lunes, 18 de junio de 2012

Pantano de Bolarque. ¡Mal, mal...!


El otro era más grande, ¡conste!
No soy capaz de tener una jornada luciera, aunque sólo sea medianamente aceptable, en este pantano. Lo único que compensa, relativamente, es lo espectacular del escenario, encerrado, como está, en un cañón rodeado de moles graníticas y pétreos pináculos, sobrevolados constantemente por majestuosos buitres leonados –o eso creo, porque de conocimientos de aves, como de pesca por alguno de los resultados que me marco, ando algo justo.


La lucioperca de Adolfo
Me permito publicar esta jornada dedicada a la pesca de depredadores en este bello pantano conquense no por los resultados, mediocres sin duda alguna, sino porque es la primera de este año y, para un blog de pesca, es algo digno de mención. Además, lo hago a modo de homenaje para mi amigo Adolfo colgando un par de fotos con alguna de sus buenas capturas en este pantano y en estas últimas semanas.


Me planteo esta jornada de pesca animado, como siempre, por Adolfo, dueño de la barca, maestro, guía personal y pescador inmune al desaliento, y debido a que en las últimas semanas él ha sido capaz de sacar bastantes de estos esócidos, y varios de buen porte, teniendo como capturas más reseñables unos cuantos de 4 a 5 kilos; uno de 7 kg.; y otro de 11. Pero claro, eso los saca él, porque es aparecer yo encima de la barca surcando las aguas cual marinero “acojonado” de agua dulce –de ahí mi sempiterno chaleco salvavidas- y no ser capaz de tener una pescata reseñable… es todo uno. Y pese haberme aprovisionado de unos  magníficos y “carísimos”, por qué no decirlo, peces artificiales de la marca Lucky Craft –pocos, eso sí, sólo tres, ya que la crisis me afecta como al más pintado- favoritos de mi colega y, sin duda por lo visto en las jornadas compartidas con él, muy efectivos, el día no fue propicio por la falta de actividad de los depredadores habitantes de este pantano. ¿Por qué esta falta de actividad? Si lo supiera sería el descubridor de la panacea universal de la pesca, pero no es así. Se podría achacan al calor; al constante viento que nos acompañó durante todo el día; a la fase lunar; o, lo más probable según mis escasos conocimientos, a que las aguas están todavía frías siendo este pantano, como es, el regulador del trasvase Tajo-Segura, lo que hace que la suelta de agua refresque la misma, además de hacer cambios frecuentes y muy notables en el nivel del agua que provoca que los lucios y luciopercas abandonen sus apostaderos naturales que son, casi siempre, las zonas más someras junto a las juncadas, y desaparezcan en zonas más profundas. Pero, como he dicho, ¿quién lo sabe?

LUCIO de 11 kg. La cara congestionada se debe a las penurias que tuvo que pasar al hacerse la foto solo con su cámara antediluviana.
Otro de 7 kg.
El caso es que, después de cientos de lances el resultado fue malo…muy malo, no sólo para mí, lo que se podría achacar a mi impericia, sino también para Adolfo, y en este caso sí se trata de un experto pescador y conocedor del escenario. Adolfo pudo sacar 3 lucios y una lucioperca. Y yo: 2 lucietes, aunque me quedo con la pena de haber perdido, ya junto a la barca, uno que rondaría los 4 kilos. ¡Qué pena! Con este ya me podría haber dado con “un canto en los dientes”. Pero repetiré. ¡Faltaría más!

sábado, 16 de junio de 2012

Embalse de Vallehermoso. Maratón de pesca. Parte 2ª


SEGUNDO DÍA

Mi idea primigenia, como ya he comentado, era llevar a cabo mi segunda jornada maratoniana de pesca en El Vicario. Pero… ¡“Pa” qué! Conforme está la pesca en Vallehermoso; las predicciones meteorológicas indicando viento de fuerte a moderado en El Vicario; la actividad de los carpines incierta; mis conocimientos y habilidades en la pesca de estos ciprínidos, como poco, dudosos; unido a que tengo que hacer entre ida y vuelta otros 150 kilómetros más, me deciden a prolongar mi estancia en este embalse junto al municipio de La solana y así afrontar con cierta seguridad de éxito mi segunda jornada consecutiva de pesca. ¿Acertada decisión? Nunca lo sabré pero, viendo los resultados, creo que sí.

Gardón "gigantesco". A quien corresponda.
Ciñéndonos a la pesca diré que de inicio, y teniendo en cuenta que sólo disponía de 2 kits, monté uno de ellos para pescar a 11 metros y otro para 5. Además preparé una caña de inglesa para pescar a los mencionados 11 metros por si tenía algún problema, a modo de rotura, con alguno de los kits. Buen inicio de día con mayoría de picadas de carpa, tanto a 11 como a 5 metros, grandes y pequeñas. Los peces gato dieron guerra, como siempre, y algún gardón iba cayendo. De cebo, como el día anterior, era casi siempre maíz para así mitigar en cierto modo las picadas de los gatos, aunque esta batalla está perdida de antemano ante la voracidad de estos pequeños bigotudos.

