miércoles, 27 de junio de 2012

Dos tardes de carpas en Alarcón

Lunes: una cómun. Como ésta hay pocas en Alarcón.
Es increible lo que cambia un día de pesca respecto a otro. Ayer estuve pescando en el Pantano de Alarcón habiéndome avisado mi amigo Rafa que la tarde dominical había sido muy propicia en capturas y picadas, indicándome el lugar donde pescó durante la tarde. Así que, ni corto ni perezoso, dedicí dedicar la tarde a perseguir al ciprínido rey de Alarcón.
Encontrado el lugar gracias a la señal a modo de robusto palo clavado en el suelo por Rafa, y después del montaje de todos los trastos que exige la pesca con enchufable, pude lanzar la caña, previo cebado inicial, a las 16:30. La temperatura seguramente rozaba, sino superaba, los 40 grados. Poco tardaron las carpas en hacer acto de aparición, dando así por sentado que ellas serían las protagonistas de la tarde. Y así fue, que no pararon de picar hasta las 21:30 que me decidía a recoger, pudiendo contar al final de la tarde 38 capturas, todas royales excepto una común -rara avis en este pantano-. Calculo que el peso de la pescata rondaría los 45 kilos. Si me hubiera centrado en la pesca en sí, y no hubiera perdido tiempo en probaturas, seguramente hubiera superado holgadamente la cincuentena de peces.
Así que, viendo el éxito del lunes, me planteo otra tarde de pesca en Alarcón, en el mismo lugar, pero esta vez con caña inglesa para ir entrenando. El tiempo es totalmente diferente al del día anterior; aunque el calor es intenso no es tan agobiante como el del lunes debido al viento y a una especie de neblina que ocultaba en parte el sol. Y es debido a este molesto vientecillo, entre fuerte, algunas veces, y moderado, lo que me hace montar la enchufable, ya que con el escaso gramaje que llevo preparado en las cañas de inglesa me es muy difícil lanzar.
Martes: hermosa royal pescada a inglesa.
Las carpas no se me cebaron en toda la tarde a la enchufable, supuestamente debido a la distinta meteorología del día anterior, no pudiendo sacar más que dos royales desde las 17:00 -hora en que inicio la pesca- hasta las 19:00. Y es en este momento, una vez que la fuerza del viento ha mitigado lo suficiente, cuando monto la caña de inglesa, echo unas pocas bolas de engodo a unos 25 metros, y empiezo a pescar a esta distancia y, efectivamente, era ahí donde estaban comiendo los peces. Al final, en otras dos horas, pude sacar otras 13 royales -una de ellas de unos 2,5 kg.-; tuve bastantes picadas más erradas; y se me escapó alguna que otra. Por tanto, al final, me divertí bastante, sobre todo teniendo en cuenta mi preferencia en la pesca con caña de inglesa.
Lo dicho: ¡cómo cambia la pesca de un día para otro!

domingo, 24 de junio de 2012

La Justicia Divina


2º CONCURSO DE PESCA DE TRUCHAS EN EL COTO LA TORRE.

Je, je, je...
Al primer concurso de este año 2012, el cual se demoró más de lo normal en el tiempo por el conocido y repudiado por la mayoría de pescadores Real decreto-ley que regula las mal entendidas especies exóticas, no pude asistir, y es a fecha de hoy, 24 de Junio, cuando empiezo mi anual periplo por el mundo de los concursos truchiles.

Como casi siempre…mal inicio, ya que sólo fui capaz de sacar 8 tristes salmónidos de la especie arcoíris –cuatro con cucharilla y otras tantas con masilla al arrastre, para más datos-  que dieron unos exiguos 2,5 kilogramos en el pesaje final, los cuales me llevaron a ocupar una mediocre, pero merecida por mi falta de habilidad y error al elegir mal el lugar de inicio de la competición,  13ª posición, la cual, y debido a que desde hace unos años este puesto es agraciado con un jamón, en cierto modo mitigó mi descontento por la mala actuación al verme en posesión de tan notable y sabroso trofeo, el cual, en el momento de su entrega, provocó la alegría de pocos y el disgusto de muchos.

