
osadía, y aún sabiendo de primera mano que el fin de semana anterior las varias
pachangas y concursos celebrados en este escenario habían llenado de “ceros” las
estadísticas de los concursantes y que las aguas seguían muy tomadas, me
aventuré a llevar a cabo una jornada en este pantano.
Inicio la
pesca a las 9 de la mañana y, sorpresivamente, pronto empiezo a tener picadas,
pero sólo las logro con línea muy fina (0,15), y bajos del 0,12 con anzuelo del
18. Eso hace que saque varias carpas
pequeñas, bogas y “gallardones”, pero también me parten 4
carpas kileras. ¿Cómo no con estas finuras? Pero utilizando grosores mayores
era incapaz de tener ni una sola picada. Esta actividad, sin ser excesiva, sí
resultaba entretenida. Fue después del almuerzo cuando los peces pequeños
desaparecieron y ya casi todo el día las picadas y capturas eran de carpas de
uno a dos kilos. Alguna rotura más tuve, se me fueron bastantes y alguna fui
sacando. Fue un día entretenido, lejos de las pescatas de tiempos mejores en
este pantano, pero mereció mucho la pena la jornada, ya que de antemano asumí
la escasez de capturas, y al conseguir una digna pescata hizo que diera por
bueno el esfuerzo de desplazarme a pescar a este, un tanto lejano para mí,
bonito y agradecido pantano. Al final pesé 26 kilos, mucho más que las
previsiones más optimistas al inicio del día.
¿Se van
recuperando estas aguas después de las inundaciones y riadas pasadas? Creo que
poco a pocolo irá haciendo, pero la
pesca está todavía bastante difícil, ya que tres pescadores cercanos a mi
puesto con cañas de coup no pudieron sacar ni un pez, y algunos más a fondo
sacaron uno o dos carpas. Otro compañero, éste con enchufable, al que pregunté
al irme y que estaba en una zona distinta me comentó que en toda la tarde no
había tenido, tanto él como un amigo, ni una sola picada. Pero, lo que está
claro es que sin intentarlo no sacarás nada. Puede que te acompañe la suerte
como me ocurrió ayer a mí. ¿Quién sabe?
Y cómo no…
el vídeo. ¡Ay, el vídeo! Ahora que me he podido hacer con una cámara
medianamente decente, resulta que el camarógrafo no tenía muchas ganas de
grabaciones, y que tampoco le había cogido el tranquillo a la nueva cámara, lo
que hizo que se perdieran varias de las mejores tomas. Pero, ahora sí estamos
en condiciones de hacer un vídeo de relativa calidad. El tiempo que tardemos en
conseguirlo… es otra canción, así que por ahora nos conformaremos con esto.
Como el
hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra – si sólo
fueran dos-, y aprovechando una llamada de los Julianes (padre e hijo de La
Gineta y amigos y compañeros de club) ofreciéndome compartir una nueva jornada
de pesca en Vallehermoso, y en cierto modo por el orgullo malherido de pescador
tras el ignominioso tropiezo de hace dos semanas en este escenario, decido
acompañarlos con el ansia revanchista de conseguir paliar, en parte, el
entuerto de la pobre pescata llevada a cabo el pretérito día.
El Barbo. Único de la jornada.
Así que,
consideraciones filosóficas aparte, me ceñiré a los hechos: sobre las 8:30 de
este 14 de Febrero de 2013 llegamos
al pantano mi compañero, a la vez que renombrado camarógrafo y relator de
eventos deportivos, Tío Julio, y yo. Prácticamente al mismo tiempo que nosotros
aparecen cuatro pescadores del vecino pueblo de Valdepeñas que ubican sus pesquiles a la siniestra de mi puesto.
Poco tardarán estos amigos valdepeñeros en estar preparados para iniciar la
pesca, e, incluso, hacerse y degustar un sabroso almuerzo al que, amablemente,
nos invitan, debiendo excusarnos de acompañarlos debido a la ingente cantidad
de víveres que llevábamos también nosotros y que no era cuestión de
desperdiciar, incluida una macro-tortilla de 9 huevos elaborada por el maestro
de fogones: el Tío Julio –como se puede comprobar por mi relato, hombre
polifacético en grado sumo-. Mañana fresca, aunque el trajín del traslado de material
y montaje del pesquil hace que vaya entrando paulatinamente en calor.
Jesús, pescador de Valdepeñas, luchando con una carpa.