Carpita común
Lo más destacable del día fue que, ya avanzada la tarde, y más cercanas a la orilla, me empezaron a entrar carpas grandes, aunque eran escasas las capturas, ya que eran tal el ímpetu y violencia en la arrancada de estos ciprínidos que sólo conseguía encadenar una rotura de bajo tras otra. Llegué a montar bajos del 0,20, pero no sé si por la dureza de los elásticos, si por la dificultad de éstos en salir de la caña, o por lo que fuere que mis escasos conocimientos de esta pesca no llegan a discernir, si no rompía el bajo, rompía la línea. Le llegué a coger miedo –paradojas del pescador que busca el trofeo más grande- a que me picara una carpa gorda. Así que, llegado a este extremo, monté una caña de inglesa para pescar con veleta de coup para ver si, con el freno del carrete, podía parar a estos miuras acuáticos. Y así fue, que las picadas se siguieron produciendo, pero esta vez, y gracias a una regulación correcta del carrete, pude ir sacando en las últimas horas de la tarde hasta una decena de cabezudas y alargadas comunes, de las que varias rozaban los tres kilos de peso, habiendo alguna que los superaban. Eso sí, la arrancada de la mayoría de éstas me sacaban en muchas ocasiones más de 20 metros de hilo, para luego, pacientemente, acercarlas a la orilla dócilmente donde, a la vista de la sacadera, recobraban bríos y emprendían de nuevo una furibunda huida que, poco a poco, y a base de freno, conseguía controlar y domeñar a la bestia prendida de mi anzuelo. Disfrute absoluto siendo como soy un enamorado de la pesca con caña de inglesa. Lástima que no pueda aportar un mejor reportaje fotográfico de estas estupendas capturas, ya que, hallándome sólo, e intentando hacerme una foto, tuve la desgracia que mi queridísima cámara digital se abalanzara traidoramente al agua, harta, supongo, de inmortalizar sólo peces, por lo que sólo me quedó el recurso de la cámara del móvil, que no es lo mismo, por lo que la belleza y majestuosidad de estas carpas no se han reflejado con la nitidez que su hermosura merecía. ¡Mala suerte! Menos mal que la tarjeta de memoria se salvó y las fotos del día anterior se pudieron recuperar.

Lástima cámara digital. Esta foto es del móvil.
Embalse "Puerto de Vallehermoso"
También hubo un momento de la tarde que intenté dedicarme en exclusiva a la pesca del gardón, más que nada por aprender técnicas nuevas y por gastar los dos litros de gusano que había comprado pensando en su utilidad como cebo para estos pantanos. Y aunque los gusanos estaban “más tiesos que un ajo” debido a los días soportando el intenso calor, a base de meter bichos a 11 metros los gardones se cebaron, pero…los peces-gato también, por lo que colgué el cebo con la vana esperanza que no subieran a por él estos odiados “felinos”. Pero ni por esas. Hasta prácticamente en la superficie, cuando el cebo iniciaba su descenso, atacaban estos cabroncetes. Eran un par de gardones por tres o cuatros gatos, así que lo dejé y me centré en las carpas, que es una pesca más placentera según mi gusto. Por cierto, también me picó una común de un par de kilos con el cebo colgado, la cual vino hacia mí mansamente, y no dando tanta guerra como sus congéneres. Debería estar tonta o lela: picar arriba y no luchar no son características propias de su especie, pero de todo tiene que haber en la viña, digo...en el pantano del Señor.

Finalizando, y a modo de estadística, sólo apuntar las capturas de este segundo día: 71 carpas (19 grandes); 23 gardones; y 53 peces-gato.

Bajas: dos tramos de la enchufable deteriorados; dos kits con la goma rota; más de una veintena de bajos, los cuales adornan ahora la boca de ciprínidos vallehermosenses;  y la cámara digital en cuidados intensivos –más “pallá” que  “pacá”. ¡Ah! Se me olvidaba. Mis manos con más heridas que un nazareno por los pinchotazos de las aletas de los gatitos. ¡La madre que los parió!

Para el que no se haya dado cuenta...esto no es ningún pez. ¡Es mi perra!
La pongo sólo para hacerla famosa. Y porque es más fotogénica que el amo.