He de aclarar que el ser agraciado en esta primera participación anual por el “pernil” no se debe en modo alguno a la suerte, o a mi habilidad para lograr quedarme en esta decimotercera posición, cosa totalmente imposible de prever, sino que se trata de una especie de justicia divina, una compensación del destino por algo que se me debía y de lo que se me desposeyó injustamente como ya relaté en un artículo de este blog: “El cuento del jamón y el queso”. Ya que los humanos suelen ser reacios a enmendar los errores manifiestos, es de agradecer que, en algunas ocasiones, algún ente esotérico intervenga en el devenir del cosmos y corrija algún que otro flagrante atropello o ultraje.

La estrella del concurso
Debido a que el jamón acabó en mi posesión algunos me instaban a que, por ello, alabara servilmente las virtudes del concurso y su organización. Y yo os digo, pescadores y pecadores: no me vendo por un jamón, mío por derecho, por cierto. Y seguiré ensalzando lo ensalzable –mucho- y criticando lo criticable –siempre hay que retocar alguna cosa-. Por cierto, uno de los concursantes repetía: ¡qué no escriba, qué no escriba, ni bueno ni malo...nada! ¿En qué momento hemos perdido la libertad de expresión? “Majete”… en mi blog escribo, y sin faltar jamás a la verdad, te lo aseguro, lo que me da la gana, cómo y cuándo quiero. ¡Faltaría más! Luego cada uno es libre de leer lo que estime oportuno y conveniente.

En orden estrictamente competitivo señalar que este concurso se celebraba por parejas y que los justos vencedores, repetidores de laureles en esta modalidad en varias  ocasiones, fueron Patiño y León; el segundo puesto del pódium lo ocuparon Rafa y Carlos; y, por último, y gracias en gran medida a la notable actuación de Lorenzo con 19 truchas, en tercera posición quedaron el mencionado y su compañero Miguel Ángel. Enhorabuena a los premiados.
Lo prometido es deuda. Foto de Alberto junto a su nuevo y flamante pick up.

Mi compañero Montero y yo, con 15 truchas entre los dos, ocupamos una de las últimas posiciones del concurso. ¡Pero, y qué! ¡Pues no me reí ni “ná” cuando me llevé el jamón!

Como siempre, la caldereta, de lo mejor del concurso.

*¡IMPORTANTE! Anexo a esta entrada: Justicia divina, justicia divina... ¡Y una mierda! ¡Ya me extrañaba a mí que algún tipo de divinidad velara por mi alma pecadora y, por ende, por mi gastronómico patrimonio! Nada, que se me ha negado el jamón. ¡Y mira que me hace falta!Y esta vez, si cabe, más cruelmente, debido a que ya me hayaba en posesión del mismo; pero he de renunciar a tan preciado premio, ya que se me otorgó por un fallo de la organización en el cómputo erróneo de mis capturas. El guarda, Rubén, y yo, contamos 8 truchas, pero el escribiente, Visier, debió oír 10, lo que me otorgaba el 13º puesto, el cual da derecho al "pernil de gorrino". Pero este fallo, no achacable en modo alguno al amigo Visier dadas sus múltiples tareas para poder llevar a cabo estos concursos que tanto nos gustan y disfrutanos, y del que me he percatado al ver la clasificación del concurso publicada a día de hoy, me impide quedarme con el premio, ya que no me pertenece por derecho, además de privar de él a su legítimo propietario. No quiero que esto parezca un acto de generosidad y honradez, sino que no está en mi naturaleza quedarme con algo que no es mío siendo, como soy, un defensor de "lo justo" -filosofía de vida que ya soy muy viejo para cambiar, si es que quisiera, que no es el caso.
Por tanto, que sepa el amigo Fernando Molinero, si lee esta entrada, que el próximo concurso le llevaré el jamón -intacto, por supuesto- que por derecho le pertenece al haber ocupado la posición treceava.
La foto de arriba en la que se me ve ufano con el jamón ya no la voy a cambiar, pero lo de "je, je, je..." lo cambiaremos por: "Mecagüen to lo que se menea" Otra vez será, y si no... qué le vamos a hacer.

lunes, 18 de junio de 2012

Pantano de Bolarque. ¡Mal, mal...!