Iniciamos la
pesca, los Julianes y yo, alrededor de las 11:00 debido, en gran medida, al
retraso con que mis compañeros aparecieron en el pantano, ya habiendo sacado
alguna pieza nuestros vecinos. Pronto Julián Jr. empezó a tener picadas,
siendo el primero en tocar escama; más tarde me tocó a mí, teniendo que pasar
un buen rato hasta que Sénior pudiera sacar una común que
hizo que su moral pegara un vuelco de positividad, ya muy menguada como estaba.
Así fue pasando la mañana, con picadas esporádicas, y sacando, más espaciadas
en el tiempo de lo que quisiéramos, algún pez que otro, aunque nuestros vecinos
valdepeñeros llevaban mejor ritmo de capturas que nosotros, sobre todo Jesús.
Al final, y por no extenderme más, y sobre las 16:30 que dimos por concluida la
jornada –yo aguantaría otra media hora más-, pudimos contar: 4 carpas Julián padre; 8 el hijo; y yo, 10 capturas
(12,5 kg.) incluyendo en ellas un potente
barbete que me hizo especial ilusión por ser el primero que pesco en este
pantano. Nuestros vecinos ciudalearreños pudieron contar, más o menos: 15 carpas, Jesús, y, por tanto,
vencedor absoluto de este inesperado pseudo-concurso; 9 ó 10 dos de sus
compañeros, de los que sólo recuerdo, y por eso pido disculpas, el nombre de
uno de ellos: Jorge; y 4, Sergio,
pero en su descargo hay que decir que estaba en un puesto altamente incómodo.
Sergio mostrando su primera captura: royal.
Resumen de
la jornada: como siempre reitero en mis relatos de pesca, se saque lo que se
saque, el pasar el día al aire libre, acompañado de buenos amigos, y, además,
conocer a otros nuevos, ya merece la pena. Pero, además, como pude doblar el
número de capturas de la última jornada, más contento todavía. Ya sé que no son
espectaculares pescatas, pero para mediocridades como yo resultan, en la época
de frío en que nos encontramos, altamente satisfactorias.
Sénior con una común. Primera del día.
Y, para
terminar, y no siendo habitual en mí porque no me siento capacitado para ello,
me voy a permitir dar unos consejos técnicos por si algún pescador que vaya a
ir de pesca a este pantano, primero, quisiera leerlos y, segundo, aplicarlos.
Son consejos para pescadores bisoños y que, a los expertos, el leerlos seguro
les hace aflorar una sonrisa displicente y desdeñosa. A mí me fue bien,
doblando mis capturas, pero también podría ser casualidad, ¡vete tú a saber!
Pero, ahí van:
-Primero:
bajos largos (de unos 30 centímetros) y de diámetro 0,16, o menos si se dispone
de de gomas blandas –sin duda, consejo de Perogrullo.
-Segundo:
anzuelos del 14, 16 o, incluso, menores.
-Tercero:
cebo: a mí el que mejor me funcionó fue el mixto: un grano de maíz con dos o
tres gusanos, y el bajo apoyando 4 ó 5 centímetros en el fondo.
-Cuarto
y último: el engodo: hay que procurar, como seguro todo el mundo sabe, mimetizarlo
lo máximo posible con el suelo del pantano. Yo no lo logré totalmente, pero sí
lo hice mejor que la vez anterior, aunque para ello tuviera que dejar sin
tierra dos tiestos que tan
amorosamente cuidaba mi querida madre y que, ahora, los pobres geranios que los
ocupaban languidecen ocultos en el cubo de la basura; pero para obtener buenos
resultados alguna vez es inevitable que se produzcan bajas, y esta vez le ha
tocado a estas plantas. Cantidad: 50% de engodo y 50% de tierra.
Jesús con una de sus 15 capturas
Muchos calificarán esta especie de mediocre tutorial de
osadía dado mi escaso nivel y conocimiento de la pesca con enchufable, pero he
de advertir que son consejos, impagables, sin duda, de un gran pescador como es
Palacios, y ahí están sus resultados en este pantano para dar fe de ello. Si
alguien los puede aprovechar, estupendo, y si alguien se “descojona” con los
mismos, mejor aún… para eso escribo este blog.
Jorge, otro de los compañeros de Valdepeñas.