viernes, 15 de junio de 2012

Embalse de Vallehermoso. Maratón de pesca. 1ª Parte


PRIMER DÍA
Me planteé hacerme un par de jornadas maratonianas de pesca durante dos días consecutivos en los embalses de Vallehermoso (La Solana) y El Vicario (Ciudad Real), y así, a las 6 de la mañana del miércoles 13, partí a mi primer destino, Vallehermoso, para iniciar mi periplo por estos dos embalses ciudalearreños.
Llego a las 8:00 al pantano. El sol ya indica que la jornada va a ser calurosa, y la ligera brisa augura un día de escaso viento en el que se pueda practicar la pesca con enchufable sin muchas dificultades.
Una bonita royal
Pese a que ya he pescado en este escenario alguna vez, lo primero es hacer un reconocimiento del lugar, percatándome que el nivel del agua está mucho más bajo que en mis anteriores visitas a este embalse. Buscando el lugar de mi ubicación durante la larga jornada que se avecina me encuentro con tres pescadores del pueblo toledano de La Puebla de Almoradiel: Pablo Palomino, Iván Barrios, y el más veterano de ellos, Cristóbal, con los que entablo al momento amistosa charla, ofreciéndose los mismos, muy amablemente, a que ocupe un puesto junto a ellos para compartir la jornada de pesca. Les agradezco el ofrecimiento, pero prefiero quedarme ligeramente separado  para no tener que desplazar tan lejos la gran cantidad de material que llevo.
Los amigos almoradienses. De izquierda a derecha: Iván, Pablo y Cristóbal
Pablo con una de sus numerosas capturas.
Cuando quiero empezar a pescar, entre “dimes y dirites” con los compañeros, transporte de los “trastos” y mi conocida lentitud en el montaje de cañas y aparejos varios, son las 10 de la mañana. No importa, inmediatamente empiezan a picar peces, sobre todo carpas pequeñas, algún gardón y el inevitable pez gato. A mis compañeros almoradienses también los oigo comentando que están sacando numerosos peces, algunos de buen porte, y que están sufriendo bastantes roturas por la potencia de las carpas, algo que a mí no me ocurre en las dos primeras horas, ya que las carpitas son, como máximo, de 400 gramos, aunque hay que reconocer que son bravas y luchadoras y dan un bonito juego para su pesca con enchufable. Será a lo largo del día cuando sufra siete u ocho roturas de bajos –pese a utilizar casi siempre un 0,18- e, incluso, uno de estos potentes ciprínidos me llegó a partir el elástico, llevándose mi veleta y dejándome el kit inutilizado para el resto de la jornada. En otro enganche partí otra de las gomas, por lo que a media tarde sólo me quedaron disponibles dos kits de mi triste y modesto equipo de enchufable de octava mano (para los expertos mencionar que es una Colmic 6800) para afrontar todo lo que me quedaba de jornada más la del día siguiente. ¡Pero bueno, ahí seguíamos…!
Iván con una carpa común
A todo esto comentar que yo había preparado todos los kits para pescar a 11 metros, pero mis vecinos toledanos, como buenos y generosos pescadores que son, me aconsejan que pesque también más cerca, a escasos cinco, seis e incluso menos metros, lo que, sin duda, se convirtió en un éxito, ya que era ahí donde más carpas se metían, incluidas las más grandes.
Una común, mayoritarias en este embalse.
A las 18:30 los amigos de La Puebla me cometan que dan por concluida la jornada de pesca, ofreciéndome a ayudarles a pesar las capturas y hacer un modesto reportaje fotográfico del momento, a lo que se muestran gratamente dispuestos. Pablo, con la enchufable, pesa 28 kilos de peces; Iván, con caña de coup, empata con el mismo peso a su compañero; y Cristóbal, pese a practicar una pesca un poco más rudimentaria, me comenta que ha sacado bastantes peces, pero que los ha ido devolviendo al agua sin guardarlos en el rejón. Ellos mismos me ayudan a pesar mis capturas hasta ese momento, arrojando “la romana de los chinos” un peso de 25 kg –como todos sabéis, y al venir la báscula de donde viene, pueden ser 25, 18, ó 60, pero…más o menos. Así que, amigos, espero que os gusten las fotos –han estado a punto de no aparecer en este artículo, ya que, como comentaré en la siguiente entrada, la cámara digital se me cayó el segundo día al agua-. Ha sido un placer compartir un día de pesca con vosotros, esperando que coincidamos alguna otra vez en cualquier masa de agua donde practicar nuestro deporte favorito.
Y más comunes
Posando con la pescata de Iván
Yo seguí pescando 2 horas más, siguiendo el ritmo de capturas de todo el día, excepto por la salvedad de que en estas horas me rompieron otras cinco o seis potentes carpas. No había forma de pararlas. Así que, y terminado el primer día, el resultado en número de capturas fue el siguiente: 82 carpas (10 de más de un kilo); 30 gardones; y 71 insufribles peces gato.

viernes, 1 de junio de 2012

La Tabla de la Patata



Esta vez la jornada de pesca la vamos a llevar a cabo Rafa y yo en un escenario, otra vez más, desconocido para mí y, en este caso, también para Rafa.

Quedamos con dos compañeros de Albacete: Emilio, con el que ya he compartido algún regional y algún otro concurso, y su cuñado Martín. Nos dirigimos los cuatro a la llamada Tabla de la Patata, que no es sino una parte del río Guadiana, aunque la ausencia de corriente me hace pensar que pueda ser un canal de regulación del cercano embalse del Vicario, aunque esto es una idea propia que pudiera no ser cierta.

Tres cubitos de carpines pude llenar
Llegados al escenario y una vez inspeccionado someramente el lugar nos posicionamos cada uno en nuestro respectivo puesto, los cuales están ubicados en un claro habilitado entre los numerosos juncos, lo que te proporciona un puesto relativamente  cómodo, aunque te imposibilita la visibilidad de tus compañeros de jornada debido a lo tupido de la mencionada juncada, añadido a que la espesura de este vergel hace que el calor se intensifique hasta límites en algunos casos asfixiantes  debido a que impide el paso de cualquier, aunque sea ligera, brisa de aire.

Rafa con parte de su pescata
En el lugar elegido, y gracias a los dioses de la pesca, nos encontramos con un pescador con el que rápidamente entablamos conversación al objeto de preguntarle por las condiciones del escenario y la forma más idónea de tentar a sus habitantes –en su mayoría carpines- el cual, muy amablemente y con una generosidad en desuso en la sociedad actual, se prestó a indicarnos la mejor forma de pescar en este lugar y así poder tener éxito a la hora de tentar a los carpines. Es más, indicándole mi preferencia por la pesca a la inglesa se ofreció, y de hecho lo hizo, a montarme el aparejo apropiado para pescar con esta modalidad en este escenario, y gracias a sus consejos y recomendaciones  -incluso, en mi caso, llegó a plomearme  adecuadamente las veletas para así ser capaz de detectar la picada tan sutil de este ciprínido- pudimos hacer un resultado digno. Sin duda alguna, si no nos llegamos a encontrar a Pepe Rojas, que así se llama este experto y amigable pescador, vecino, para más señas, de Miguelturra, nuestra pescata hubiera menguado drásticamente, ya que nuestra idea de la forma de llevar a cabo esta pesca, debido a que sólo la había practicado el año pasado en el embalse del Vicario, estaba muy alejada de la necesaria para tener unos resultados medianamente positivos. Así que, y ante todo, ¡muchas gracias, Pepe!

