domingo, 25 de noviembre de 2012

El invierno llega a Buendía


Se acerca el frío, lenta, pero inexorablemente. ¿Lo notan los peces? Supongo que sí, aunque ni nado con ellos, ni soy biólogo. El caso es que, pese a las creencias infundadas que había tenido como pescador durante muchos años, ahora estoy casi convencido –salvo prueba en contrario- que la actividad de los depredadores decrece significativamente, como es el caso de las demás especies de agua dulce, contra más se hace notar el frío. Así que, este 24 de Noviembre, día, climatológicamente hablando, excepcional para la pesca de lucios y luciopercas debido al leve viento, el cielo tomado por la neblina y una temperatura fresca, pero agradable, nos propusimos, Adolfo y quien esto suscribe, pasar un día tentando a los depredadores de Buendía, para ver si eran tan amables de engullir nuestros señuelos, y así, por lo menos en mi caso, despedir el año de pesca en este maravilloso pantano conquense.

Adolfo
Inicios prometedores al sacar, en un breve lapso de tiempo, en la misma zona donde echamos la barca, dos lucios al curricán (uno Adolfo y otro yo), más otro que me había entrado a mí practicando el lance con un jumbo color verde-perla. Pero, y pese a los buenos resultados iniciales, abandonamos el lugar. ¡Craso error! Después de esto, fuimos incapaces de lograr una picada en todo el día a pesar de probar todos los señuelos que hay en nuestras cajas, de utilizar, tanto técnicas de lanzado como de curricán, y de probar en zonas someras, profundas, e incluso, casi abisales. Nada. No localizábamos ni a lucios, y mucho menos, a luciopercas.

Fue sobre las 5 de la tarde cuando, a modo desesperado, se le ocurrió a Adolfo probar al curricán con artificiales que profundizan un metro escaso, buscando zonas de menos profundidad -3 a 4 metros- y, sorpresivamente, era ahí donde se hallaban los peces. Con esta modalidad sacamos otros tres, y a lance algunos pocos más, perdiendo varias picadas. Al final, la pescata no fue extraordinaria, pero el día se pasó rápido y entretenido, pudiendo contar al final 5 lucios de Adolfo, y 4 míos. ¿Dónde estarían las  luciopercas? ¡Quién sabe! Pero, en el agua… seguro.

Santa María de Poyos; por lo menos, lo que queda
*Dato histórico: este año se cumple el 60 aniversario de la desaparición de Santa María de Poyos (http://www.vocesdecuenca.com/frontend/voces/60-Anos-De-La-Desaparicion-De-Santa-Maria-De-Poyos-Y-Del-Nac-vn19542-vst349). Todavía se pueden ver parte de sus restos, y para muestra adjunto foto. Buena zona para luciopercas… en algunas ocasiones.

 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Pantano de Bolarque. Cada vez peor.


Domingo. 18 de Noviembre 2012 

Yo, mi circunstancia, y la "sardinilla".
¡Harto! Pero que muy harto me tiene este pantano. Es aparecer yo por sus aguas y desaparecer los peces. ¿Dónde estarán? ¿Escondidos entre los juncos? ¿Mimetizados entre las algas y pegados al fondo? ¿En el bar de cañas?  ¡Yo qué sé! Pero, ¿qué he hecho yo para merecer tamaño desprecio por parte de los esócidos de este pantano? ¿Tal es la afrenta que he perpetrado contra ellos para que no se dignen a darle ni un ligero mordisquito a mis señuelos? Y gracias a que en el último lance pude sacar un minúsculo “lapicero” de no más de 20 centímetros, con lo que “bolo”, por lo menos, y es conformarse con poco, no me fui.

Adolfo con un bonito lucio
Adolfo tampoco tuvo un día extraordinario, debido a la notable inactividad de los depredadores, pero acabó la jornada con unos resultados meritorios, pudiendo, al final, hacerse con 5 lucios: dos tan diminutos como el mío; un par de un kilo a kilo y medio; y el último un hermoso ejemplar de 3,75 kg. Lo dicho, no fue una pescata desmesurada, pero por lo menos se fue contento al estrenar sus nuevos señuelos comprados en su tienda predilecta para la pesca de depredadores de Madrid –obvio el nombre de la misma por aquello de la publicidad gratuita, aunque advierto que soy fácil de comprar.