12,5 kilos
Y por último, y debido al” inusitado interés” que ha
provocado en el público en general y en el colectivo de pescadores en
particular, tengo la desfachatez de volver a incluir en esta narración un nuevo
vídeo de la jornada. Hay que tener en cuenta que toda película se trata de una creación artística –ésta en
concreto no, por supuesto, aunque muchas otras, ¡y encima subvencionadas!,
hacen a las mías obras de arte- y, como tal, su perfección está muy unida a la
inspiración del autor en ese momento, cosa que el día de hoy estaba un tanto
dormida. Es paradójico que, y pese que debía ser al contrario, cada vez nos
salen peor los vídeos, pero, si alguien los viere, que los considere una
crónica de la actualidad. Las florituras, ya, si eso… otro día.
Después de
prácticamente todo el mes de Enero sin poder salir a pescar debido al temporal,
nevadas, borrascas varias y multitud de elementos climatológicos adversos, incluida
una ciclogénesis explosiva -nombre que asusta mucho, supongo que para despertar
mayor interés en el trabajo de los meteorólogos-, parece ser que este mes nos
da una ventana de buen tiempo que hay que aprovechar. Mi primera opción es ir
al Tajo a tentar a sus potentes barbos con ova, pero, casi por casualidad, en
unos mensajes que nos intercambiamos Palacios
(ya conocido en este blog como compañero mío en alguna jornada, y experto
pescador y aún mejor conocedor del embalse del Puerto de Vallehermoso) y yo mediante el “invento del averno” llamado
“whatsapp”,
me dice que en este escenario las carpas
están entrando bastante bien; ni mucho menos, eso sí, como en épocas de
temperaturas más benignas, pero que se pueden hacer buenas pescatas.
Palacios con una de sus 25 capturas
Así las
cosas, Palacios me ofrece compartir una jornada de pesca este jueves 31 de
Enero, cosa que acepto raudo, ya que me gustaría poder sacar alguna
carpa en el mes de Enero, cosa que nunca había hecho, ya que de las carpas sólo
me ocupo en los meses más calurosos.
Tío Julio y Palacios junto a parte de su pescata.
Empezamos a pescar
tarde debido en gran medida a mi falta de orientación que hace que me pierda al
buscar el sitio de reunión en un bar de La
Solana (Ciudad Real), donde habíamos previsto desayunar; se nos “jode” el
café mañanero, y entre que me reubico y me oriento, llegamos al embalse, y
preparamos los pesquiles, se nos hacen casi las 11 de la mañana. Poco tiempo
pasaría del inicial cebado hasta que Palacios se hace con una buena carpa común;
poco después otra, y otra, otra que se le va, otra que no clava, esta royal,
otra picada, cómo tira, se fue, otro fallo, ahora sí, ¡vamos, un sin parar! Yo,
mientras, viendo la antena de mi veleta flotando alegremente en las frías aguas
del embalse, impávida, sin un atisbo de hundimiento; aunque, muy pausadamente,
alguna me fue picando, alguna picada no clavé, alguna carpa se me fue y alguna otra
saqué, pocas eso sí, concretamente 5
que dieron un peso de 8kilos. Palacios pesó 25 hermosas carpas, mayoritariamente
comunes, con alguna royal, que pesaron 37
kilos, hasta las 4 y algo de la tarde en que dimos por concluida la
jornada.
Mi primera carpa de Enero
Conclusión:
Palacios no mentía, se pueden hacer buenas pescatas en estos fríos meses
invernales en esta masa de agua, pero se le olvidó comentarme un detalle, puede
que nimio para algunos, pero trascendental para sacar peces: que hay que ser
buen pescador para hacerlas, cosa que no es mi caso, y sí el de mi compañero,
como ha quedado de manifiesto en este relato. Y gracias a que me ayudó en el
montaje y preparación, sino puede que no hubiera sacado ni un pez. Pero, seguramente,
volveré a intentarlo.
De todos
modos, el día fue magnífico, con un brillante sol que nos acompañó durante toda
la jornada, temperatura casi primaveral, escasísimo viento, buen almuerzo compartido con dos buenos
colegas y una memorable sesión de chistes a costa del Tío Julio, que hizo que
el día se pasara sin enterarnos; por cierto, el chiste del “Perro Gorilero”…
sublime. Se lo habré oído contar cien veces, y cada vez me río más.