Emilio en plena faena
De forma resumida sólo indicar que la manera de pescar en esta tabla con enchufable, que fue la caña que utilizamos los cuatro durante toda la jornada, era la de buscar los peces con montajes de varios tipos: uno, cuyo cebo apoyara ligeramente en el fondo; otro a un palmo, más o menos, de dicho fondo; y otro, el cual se mostró el más efectivo en toda la jornada, y el que nos proporcionó más del 90% de las capturas, fue el de pescar con la técnica denominada “al aire” o "a cebo colgado", es decir, con el cebo suspendido a un metro y medio, aproximadamente, del nivel del agua. Eso sí, el cebado, tanto de engodo como de gusano, debe ser constante. Todo esto, cómo no, es parte de las numerosas enseñanzas que este día nos proporcionó el mencionado Pepe.

De esta manera nos propusimos hacer un concurso Cuenca vs Albacete. Resultado: yo al inicio era incapaz de provocar la picada de ningún pez y en unas dos horas sólo pude sacar un carpín que me picó, o eso creía yo, en la veleta preparada para pescar a ras de fondo, pero al sacar el carpín me di cuenta que venía “al robo”, así que ni este primero picó. A mi izquierda a Rafa lo podía oír sacando algún pez –carpines y cachuelos-; y a mi derecha, tanto Emilio como Martín mantenían un ritmo aceptable de capturas. A partir de las dos horas me subí a metro y medio y empecé a echar gusano y engodo incesantemente, lo que provocó que poco a poco se fueran cebando los peces y fuera teniendo picadas, más espaciadas en el tiempo de lo que a mí me hubiera gustado, pero, aunque despacio, vi como se iba arreglando una jornada en la que se vislumbraban oscuros nubarrones, y no me refiero en este caso al aspecto meteorológico. De todos modos, cuando quise reaccionar, los amigos albaceteños ya me doblaban en capturas. Cuando yo llevaba 15 carpines, Emilio llevaba 30, Martín alguno menos que Emilio, y Rafa andaría como yo. ¿Quién venció esta contienda cuyo lucrativo premio era un tercio de cerveza para los campeones? Pues, habrá que dejarlo en empate, ya que los amigos de Albacete decidieron dar por terminada su jornada de pesca sobre las 16:30, momento en que Emilio contaba con 57 carpines y Martín y yo unos 40, yéndonos Rafa ligeramente a la zaga. Por tanto, en ese momento ganaba Albacete, pero la tozudez típica conquense nos hizo seguir la contienda dado que no se había puesto hora de terminación a la misma. Así que, al final, Emilio logró 57 capturas que dieron un peso de 20 kilos; Martín sacó 40 carpines (14 kg.); Rafa 60 peces (20); y yo, y pese a mi nefasto inicio, pude contar 80 carpines que pesaron 29,5 kilogramos. Sólo aclarar que el Team de Cuenca pescó unas dos horas y media más que el albaceteño, pero la rendición no está en el vocabulario de los pescadores de la provincia conquense, así que…lo dejaremos, como ya he indicado, en empate técnico, aunque sólo sea por nuestra perseverancia. Si por mí hubiera sido, os puedo asegurar, y teniendo en cuenta la manera de picar de estos peces, hubiera estado pescando hasta que no se viera ni la veleta.

Descanso de los guerreros.
Escenario con unos espectadores bovinos.
Amigos Emilio y Martín, deberíais haber aguantado un poco más pescando, ya que llegadas las seis, más o menos, era tal la actividad de estos peces que la velocidad en sacarlos era la misma que cada uno tuviera en sacar la caña, poner cebo y volver a posicionar la veleta. Simplemente, ¡impresionante!

Buena jornada de pesca, buen almuerzo y comida, y grata compañía y conocimiento de nuevas técnicas y nuevos amigos pescadores. ¡Qué se puede pedir más! Que la Tabla de la Patata estuviera más cerca. ¿Repetiré? Me gustaría, pero nunca se sabe. ¡Es que pilla “mu” largo!