Esócido de 3,75 kg.
Salvatore luchando con un lucio
Al hilo del nombre de la mencionada tienda, comentar que hace unas semanas me hallaba en ella reponiendo mi exiguo arsenal de señuelos cuando, preguntando al dependiente sobre las virtudes de algún pez artificial, y habiendo oído los nombres de Bolarque y Buendía (los dos pantanos que más frecuento en la pesca de depredadores. Bueno, pesca, pesca… Lo dejaremos en “búsqueda”) se acercó un cliente que resultó ser asiduo y conocedor de estas dos masas de agua, señalándome gentilmente los señuelos más indicados para la pesca en estos dos lugares. El nombre de este pescador es Salvatore, italiano de nacimiento, pero asentado en España desde hace más de veinte años. Además de la valiosa información sobre los artificiales más efectivos, tuvo a bien el ofrecerme su barca para cuando estimara oportuno acompañarlo de pesca. Seguro que algún día pescamos juntos. Pero, esperando esta ocasión, nos encontramos al amigo Salvatore en la zona del Peñón de Anguix luchando con un bravo lucio que sobrepasaría los 4 kilos de peso, aprovechando así la ocasión para grabar un pequeño vídeo de la captura, y unas cuantas fotos con su afortunado, hábil, y gran conocedor de este escenario, pescador. Más tarde me comunicaría, vía mensaje telefónico, que tuvo que abandonar la pesca apresuradamente por cuestiones de cierta urgencia, pero, y pese a la mencionada poca actividad de los peces, pudo completar la jornada con 5 lucios en total, otro de los cuales, y pescado al curricán, también superaba los 4 kilos.

Salvatore con un lucio de más de 4 kg.
Por tanto, o es casualidad o mala suerte, o impericia y falta de habilidad, conocimientos y destreza por mi parte, pero, el caso es que siempre pescan más mis colegas que yo. Tendré que poner más empeño en el aprendizaje para menguar así la influencia del azar en esta ecuación. Eso sí, no me rindo, e incluso estoy dispuesto a darle otra oportunidad al “desagradecido” –para mí- Pantano de Bolarque.

*Nota: en el vídeo que he colgado en esta página, como se puede apreciar, aparecen tres pescadores; dos de ellos: Adolfo y Salvatore, sacando dos buenas piezas, y el tercero, en este caso yo mismo, sólo aparezco paseando con la barca plácidamente; pero, lamentablemente, es lo único de provecho que hice en todo el día. Si eso, ya cuelgo la foto con la “sardina”.

martes, 30 de octubre de 2012

Cerrado para la pesca el Pantano de Vallehermoso


Su primera carpa en Vallehermoso
Que no se asusten los sufridos pescadores que frecuentan este escenario durante el invierno con el título de esta entrada. Se cierra la pesca en este bonito y recogido pantano manchego, sí, pero para mí. Quería despedir este 2012, en lo relativo a la pesca de ciprínidos, en este lugar, donde tanto he disfrutado este año, y de paso, enseñárselo a mi amigo José Luis (Hacha para los siglos), para que se desentumeciera un poco de la ligera oxidación que padece, en lo relativo a la pesca, por lo poco frecuente de sus jornadas practicando esta actividad en los últimos años.

Así, nos presentamos este lunes, día 29, a las 7:15 de la mañana, con una temperatura de 0,5°, dispuestos, yo a despedir el año con una buena jornada de pesca, y el Hacha a conocer este pantano y sus virtudes.