El otro era más grande, ¡conste!
No soy capaz de tener una jornada luciera, aunque sólo sea medianamente aceptable, en este pantano. Lo único que compensa, relativamente, es lo espectacular del escenario, encerrado, como está, en un cañón rodeado de moles graníticas y pétreos pináculos, sobrevolados constantemente por majestuosos buitres leonados –o eso creo, porque de conocimientos de aves, como de pesca por alguno de los resultados que me marco, ando algo justo.


La lucioperca de Adolfo
Me permito publicar esta jornada dedicada a la pesca de depredadores en este bello pantano conquense no por los resultados, mediocres sin duda alguna, sino porque es la primera de este año y, para un blog de pesca, es algo digno de mención. Además, lo hago a modo de homenaje para mi amigo Adolfo colgando un par de fotos con alguna de sus buenas capturas en este pantano y en estas últimas semanas.


Me planteo esta jornada de pesca animado, como siempre, por Adolfo, dueño de la barca, maestro, guía personal y pescador inmune al desaliento, y debido a que en las últimas semanas él ha sido capaz de sacar bastantes de estos esócidos, y varios de buen porte, teniendo como capturas más reseñables unos cuantos de 4 a 5 kilos; uno de 7 kg.; y otro de 11. Pero claro, eso los saca él, porque es aparecer yo encima de la barca surcando las aguas cual marinero “acojonado” de agua dulce –de ahí mi sempiterno chaleco salvavidas- y no ser capaz de tener una pescata reseñable… es todo uno. Y pese haberme aprovisionado de unos  magníficos y “carísimos”, por qué no decirlo, peces artificiales de la marca Lucky Craft –pocos, eso sí, sólo tres, ya que la crisis me afecta como al más pintado- favoritos de mi colega y, sin duda por lo visto en las jornadas compartidas con él, muy efectivos, el día no fue propicio por la falta de actividad de los depredadores habitantes de este pantano. ¿Por qué esta falta de actividad? Si lo supiera sería el descubridor de la panacea universal de la pesca, pero no es así. Se podría achacan al calor; al constante viento que nos acompañó durante todo el día; a la fase lunar; o, lo más probable según mis escasos conocimientos, a que las aguas están todavía frías siendo este pantano, como es, el regulador del trasvase Tajo-Segura, lo que hace que la suelta de agua refresque la misma, además de hacer cambios frecuentes y muy notables en el nivel del agua que provoca que los lucios y luciopercas abandonen sus apostaderos naturales que son, casi siempre, las zonas más someras junto a las juncadas, y desaparezcan en zonas más profundas. Pero, como he dicho, ¿quién lo sabe?

LUCIO de 11 kg. La cara congestionada se debe a las penurias que tuvo que pasar al hacerse la foto solo con su cámara antediluviana.
Otro de 7 kg.
El caso es que, después de cientos de lances el resultado fue malo…muy malo, no sólo para mí, lo que se podría achacar a mi impericia, sino también para Adolfo, y en este caso sí se trata de un experto pescador y conocedor del escenario. Adolfo pudo sacar 3 lucios y una lucioperca. Y yo: 2 lucietes, aunque me quedo con la pena de haber perdido, ya junto a la barca, uno que rondaría los 4 kilos. ¡Qué pena! Con este ya me podría haber dado con “un canto en los dientes”. Pero repetiré. ¡Faltaría más!

sábado, 16 de junio de 2012

Embalse de Vallehermoso. Maratón de pesca. Parte 2ª


SEGUNDO DÍA

Mi idea primigenia, como ya he comentado, era llevar a cabo mi segunda jornada maratoniana de pesca en El Vicario. Pero… ¡“Pa” qué! Conforme está la pesca en Vallehermoso; las predicciones meteorológicas indicando viento de fuerte a moderado en El Vicario; la actividad de los carpines incierta; mis conocimientos y habilidades en la pesca de estos ciprínidos, como poco, dudosos; unido a que tengo que hacer entre ida y vuelta otros 150 kilómetros más, me deciden a prolongar mi estancia en este embalse junto al municipio de La solana y así afrontar con cierta seguridad de éxito mi segunda jornada consecutiva de pesca. ¿Acertada decisión? Nunca lo sabré pero, viendo los resultados, creo que sí.