martes, 15 de mayo de 2012

Luciopercas de Buendía

En toda actividad que haya de realizar el ser humano es fundamental, para conseguir llegar al éxito: tener conocimiento sobre la labor que se va a llevar a cabo, una buena preparación y un material adecuado para este menester. Si falta alguna de estas premisas el resultado siempre será mediocre. Y todo esto, cómo no, se aplica al mundo de la pesca. Y así me pasó a mí ayer, día 14, pescando lucios y luciopercas en Buendía.
El día no fue muy pródigo en capturas, habiendo sido capaz de pescar hasta las 21:30 únicamente 4 lucios y 2 luciopercas -aunque hasta hace escasos tres días esta pescata sería excepcional para mí-. Adolfo, como siempre, me llevaba tres piezas de diferencia, aunque éstas las sacó, también finalizando la tarde, al curricán. Yo también fui capaz de sacar un lucio por primera vez en mi vida de pescador con esta modalidad, y lo más sorprendente, con un rapala al que le tengo poca fe. Y aquí empieza a tener sentido la primera aseveración que planteo al inicio de la entrada. ¿Por qué Adolfo sacó tres peces al curricán y yo, ¡y gracias!, sólo uno? Pues, simple y llanamente, en este caso, porque el dispone de buen material para este tipo de pesca, es decir, peces artificiales que profundizan hasta 10 metros, donde se hallan los depredadores, y mis artificiales llegan, siendo extremadamente optimista, hasta los 4 metros, por los que mis posibilidades de éxito decrecen en proporción similar a la profundización de nuestros respectivos señuelos.
Pero todavía queda la confirmación fehaciente de mi teoría. Pasadas las nueve y media de la tarde-noche localizamos -bueno, más bien quien lo localizó fue Adolfo, ya sabéis, en este caso por el conocimiento- un banco de luciopercas en una orilla somera, seguramente hallándose los pércidos en sus anuales labores reproductivas, por lo que se encontraban en tal grado de excitación que atacaban cualquier señuelo que se atreviese a pasar cerca de sus fauces. Y es aquí donde el material adecuado a la situación se mostró determinante en el resultado final. Adolfo puso su pez favorito, cuya marca me reservo (quien la quiera conocer que me lo pregunte vía: comentarios de este blog): un artificial suspendido que profundiza no más allá de 1 metro y empezó a tener picadas incesantemente.
Yo, por mi parte, seguí pescando con mis vinilos, los cuales en todo el día se mostraron tan efectivos como los artificiales en zonas de profundidad, pero en aguas someras, como ésta, donde se producía la vorágine reproductora de las luciopercas, al tener mayor peso, caían rápidamente al fondo, cubriéndose de algas y perdiendo así sus cualidades natatorias y, por tanto, de engaño para el pez. Aún así, pude sacar, cuando mi señuelo no era tragado y trabado por las algas, otras dos sandras. Mientras, Adolfo, cada dos, tres, o incluso en lances sucesivos, tenía picada, sacaba un pez, o se le escapaba otro. En esto, y cumpliéndose a rajatabla la Ley de Murphy, se me hizo un nudo en el carrete -acompañado por un nudo similar en el estómago- de proporciones ciclópeas, lo cual me obligó a cortar casi todo el sedal e intentar poner un señuelo adecuado a las circunstancias que exigía la pesca en ese momento, pero con las prisas, el nerviosismo de ver a mi compañero disfrutar teniendo picadas sin parar, y la poca luz que nos aportaba el ocaso, logré acordarme de un rapala color blanco con cabeza roja que durante muchos años ha adornado mis cajas de señuelos, pero al que he utilizado en contadas ocasiones y, siempre, sin ningún éxito. Así las cosas, y pensando en la pesca de luciopercas, y también por las prisas, obvié la colocación del terminal de fluorocarbono y, casualidades de la vida, para el primer pez que le pica al "cabrón" de señuelo en su dilatada vida de tal, en el primer lance que hago con el mismo hace años, es un lucio que siega el sedal, se lleva el pez, y me quedo sin el único material válido para el momento. Cabreo monumental, negativa a seguir pescando y...otra lucioperca que saca Adolfo. ¡Mecagüen la p...! Otra vez monto rápidamente un vinilo más liviano, primer lance, picada y otro pez. Escasos minutos después, y ante la falta de luz, terminamos la jornada de pesca.
Adolfo con una de tantas.
Resultado: 4 lucios y 5 luciopercas. Adolfo perdió la cuenta, pero sobre los 20. La última hora tendría más de veinte picadas. Oportunidad perdida, por mi parte, de pescata histórica en tan corto lapso de tiempo, por lo que acabé con un "ligero" disgusto. Luego se me pasó, cómo no, viendo tan contento a mi amigo Adolfo.
Así que: conocimiento, preparación y, ¡buen materiaaaal...! ¡Qué pena ser pobre!
Nota: aunque yo dispusiera de buen material, como Adolfo no me llevase con su barca, me indicara dónde lanzar y con qué...tampoco sacaría ningún un pez. Gracias , amigo.

viernes, 11 de mayo de 2012

Lucios en Buendía

Lawrence de Arabia
Hoy, miércoles 10 de Mayo, como en el caso de ayer en Alarcón con las carpas, inicio mi andadura en busca de los depredadores de Buendía -en este caso me refiero a los peces. Día magnífico para la pesca con barca, ya que unida a unas temperaturas que rozaban los 30 grados centígrados, una ligera brisa refrescaba el ambiente haciendo más llevadero esta notable subida de temperaturas.
Gran día de pesca para mí, ya que he podido batir mi record de capturas de lucios y luciopercas en una sola jornada que, aunque para otros no supone una gran pescata, en mi caso la considero muy meritoria teniendo en cuenta que mis partidas de pesca con Adolfo y su barca se cuentan por rotundos fracasos, habiendo sido hasta la fecha mi mejor día embarcado uno en el que me pude hacer con 3 lapiceros, siendo el mayor de medio kilo escaso.
El fenómeno: Adolfo.
Además, casi, casi...saco más que Adolfo, ya que lo tuve todo el día detrás de mí en capturas; yo pescando con vinilos -más efectivos hasta las 17 horas- y él con sus artificiales. Hasta que llegadas esas horas empezó a funcionarle su pez favorito y me remontó y pasó en cuentión de una hora escasa.
Así que, al final, pude sacar 9 lucios y una lucioperca, mientras que el amigo Adolfo sacó 13 esox lucius.

Las capturas: entre 1 y 2,5 kilos.
Otro día intentaré batir a este fenómeno de la pesca del lucio, aunque va a ser harto complicado. Lleva sacados 101 en ocho días. Así que...
Eso sí, las fotos las hago yo mucho mejor que él. ¡Faltaría más!

Carpas de Alarcón.

Inicio temporada 2012
De izquierda a derecha: 1ª al coup. 1ª Feeder rupestre. 1ª inglesa.
Este miércoles comienzo la temporada de pesca del cyprinus carpio en aguas del Pantano de Alarcón.
Primer día de Mayo en que el sol se hace notar con fuerza. Escenario con poca agua -metro y medio aproximadamente a 15 metros-, poco aire, pero un molesto tiro incómodo para pescar con la caña telescópica de 9 metros al coup. Todas las capturas son carpas royales, mayoritarias en este pantano, siendo la mayor captura una pieza de 2,2 kg. Cebo: maíz.
Pieza mayor: 2,2 kg. Al coup.
Pesaje e inmediatamente...al agua.
Estadísticas:  
                        - Coup:                        13 carpas.
                        - Inglesa:                       2
                        - Feeder rupestre:        12
                        - Total:                        27
                        - Peso total:                 33 kg.
                        - Media peso/captura:   1,22 kg.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Los "gallardones" de Vallehermoso