Este relato
va acompañado de un vídeo, como he hecho en mis últimas salidas de pesca. Como se
verá no pretende ser nada profesional, primero por la escasez de medios y,
segundo, porque la web está llena de éstos, hechos por expertos más capacitados
que yo, y que más tienen que enseñar en lo relativo estrictamente a las
técnicas de pesca. Con este documento
videográfico sólo pretendo mostrar, en tono más simpático que serio, un poco del divertimento que es un día de
pesca. Se sacarán más o menos peces, pero disfrutar de un día en el campo… no
tiene precio. Pido perdón de antemano por alguna palabra malsonante que pueda a
aparecer en la narración, pero es que los “camarógrafos”
somos un tanto burros. ¡Ihaaaaaa!
Que no se asusten
los sufridos pescadores que frecuentan este escenario durante el invierno con
el título de esta entrada. Se cierra la pesca en este bonito y recogido pantano
manchego, sí, pero para mí. Quería despedir este 2012, en lo relativo a la
pesca de ciprínidos, en este lugar,
donde tanto he disfrutado este año, y de paso, enseñárselo a mi amigo José Luis (Hacha para los siglos), para que se desentumeciera un poco de la
ligera oxidación que padece, en lo relativo a la pesca, por lo poco frecuente
de sus jornadas practicando esta actividad en los últimos años.
Así, nos
presentamos este lunes, día 29, a las 7:15 de la mañana, con una
temperatura de 0,5°,
dispuestos, yo a despedir el año con una buena jornada de pesca, y el Hacha a conocer este pantano y sus
virtudes.
Palacios con una común
El Hacha y su pescata
La pesca,
con la progresiva entrada del frío, va cambiando paulatinamente, por lo que la técnica,
distancias, cebos y demás variables deben adaptarse a las nuevas
circunstanciassi se quiere lograr hacer
una buena pescata. En mi caso, con la esperanza de que las condiciones no se
hubieran modificado drásticamente desde mi última visita a este lugar –hace
algo más de dos semanas-, y para, de este modo, que mi colega pudiera
divertirse, le recomendé que pescara con una caña de 4 metros al coup, y a esa distancia, y también
preparamos una caña de inglesa para
pescar más lejos por si los peces ya no se acercaban tanto a la orilla para
comer. Yo, por mi parte, como las últimas veces que he pescado aquí, hice un
cebado de inicio a 4 y 11 metros, para pescar tanto con enchufable como con inglesa,
aunque debido a la proximidad de un obstáculo sumergido y descubierto con
posterioridad al precebado, me tuve que ir a 9 metros, que es la distancia a la
que pesqué prácticamente todo el día. De cebo llevábamos únicamente maíz, ya
que nuestro objetivo eran, principalmente, las carpas.
Palacios cobrando una buena captura
Iniciamos la
pesca una hora después de nuestra llegada, una vez montados nuestros
respectivos puestos; ya de inicio se veía que los peces estaban más difíciles
que en ocasiones precedentes, y que los que se acercaba a comer a la orilla eran
pocos. Aún así, a 9 metros, las picadas se sucedían con relativa presteza, casi
siempre a la caída del cebo, aunque me era dificilísimo clavar a los peces.
Cambié de profundidad, subiendo el cebo, dándose el mismo resultado: muchas picadas
pero escasísima efectividad. Mientras, el Hacha iba teniendo alguna que otra
picada, muy espaciadas en el tiempo, eso sí, y también muy difíciles de clavar,
pero se iba defendiendo y tocando escama de vez en cuando.
Sacando una buena royal
En esta
lucha poco efectiva, pero sin cuartel, con los ciprínidos nos hallábamos,
cuando –y no paro de loar al Señor desde entonces por ello- apareció el amigo Miguel Antonio Palacios, vecino de La Solana, gran pescador (varios años en
1ª Regional), mejor conocedor del escenario, y estimable compañero, ya que,
amable y desinteresadamente, además de sus impagables consejos técnicos para
mejorar nuestras prestaciones en orden a sacar más peces, nos donó, de forma
altruista, un litro de gusano para alegría de los moradores del pantano, ya
que les gustaba más que el maíz, y aún más para la nuestra debido a que este
cebo era mucho más efectivo.