Gardón "gigantesco". A quien corresponda.
Ciñéndonos a la pesca diré que de inicio, y teniendo en cuenta que sólo disponía de 2 kits, monté uno de ellos para pescar a 11 metros y otro para 5. Además preparé una caña de inglesa para pescar a los mencionados 11 metros por si tenía algún problema, a modo de rotura, con alguno de los kits. Buen inicio de día con mayoría de picadas de carpa, tanto a 11 como a 5 metros, grandes y pequeñas. Los peces gato dieron guerra, como siempre, y algún gardón iba cayendo. De cebo, como el día anterior, era casi siempre maíz para así mitigar en cierto modo las picadas de los gatos, aunque esta batalla está perdida de antemano ante la voracidad de estos pequeños bigotudos.

Carpita común
Lo más destacable del día fue que, ya avanzada la tarde, y más cercanas a la orilla, me empezaron a entrar carpas grandes, aunque eran escasas las capturas, ya que eran tal el ímpetu y violencia en la arrancada de estos ciprínidos que sólo conseguía encadenar una rotura de bajo tras otra. Llegué a montar bajos del 0,20, pero no sé si por la dureza de los elásticos, si por la dificultad de éstos en salir de la caña, o por lo que fuere que mis escasos conocimientos de esta pesca no llegan a discernir, si no rompía el bajo, rompía la línea. Le llegué a coger miedo –paradojas del pescador que busca el trofeo más grande- a que me picara una carpa gorda. Así que, llegado a este extremo, monté una caña de inglesa para pescar con veleta de coup para ver si, con el freno del carrete, podía parar a estos miuras acuáticos. Y así fue, que las picadas se siguieron produciendo, pero esta vez, y gracias a una regulación correcta del carrete, pude ir sacando en las últimas horas de la tarde hasta una decena de cabezudas y alargadas comunes, de las que varias rozaban los tres kilos de peso, habiendo alguna que los superaban. Eso sí, la arrancada de la mayoría de éstas me sacaban en muchas ocasiones más de 20 metros de hilo, para luego, pacientemente, acercarlas a la orilla dócilmente donde, a la vista de la sacadera, recobraban bríos y emprendían de nuevo una furibunda huida que, poco a poco, y a base de freno, conseguía controlar y domeñar a la bestia prendida de mi anzuelo. Disfrute absoluto siendo como soy un enamorado de la pesca con caña de inglesa. Lástima que no pueda aportar un mejor reportaje fotográfico de estas estupendas capturas, ya que, hallándome sólo, e intentando hacerme una foto, tuve la desgracia que mi queridísima cámara digital se abalanzara traidoramente al agua, harta, supongo, de inmortalizar sólo peces, por lo que sólo me quedó el recurso de la cámara del móvil, que no es lo mismo, por lo que la belleza y majestuosidad de estas carpas no se han reflejado con la nitidez que su hermosura merecía. ¡Mala suerte! Menos mal que la tarjeta de memoria se salvó y las fotos del día anterior se pudieron recuperar.

Lástima cámara digital. Esta foto es del móvil.
Embalse "Puerto de Vallehermoso"
También hubo un momento de la tarde que intenté dedicarme en exclusiva a la pesca del gardón, más que nada por aprender técnicas nuevas y por gastar los dos litros de gusano que había comprado pensando en su utilidad como cebo para estos pantanos. Y aunque los gusanos estaban “más tiesos que un ajo” debido a los días soportando el intenso calor, a base de meter bichos a 11 metros los gardones se cebaron, pero…los peces-gato también, por lo que colgué el cebo con la vana esperanza que no subieran a por él estos odiados “felinos”. Pero ni por esas. Hasta prácticamente en la superficie, cuando el cebo iniciaba su descenso, atacaban estos cabroncetes. Eran un par de gardones por tres o cuatros gatos, así que lo dejé y me centré en las carpas, que es una pesca más placentera según mi gusto. Por cierto, también me picó una común de un par de kilos con el cebo colgado, la cual vino hacia mí mansamente, y no dando tanta guerra como sus congéneres. Debería estar tonta o lela: picar arriba y no luchar no son características propias de su especie, pero de todo tiene que haber en la viña, digo...en el pantano del Señor.