 Dos carpitas.
Pues sí, efectivamente…ayer estuvimos pescando en el embalse de Vallehermoso y, sinceramente, no fue una gran jornada de pesca debido a que, y seguramente por el frío persistente de toda la mañana y de la anterior noche, los peces no se acercaron a la orilla donde los aguardábamos ansiosos, para sacarlos del agua, una nutrida representación de pescadores: unos vecinos del lugar; otros de un poco más lejos –nosotros mismos-; y otros allende nuestras fronteras patrias –siendo éstos últimos los únicos, curiosamente, que se llevaban los peces.
La verdad es que, al principio, el escenario no se mostraba muy idóneo para la pesca con enchufable debido al poco fondo –escasos 2 metros-  y a lo amarronado de sus aguas. Y así fue, que durante toda la mañana no fuimos capaces de sacar más allá de 5 ó 6 peces, ya sea por el comentado mal tiempo o por nuestra falta de pericia, pese a que un vecino del lugar, Palacios, nos aseguró que en días anteriores las picadas se sucedían sin pausa, lográndose así pescatas considerables.

La cara blanca se debe al protector solar no al carnaval.
Fue, pasadas las 4 de la tarde, cuando ya me estaba planteando dar por terminada la mala jornada de pesca, el momento en que los peces –suponemos que por la subida de las temperaturas- mostraron una progresiva actividad, sobre todo los “gallardones” (nombre acuñado por nuestro amigo Goso para denominar a los gardones), con lo que, y siguiendo las recomendaciones e instrucciones precisas del amigo Palacios, gran conocedor del lugar y experto en su pesca, fuimos capaces de ir sacando peces y pasar una muy entretenida tarde, ya que, y pese a que el tamaño de los peces (bogas, peces-gato, carpitas y “gallardones”) no era mucho, las picadas se sucedían sin descanso.
Al final, aunque no se trata, ni mucho menos, de grandes pescatas, Montoya pesó 2,5 Kilos; Rafa 5,8; y yo también 5,8 kilos (unos 40 peces). Por tanto, y gracias a la subida de la temperatura, los consejos de los expertos en el escenario y, sobre todo, a los “gallardones”, pasamos una tarde muy entretenida. Otro día mejoraremos…seguro.
Rafa y Goso

Y para terminar el relato de esta nueva jornada debo añadir que además de un nuevo nombre de pez se ha inventado una nueva modalidad de pesca y en este caso no he sido yo, sino el amigo Rafa –yo sólo le pongo nombre-: el Fedeer Rupestre. ¿Y de qué trata esta nueva variedad de la pesca a fondo? Pues simplemente, aunque en este caso mejor lo explicaría Rafa que es su creador, mentor y único practicante, se trata, por lo que pude apreciar viendo al inventor, de utilizar una caña típica de pesca al feeder con cebador pesado, lanzar con potencia y procurar que en la caída el cebador escalabre alguno de los peces objeto de su pesca: en este caso el pez gato. Una vez conseguido el primer objetivo, y al acercarse los congéneres del finado (pez gato) a dar su pésame a la familia del difunto…ya puestos, algún gato desaprensivo, aprovechando la coyuntura y puesto que al cebador va unido un anzuelo con apetitoso alimento, pegarle un viaje a éste. Debido al escaso tamaño de los peces objeto de esta pesca y lo pesado del cebador, la picada es imperceptible por lo que se aconseja, cada cierto tiempo, sacar el cebo del agua, ya que seguramente, como así era ayer, ya habría un pez-gato enganchado del anzuelo.
Así que, y desde ahora, para unificar otras denominaciones para el feeder, ya que hace unos días yo había utilizado el término “feeder agreste”, y para distinguirlo del “carp fishing agreste”, toda modalidad que salga de la ortodoxia del feeder más clásico pasará a llamarse: Feeder Rupestre. ¡Qué así sea por hoy y para siempre!

miércoles, 25 de abril de 2012

Feeder Agreste


Más agreste que esto...
Ya sé que no existe. Ya sé que son invenciones mías. También sé que además de tener escasísimos lectores, encima de pocos, los hay muy críticos con mis inventos, es decir, con poner nombres nuevos a supuestas modalidades de pesca creadas por mí –sé perfectamente que son ficticias…no estoy lelo-, calificando a éstas como “tontás”. Pero esa es la ventaja de tener un blog propio… que puedes escribir las “gilipolleces” y “tontunas” que se te antojen –a otros les da por pegar tiros a indefensos elefantes, o  a osos ebrios, que supongo es peor.

Primer barbo en el mundo capturado con la modalidad "Feeder Agreste"
Así que, y pese a quien pese, una vez creado por el menda el “carpfishing agreste”, ahí va mi nueva creación: el “feeder agreste”. ¿Y qué se supone que es esto? Pues un tipo de pesca que mezcla la pesca “a fondo” de toda la vida (cañas potentes, recias y viriles, y plomo gordo) con el nuevo feeder, que no es más que una pesca a fondo un poco más sofisticada en la que se utilizan cañas más sensibles y cebadores de múltiples formas. Así que, como no tengo cañas para esta modalidad, y sólo poseo un cebador de este tipo, he hecho un montaje conjuntando caña barata y potente –fundamental para esta nueva modalidad- y cebador plomeado con sistema para cebar con engodo y gusano y me lo he llevado, por probar, esta tarde al río Tajo mientras pescaba a la pasada con ova. Pero, sorprendentemente, o quizás no tanto, no he sido capaz de sacar ningún pez con ova, pero gracias al novísimo feeder agreste he podido capturar seis barbos que han supuesto mi mayor pescata de este ciprínido, siendo el primero un bellísimo ejemplar de unos 2,5 kilos.

