Pero... ¡Ay, amigo! ¡Cómo se tuercen las cosas! Al siguiente lance sufro un enganche, doy un fuerte tirón para soltarlo, y parto mi querida inglesa por la mitad. ¡Mecagüen la p...!
Cojo la otra caña de inglesa, me pica otra carpa y, ¡la muy p... se me va a unos matojos! Fuerzo para sacarla, se me rompe el sedal y pierdo veleta y montaje completo. Hago otro montaje, me pica otra, la acerco a la sacadera, la cobro y al subirla da un fuerte coletazo y me rompe el aro de la misma. Y, por último, después de pescar la última de la tarde, al irme a limpiar con uno de los trapos que tengo para dicho uso, sufro un pinchotazo con un alfiler que había escondido en el paño que me atraviesa hasta el hueso. Supongo que esto será la venganza del dios de los ciprínidos, a los que tanto atosigo. O algún amigo que me está haciendo vudú. ¡Vete tú a saber! Así que, viendo el percal, decido abandonar el escenario antes de lo previsto y volver en ocasión más propicia.
Resumiendo: bueno (récord de carpa); malo (récord de desgracias).
3 comentarios:
Buena carpa Josan, lastima lo de la caña y demás percances, la pesca es así ,unos dias sale todo de maravilla y otros sale trabesado,pero bueno que se le va a hacer , te animo para que sigas con la pesca y tus buenos reportages saludos.Manuel Soria
La verdad es que, y pese a las desgracias varias, sólo sacar esa bonita royal con una caña de inglesa ya ha merecido la pena la tarde de pesca. Lo demás se intentará arreglar -cosa difícil, por no decir imposible- o se comprara otra -cosa difícil, por no decir imposible, debido a mi precaria situación económica-. Y, sino, pescaré con un palo.
para el miercoles o juebes hago una escapada, te lo dire con tiempo josan, lla quedariamos en el bar que boy siempre, no se si le dice rafa el feriante.
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