Finalizando, y a modo de estadística, sólo apuntar las capturas de este segundo día: 71 carpas (19 grandes); 23 gardones; y 53 peces-gato.

Bajas: dos tramos de la enchufable deteriorados; dos kits con la goma rota; más de una veintena de bajos, los cuales adornan ahora la boca de ciprínidos vallehermosenses;  y la cámara digital en cuidados intensivos –más “pallá” que  “pacá”. ¡Ah! Se me olvidaba. Mis manos con más heridas que un nazareno por los pinchotazos de las aletas de los gatitos. ¡La madre que los parió!

Para el que no se haya dado cuenta...esto no es ningún pez. ¡Es mi perra!
La pongo sólo para hacerla famosa. Y porque es más fotogénica que el amo.

viernes, 15 de junio de 2012

Embalse de Vallehermoso. Maratón de pesca. 1ª Parte


PRIMER DÍA
Me planteé hacerme un par de jornadas maratonianas de pesca durante dos días consecutivos en los embalses de Vallehermoso (La Solana) y El Vicario (Ciudad Real), y así, a las 6 de la mañana del miércoles 13, partí a mi primer destino, Vallehermoso, para iniciar mi periplo por estos dos embalses ciudalearreños.
Llego a las 8:00 al pantano. El sol ya indica que la jornada va a ser calurosa, y la ligera brisa augura un día de escaso viento en el que se pueda practicar la pesca con enchufable sin muchas dificultades.
Una bonita royal
Pese a que ya he pescado en este escenario alguna vez, lo primero es hacer un reconocimiento del lugar, percatándome que el nivel del agua está mucho más bajo que en mis anteriores visitas a este embalse. Buscando el lugar de mi ubicación durante la larga jornada que se avecina me encuentro con tres pescadores del pueblo toledano de La Puebla de Almoradiel: Pablo Palomino, Iván Barrios, y el más veterano de ellos, Cristóbal, con los que entablo al momento amistosa charla, ofreciéndose los mismos, muy amablemente, a que ocupe un puesto junto a ellos para compartir la jornada de pesca. Les agradezco el ofrecimiento, pero prefiero quedarme ligeramente separado  para no tener que desplazar tan lejos la gran cantidad de material que llevo.
Los amigos almoradienses. De izquierda a derecha: Iván, Pablo y Cristóbal
Pablo con una de sus numerosas capturas.
Cuando quiero empezar a pescar, entre “dimes y dirites” con los compañeros, transporte de los “trastos” y mi conocida lentitud en el montaje de cañas y aparejos varios, son las 10 de la mañana. No importa, inmediatamente empiezan a picar peces, sobre todo carpas pequeñas, algún gardón y el inevitable pez gato. A mis compañeros almoradienses también los oigo comentando que están sacando numerosos peces, algunos de buen porte, y que están sufriendo bastantes roturas por la potencia de las carpas, algo que a mí no me ocurre en las dos primeras horas, ya que las carpitas son, como máximo, de 400 gramos, aunque hay que reconocer que son bravas y luchadoras y dan un bonito juego para su pesca con enchufable. Será a lo largo del día cuando sufra siete u ocho roturas de bajos –pese a utilizar casi siempre un 0,18- e, incluso, uno de estos potentes ciprínidos me llegó a partir el elástico, llevándose mi veleta y dejándome el kit inutilizado para el resto de la jornada. En otro enganche partí otra de las gomas, por lo que a media tarde sólo me quedaron disponibles dos kits de mi triste y modesto equipo de enchufable de octava mano (para los expertos mencionar que es una Colmic 6800) para afrontar todo lo que me quedaba de jornada más la del día siguiente. ¡Pero bueno, ahí seguíamos…!
Iván con una carpa común
A todo esto comentar que yo había preparado todos los kits para pescar a 11 metros, pero mis vecinos toledanos, como buenos y generosos pescadores que son, me aconsejan que pesque también más cerca, a escasos cinco, seis e incluso menos metros, lo que, sin duda, se convirtió en un éxito, ya que era ahí donde más carpas se metían, incluidas las más grandes.
Una común, mayoritarias en este embalse.
A las 18:30 los amigos de La Puebla me cometan que dan por concluida la jornada de pesca, ofreciéndome a ayudarles a pesar las capturas y hacer un modesto reportaje fotográfico del momento, a lo que se muestran gratamente dispuestos. Pablo, con la enchufable, pesa 28 kilos de peces; Iván, con caña de coup, empata con el mismo peso a su compañero; y Cristóbal, pese a practicar una pesca un poco más rudimentaria, me comenta que ha sacado bastantes peces, pero que los ha ido devolviendo al agua sin guardarlos en el rejón. Ellos mismos me ayudan a pesar mis capturas hasta ese momento, arrojando “la romana de los chinos” un peso de 25 kg –como todos sabéis, y al venir la báscula de donde viene, pueden ser 25, 18, ó 60, pero…más o menos. Así que, amigos, espero que os gusten las fotos –han estado a punto de no aparecer en este artículo, ya que, como comentaré en la siguiente entrada, la cámara digital se me cayó el segundo día al agua-. Ha sido un placer compartir un día de pesca con vosotros, esperando que coincidamos alguna otra vez en cualquier masa de agua donde practicar nuestro deporte favorito.
Y más comunes
Posando con la pescata de Iván
Yo seguí pescando 2 horas más, siguiendo el ritmo de capturas de todo el día, excepto por la salvedad de que en estas horas me rompieron otras cinco o seis potentes carpas. No había forma de pararlas. Así que, y terminado el primer día, el resultado en número de capturas fue el siguiente: 82 carpas (10 de más de un kilo); 30 gardones; y 71 insufribles peces gato.