Éxito total en el estreno de esta revolucionaria modalidad del que, como ocurre con el carpfishing agreste, soy inventor y único practicante.

sábado, 21 de abril de 2012

Pintonas en el coto La Torre

Club de pesca Ficticio de Montalbo

Este coto no deja de sorprenderme. ¿Y por qué? Pues, porque hace un par de meses, concretamente el sábado  día 18 de Febrero,  anunciada a “bombo y platillo” la repoblación con truchas comunes del mismo, estuve toda una mañana perdiendo el tiempo intentando sacar uno de estos salmónidos. Resultado: un “bolo” antológico. Pero hoy, y después de meses sin poder repoblarse con trucha arcoíris debido a la prohibición establecida por el nefando Real Decreto 1628/2011, que regulaba el llamado Catálogo y Listado de especies exóticas –ampliamente criticado en este blog-, y una vez que la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha ha tenido a bien dictar una moratoria por la que este año 2012 se permite la repoblación con trucha arcoíris -todavía vamos a tener que dar las gracias por dejarnos pescar o, incluso, por dejarnos vivir-, y siendo repoblado el coto con el salmónido de esta especie: Oncorhynchus mykiss, es cuando aparecen, vete a saber de dónde, las truchas comunes. Pero no los “dengues” -en el acervo popular: pez de ínfimo tamaño- con los que fue repoblado el coto hace un par de meses, sino con unas bonitas y hermosas comunes, en muchos casos, cercanas al kilo y medio.
Y es así, anunciada la repoblación con 350 truchas arcoíris, por lo que tres de los miembros del Club Ficticio de pesca de Montalbo nos dirigimos al coto a intentar reeditar antiguas proezas en la pesca de este denostado salmónido.

Montoya con dos de sus cinco comunes
Tío Julio con su pescata
A las 7:30 la mañana se mostraba ligeramente fresca, pero la salida del astro rey hizo que este frescor fuera desapareciendo progresivamente hasta quedar un día brillante y soleado, con una temperatura de unos 14 grados, ideal para la pesca.
Mis compañeros Montoya y Tío Julio se dirigen a la parte baja del coto y yo me muevo por las tablas y coladas centrales. Pasada media hora y habiendo sido capaz de hacerme con tres pequeñas arcoíris, recibo la llamada de Montoya que me insta a bajar donde ellos se hayan, ya que hay actividad –para nuestra sorpresa- de truchas comunes, habiendo sacado él mismo en pocos lances cinco de éstas, tres de las cuales superan holgadamente el kilo de peso. Ante tal noticia me dirijo raudo donde se hallan mis compañeros, olvidándome de las arcoíris por el ansia de poder sacar una de las comunes, cuya pesca me resulta mucho más excitante y gratificante. Una vez con los dos colegas olvido la caña de cebo, con la que estaba pescando con la técnica denominada “al arrastre”,  y me concentro en el lance con cucharilla y peces artificiales. Pero nada. Parece que Montoya ha sacado todas las "salmo trutta" que habitaban esta parte del río. No sería hasta una hora después cuando, con una cucharilla del nº2 negra con puntos amarillos me pica, y logro sacar, una preciosa común de 1,380 kg. Después de un rato de lances infructuosos y cambios de señuelo, en un lapso de escasos 10 minutos, puedo hacerme con otras dos bonitas truchas comunes, ambas de unos 0,800 kg –una con un pez artificial de 7 cm. y otra con una moth del nº3 plateada con puntos rojos-. Y, para terminar esta gratísima jornada de pesca, sobre las 10:30, hora de marchar, consigo capturar  otra hermosa “pintona” de 1,420 kg. que tras escapárseme con una extraordinaria cabriola que la hizo sacar su escamado cuerpo más de medio metro sobre el agua, volvió a repetir feroz picada inmediatamente, al siguiente lance, con la cucharilla plateada de puntos rojos, no pudiendo en este caso deshacerse, pese a su lucha furibunda y sus acrobáticos saltos, de la potera clavada en su picuda boca.
Mis cuatro comunes

Señuelos más efectivos
Total: los tres completamos el cupo de 10 piezas que nos concede el permiso. El Tío Julio también se llevó su trofeo en forma de una común cercana al kilo. Montoya consiguió 5 de estas “pintonas”, tres de las cuales pesaban más del kilo. Por tanto, mejor resultado, teniendo en cuenta que las previsiones eran la pesca de arcoíris de cuarto: ¡Imposible!

Por cierto: “Descanse en paz el funesto Real Decreto 1628/2011". Aunque va a ser muy difícil deshacerse de los perjuicios causados al mundo de la pesca por esta rémora legal.

lunes, 16 de abril de 2012

Canal de Castrejón. Regional 2ª

Pez gato record: 380 gramos. Autor de la foto: Julián Jr.
DÍA 14 ABRIL. 1ª JORNADA.
Frío al borde del abismo
LA TEMPESTAD
Día horroroso para la pesca. Viento, en algunos momentos huracanado, que probablemente no bajara en toda la jornada de 30 Km/hora (16 nudos para los anglófonos), lo que imposibilitaba en muchas ocasiones para poder sujetar la caña en el panier pese a que la mayoría de pescadores pescábamos sólo a 11 e incluso 9 metros. Lluvia que, aunque poco intensa, provocaba que el cemento donde había de posicionarse el panier se tornara resbaladizo y, por tanto,  muy peligroso, por lo que estuve más pendiente de mi seguridad procurando guardar el equilibrio y no caerme al canal, lo que hubiera supuesto un inconveniente algo más que notable para mi integridad física, sobre todo teniendo en cuenta mis nulas dotes natatorias. Aunque este acontecimiento luctuoso para mí y mis deudos podría haber resultado providencial para el afortunado pescador que consiguiera hacerse con mi cuerpo inerte, ya que si la organización se lo hubiera computado como captura válida, y teniendo en cuenta mis más de cien kilos de peso, se hubiera destacado de forma determinante en la clasificación general. Pero éste no fue el caso, de lo cual me alegro profundamente y, a la vez, me permite poder escribir este artículo…entre otras cosas. ¡El cielo puede esperar!