A tiro de sacadera
Siguiendo
los consejos de Palacios (resumiendo:
cebado constante con engodo y “bichos”
y bajando el grosor de bajos y tamaño de los anzuelos), y habiéndome él mismo
modificado alguno de mis aparejos, las picadas empezaron a sucederse sin tregua
alguna, aunque el clavar al pez… es otra historia. No sé; seguro que algo mal
hacía, aunque en todo el día no logré discernir qué era, pero “puedo prometer y prometo” (Adolfo Suárez,
dixit) que había momentos que me costaba hasta 20 picadas poder clavar un
pez. Mientras, el amigo José Luis,
iba sacando carpas con más parsimonia que, tanto él como yo hubiéramos deseado,
aunque sus resultados, teniendo en cuenta el material del que disponía para pescar
estas aguas, se pueden calificar como de notables; eso sí, Palacios fue ponerse a pescar y empezar a sacar pesca, en su
mayoría carpas y algún gardón. En algo más de 2 horas hizo una pescata de 14 kilos. Cómo se nota el dominio que
tiene del escenario.
Al final, he
de catalogar la jornada como de buena despedida del año de pesca de ciprínidos.
El Hacha sacó un cubo de peces, alguno de los cuales, 5 en concreto, los sacó
con mi caña enchufable, siendo así su estreno en esta modalidad; y yo pude contar
53 carpas (7 “gordas”) y un
“gallardón”. Gracias por este buen año de pesca a este generoso pantano –espero
que se cuide-; y gracias a Palacios,
que si no aparece con el regalo de los gusanos y sus enseñanzas, esta crónica
no hubiera narrado una jornada tan satisfactoria.
Sábado 13.
Temprano, a las 8 de la mañana, llegamos al Pantano de Vallehermoso. Empezamos
a montar nuestros pesquiles apenas amanecido, y en ello estábamos cuando al poco llegaron otros dos
pescadores que se ubicaron a nuestra izquierda. No sería hasta casi una hora,
no sé si por la inicial penumbra o por la premura en montar el puesto, que nos
percatamos que estos pescadores eran conocidos nuestros, siendo José Ródenas, Presidente del Club Garibolo de Albacete quien
reconoció la atronadora voz de Rafa. Así que, después de la sorpresa y
salutaciones iniciales, incluida la presentación por parte de Jose de su
compañero de pesca, que no era otro que su suegro, nos pusimos cada cual a sus
labores de pesca.
El inicio,
como siempre que frecuento este pantano, espectacular. Era echar la caña e
iniciarse el rosario de picadas. Yo cebé a 11 y 4 metros, dándose casi todas
las picadas a once, casi siempre de pequeñas carpas, pudiendo pescar hasta las 11
de la mañana y, por tanto, en tan solo 2 horas de pesca –momento en que paramos
almorzar- 28 pequeños ciprínidos en forma de “carpita” común. Mi compañero Rafa
llevaba un ritmo de capturas similar al mío.
Rafa cobrando una hermosa capa.
Una de las numerosas comunes
Después de
almorzar la cosa se torció, y bastante, para mí. Ya no lograba hacer picar a
los peces con regularidad, teniendo que abandonar el fondo para buscar a los
peces a medias aguas, que era donde pescaba Rafa, con muchos mejores resultados
que los míos, y con un ritmo de capturas bastante superior. Debido a mi
incapacidad, pese a toda clase de probaturas, de clavar a los escamados amigos,
centré mi pesca más cerca de la orilla sabedor, por mis otras visitas a este
pantano, que las carpas más grandes se metían aquí. Hasta las 6 P.M., que dimos
por terminada la jornada, mi número de capturas no se disparó, precisamente,
pero pude llegar a 59, cuya relación
de especies se reduce a 4 “gallardones”
y 55 carpas, aunque 15 de ellas eran de un peso superior al
kilo, lo que me hizo disfrutar con su lucha, tanto con caña de coup, como de
inglesa.
Jose con parte de su pescata
Rafa sí
mantuvo todo el día un buen ritmo de capturas, sacando la mayoría de los peces
a 11 metros, y siempre a medias aguas, manteniendo un cebado constante. Incluso
estuvo practicando el feeder rupestre, logrando
numerosos dobletes. No contó los peces, pero seguramente superaría holgadamente
las ocho decenas entre algún pez gato –muy pocos-, gardones, bogas –en algún
caso “gigantescas”-, y mayoría de carpas, con 5 ó 6 de un peso superior al
kilo.
Rafa con una gran boga de 30 cm. Sacó alguna mayor, pero no puedo publicar
las fotos porque tiene tendencia, como los gatos, a cerrar los ojos al disparar la cámara.
En plena faena con una carpa.
Por tanto,
como siempre en este escenario, magnífica jornada de pesca… pero
menos; algo normal si tenemos en cuenta las fechas en que nos
encontramos y la intensa lucha que durante todo el año llevan los moradores de
estas aguas con los pertinaces pescadores.