viernes, 1 de junio de 2012

La Tabla de la Patata



Esta vez la jornada de pesca la vamos a llevar a cabo Rafa y yo en un escenario, otra vez más, desconocido para mí y, en este caso, también para Rafa.

Quedamos con dos compañeros de Albacete: Emilio, con el que ya he compartido algún regional y algún otro concurso, y su cuñado Martín. Nos dirigimos los cuatro a la llamada Tabla de la Patata, que no es sino una parte del río Guadiana, aunque la ausencia de corriente me hace pensar que pueda ser un canal de regulación del cercano embalse del Vicario, aunque esto es una idea propia que pudiera no ser cierta.

Tres cubitos de carpines pude llenar
Llegados al escenario y una vez inspeccionado someramente el lugar nos posicionamos cada uno en nuestro respectivo puesto, los cuales están ubicados en un claro habilitado entre los numerosos juncos, lo que te proporciona un puesto relativamente  cómodo, aunque te imposibilita la visibilidad de tus compañeros de jornada debido a lo tupido de la mencionada juncada, añadido a que la espesura de este vergel hace que el calor se intensifique hasta límites en algunos casos asfixiantes  debido a que impide el paso de cualquier, aunque sea ligera, brisa de aire.

Rafa con parte de su pescata
En el lugar elegido, y gracias a los dioses de la pesca, nos encontramos con un pescador con el que rápidamente entablamos conversación al objeto de preguntarle por las condiciones del escenario y la forma más idónea de tentar a sus habitantes –en su mayoría carpines- el cual, muy amablemente y con una generosidad en desuso en la sociedad actual, se prestó a indicarnos la mejor forma de pescar en este lugar y así poder tener éxito a la hora de tentar a los carpines. Es más, indicándole mi preferencia por la pesca a la inglesa se ofreció, y de hecho lo hizo, a montarme el aparejo apropiado para pescar con esta modalidad en este escenario, y gracias a sus consejos y recomendaciones  -incluso, en mi caso, llegó a plomearme  adecuadamente las veletas para así ser capaz de detectar la picada tan sutil de este ciprínido- pudimos hacer un resultado digno. Sin duda alguna, si no nos llegamos a encontrar a Pepe Rojas, que así se llama este experto y amigable pescador, vecino, para más señas, de Miguelturra, nuestra pescata hubiera menguado drásticamente, ya que nuestra idea de la forma de llevar a cabo esta pesca, debido a que sólo la había practicado el año pasado en el embalse del Vicario, estaba muy alejada de la necesaria para tener unos resultados medianamente positivos. Así que, y ante todo, ¡muchas gracias, Pepe!