"Extraordinaria pescata": 4 gatos: 450 gramos.
Con lo dicho anteriormente, aunque en tono humorístico, quiero dar a entender la peligrosidad de este escenario pese a que en cada puesto se hayan clavado unos hierros a modo de sujeción para el panier, sin los cuales en el pasado los pescadores se veían obligados a atarse a coches, picas o lo que estimaran conveniente para no rodar hasta las aguas de canal. Os puedo asegurar que en estas condiciones jamás hubiera pescado aquí e incluso ahora mismo me resulta poco atractivo pescar este escenario.

En otro orden de cosas, y sin ánimo de extenderme en clasificaciones, estadísticas y números, que por otro lado desconozco en su mayoría, sólo comentar que esta primera jornada del concurso fui capaz de sacar sólo 4 pequeños peces gato que dieron en la báscula la exorbitante cifra de...¿450 kilos? ¡No! ¡450, pero gramos! , que pese a lo irrisorio de la pescata me otorgaron 6,5 puntos de 11 participantes, así que os podéis hacer una idea de cómo estaba el personal. Creo que el sector lo ganó un afortunado pescador con cerca de 1,5 kilos de peces gato. También decir que en toda  la jornada, con unos 50 participantes más o menos, sólo se sacó una “triste” carpa. Adjetivo al pez de “triste” porque supongo que al ciprínido no le haría mucha gracia ser el único de su especie que fue engañado por unos tipos que no deberían ser muy listos teniendo en cuenta que estaban meciéndose en un abismo, sentados sobre una especie de silla y sujetando algo parecido a una vara larga soportando todas las inclemencias meteorológicas descritas en el Diluvio Universal. Imaginaos el cachondeo de los congéneres de esta pobre carpa, y la mofa y befa que sufriría cuando fue soltada de nuevo a las aguas del canal.


DÍA 15 DE ABRIL. 2ª JORNADA.

A 100 euros el kilo
EL PEZ MÁS CARO DEL MUNDO
Seguramente si nos preguntaran por el pez más caro del mundo la mayoría contestaríamos que es el atún rojo, o el esturión siberiano, o puede que el famoso “campanu”  asturiano. Pero no. Ninguno de estos peces es el más caro. El más caro, no por unidad, sino por kilo es…el pez gato. ¡Que no! Pues yo afirmo que sí, porque teniendo en cuenta que, en mi caso, la segunda jornada del regional fui capaz de sacar 780 gramos de peces gato, haciendo un total entre los dos días de 1,23 kilos, y teniendo en cuenta los gastos generados para lograr esta pescata, es decir, viajes, comidas, alojamiento, cebos, engodos, etcétera… me sale un precio para este pez de unos 100€, más o menos, por kilo de este “bigotudo”; y eso sin contar amortizaciones: de la caña, panier, rodillos y demás aparejos, lo que dispararía de tal modo el precio del kilo de este animal que incluso temblarían los cimientos de la Bolsa de Wall Street -las Bolsas hispanas tiemblan ya sin necesidad de estos extraordinarios avatares mercantiles.

2º día
En lo estrictamente competitivo sólo debo añadir, aparte de mi mencionado pesaje de peces gato, que el día meteorológicamente fue extraordinario para la práctica de la pesca, pero ésta no dio la cara, aunque mejoró respecto al día anterior habiendo algunos pocos afortunadísimos participantes que pudieron sacar alguna carpa, y, que en mi caso, también he de admitir que por desconocimiento, poca experiencia y bisoñez en este escenario y en esta modalidad de pesca, e incluso por una cierta racanería o tacañez al utilizar engodo de Decathlon –por ser más barato que el de Sensas y pensar que sería suficiente para entrar entre los primeros- no fui capaz de hacer una pescata digna y suficiente que me hubiera podido clasificar para el regional de 1ª, ya que conseguido un ocho en mi sector hizo que no fuera suficiente para acompañar  a los afortunados que pasan a la categoría superior que, aunque mi deseo más ferviente hubiera sido conseguir esta ansiada clasificación, al final casi supuso un alivio teniendo en cuenta que las dos primeras jornadas se celebrarán en este escenario al que le he llegado a coger algo de antipatía por su ya mencionada, digámoslo así: inseguridad.

Pese a la escasísima pesca, la tempestad y el sufrimiento del primer día, he de terminar afirmando que la experiencia la considero valiosa y, en cierto modo, gratificante, más por lo novedoso que por el resultado obtenido. Sólo un pero: creo que los responsables de la Federación, si es que fuera posible, deberían buscar escenarios donde la pesca, aunque ésta es imposible de garantizar como todo pescador de bien sabe, tenga viso de aparecer, ya que un concurso de pesca sin sus más insignes protagonistas: los peces, se convierte en algo un tanto insípido pese a que se haya llevado a cabo una correcta organización. En mi caso busco sacar peces para así pasármelo bien y si encima me clasifico, fantástico.
Felicitaciones a todos los clasificados para la 1ª Regional, especialmente a mis compañeros de club: Rafa y Juanma. Por mi parte… otro año será.

Así que: objetivo cumplido: ¡No me caí al canal!

Barbos y cámara deportiva barata

  Grabar la pesca del barbo con una cámara deportiva barata es una excelente forma de compartir capturas y técnicas sin gastar mucho dinero....