Emilio en plena faena
De forma resumida sólo indicar que la manera de pescar en esta tabla con enchufable, que fue la caña que utilizamos los cuatro durante toda la jornada, era la de buscar los peces con montajes de varios tipos: uno, cuyo cebo apoyara ligeramente en el fondo; otro a un palmo, más o menos, de dicho fondo; y otro, el cual se mostró el más efectivo en toda la jornada, y el que nos proporcionó más del 90% de las capturas, fue el de pescar con la técnica denominada “al aire” o "a cebo colgado", es decir, con el cebo suspendido a un metro y medio, aproximadamente, del nivel del agua. Eso sí, el cebado, tanto de engodo como de gusano, debe ser constante. Todo esto, cómo no, es parte de las numerosas enseñanzas que este día nos proporcionó el mencionado Pepe.

De esta manera nos propusimos hacer un concurso Cuenca vs Albacete. Resultado: yo al inicio era incapaz de provocar la picada de ningún pez y en unas dos horas sólo pude sacar un carpín que me picó, o eso creía yo, en la veleta preparada para pescar a ras de fondo, pero al sacar el carpín me di cuenta que venía “al robo”, así que ni este primero picó. A mi izquierda a Rafa lo podía oír sacando algún pez –carpines y cachuelos-; y a mi derecha, tanto Emilio como Martín mantenían un ritmo aceptable de capturas. A partir de las dos horas me subí a metro y medio y empecé a echar gusano y engodo incesantemente, lo que provocó que poco a poco se fueran cebando los peces y fuera teniendo picadas, más espaciadas en el tiempo de lo que a mí me hubiera gustado, pero, aunque despacio, vi como se iba arreglando una jornada en la que se vislumbraban oscuros nubarrones, y no me refiero en este caso al aspecto meteorológico. De todos modos, cuando quise reaccionar, los amigos albaceteños ya me doblaban en capturas. Cuando yo llevaba 15 carpines, Emilio llevaba 30, Martín alguno menos que Emilio, y Rafa andaría como yo. ¿Quién venció esta contienda cuyo lucrativo premio era un tercio de cerveza para los campeones? Pues, habrá que dejarlo en empate, ya que los amigos de Albacete decidieron dar por terminada su jornada de pesca sobre las 16:30, momento en que Emilio contaba con 57 carpines y Martín y yo unos 40, yéndonos Rafa ligeramente a la zaga. Por tanto, en ese momento ganaba Albacete, pero la tozudez típica conquense nos hizo seguir la contienda dado que no se había puesto hora de terminación a la misma. Así que, al final, Emilio logró 57 capturas que dieron un peso de 20 kilos; Martín sacó 40 carpines (14 kg.); Rafa 60 peces (20); y yo, y pese a mi nefasto inicio, pude contar 80 carpines que pesaron 29,5 kilogramos. Sólo aclarar que el Team de Cuenca pescó unas dos horas y media más que el albaceteño, pero la rendición no está en el vocabulario de los pescadores de la provincia conquense, así que…lo dejaremos, como ya he indicado, en empate técnico, aunque sólo sea por nuestra perseverancia. Si por mí hubiera sido, os puedo asegurar, y teniendo en cuenta la manera de picar de estos peces, hubiera estado pescando hasta que no se viera ni la veleta.

Descanso de los guerreros.
Escenario con unos espectadores bovinos.
Amigos Emilio y Martín, deberíais haber aguantado un poco más pescando, ya que llegadas las seis, más o menos, era tal la actividad de estos peces que la velocidad en sacarlos era la misma que cada uno tuviera en sacar la caña, poner cebo y volver a posicionar la veleta. Simplemente, ¡impresionante!

Buena jornada de pesca, buen almuerzo y comida, y grata compañía y conocimiento de nuevas técnicas y nuevos amigos pescadores. ¡Qué se puede pedir más! Que la Tabla de la Patata estuviera más cerca. ¿Repetiré? Me gustaría, pero nunca se sabe. ¡Es que pilla “mu” largo!

Barbos y cámara deportiva barata

  Grabar la pesca del barbo con una cámara deportiva barata es una excelente forma de compartir capturas y técnicas sin gastar mucho dinero....