Palacios con una común
El Hacha y su pescata
La pesca, con la progresiva entrada del frío, va cambiando paulatinamente, por lo que la técnica, distancias, cebos y demás variables deben adaptarse a las nuevas circunstancias  si se quiere lograr hacer una buena pescata. En mi caso, con la esperanza de que las condiciones no se hubieran modificado drásticamente desde mi última visita a este lugar –hace algo más de dos semanas-, y para, de este modo, que mi colega pudiera divertirse, le recomendé que pescara con una caña de 4 metros  al coup, y a esa distancia, y también preparamos una caña de inglesa para pescar más lejos por si los peces ya no se acercaban tanto a la orilla para comer. Yo, por mi parte, como las últimas veces que he pescado aquí, hice un cebado de inicio a 4 y 11 metros, para pescar tanto con enchufable como con inglesa, aunque debido a la proximidad de un obstáculo sumergido y descubierto con posterioridad al precebado, me tuve que ir a 9 metros, que es la distancia a la que pesqué prácticamente todo el día. De cebo llevábamos únicamente maíz, ya que nuestro objetivo eran, principalmente, las carpas.

Palacios cobrando una buena captura
Iniciamos la pesca una hora después de nuestra llegada, una vez montados nuestros respectivos puestos; ya de inicio se veía que los peces estaban más difíciles que en ocasiones precedentes, y que los que se acercaba a comer a la orilla eran pocos. Aún así, a 9 metros, las picadas se sucedían con relativa presteza, casi siempre a la caída del cebo, aunque me era dificilísimo clavar a los peces. Cambié de profundidad, subiendo el cebo, dándose el mismo resultado: muchas picadas pero escasísima efectividad. Mientras, el Hacha iba teniendo alguna que otra picada, muy espaciadas en el tiempo, eso sí, y también muy difíciles de clavar, pero se iba defendiendo y tocando escama de vez en cuando.

Sacando una buena royal
En esta lucha poco efectiva, pero sin cuartel, con los ciprínidos nos hallábamos, cuando –y no paro de loar al Señor desde entonces por ello- apareció el amigo Miguel Antonio Palacios, vecino de La Solana, gran pescador (varios años en 1ª Regional), mejor conocedor del escenario, y estimable compañero, ya que, amable y desinteresadamente, además de sus impagables consejos técnicos para mejorar nuestras prestaciones en orden a sacar más peces, nos donó, de forma altruista, un litro de gusano para alegría de los moradores del pantano, ya que les gustaba más que el maíz, y aún más para la nuestra debido a que este cebo era mucho más efectivo.

A tiro de sacadera
Siguiendo los consejos de Palacios (resumiendo: cebado constante con engodo y “bichos” y bajando el grosor de bajos y tamaño de los anzuelos), y habiéndome él mismo modificado alguno de mis aparejos, las picadas empezaron a sucederse sin tregua alguna, aunque el clavar al pez… es otra historia. No sé; seguro que algo mal hacía, aunque en todo el día no logré discernir qué era, pero “puedo prometer y prometo” (Adolfo Suárez, dixit) que había momentos que me costaba hasta 20 picadas poder clavar un pez. Mientras, el amigo José Luis, iba sacando carpas con más parsimonia que, tanto él como yo hubiéramos deseado, aunque sus resultados, teniendo en cuenta el material del que disponía para pescar estas aguas, se pueden calificar como de notables; eso sí, Palacios fue ponerse a pescar y empezar a sacar pesca, en su mayoría carpas y algún gardón. En algo más de 2 horas hizo una pescata de 14 kilos. Cómo se nota el dominio que tiene del escenario.


 
Al final, he de catalogar la jornada como de buena despedida del año de pesca de ciprínidos. El Hacha sacó un cubo de peces, alguno de los cuales, 5 en concreto, los sacó con mi caña enchufable, siendo así su estreno en esta modalidad; y yo pude contar 53 carpas (7 “gordas”) y un “gallardón”. Gracias por este buen año de pesca a este generoso pantano –espero que se cuide-; y gracias a Palacios, que si no aparece con el regalo de los gusanos y sus enseñanzas, esta crónica no hubiera narrado una jornada tan satisfactoria.
14 kg en algo más de dos horas

 

lunes, 22 de octubre de 2012

IIº OPEN de LANCE Honrubia 2012


Este Domingo, día 21 de Octubre, nos presentamos, pese a las pésimas condiciones meteorológicas: fuerte viento y un aguacero que no nos abandonó en toda la competición, 12 temerarios pescadores para llevar a cabo este concurso en las aguas del Pantano de Alarcón.

Los 12 valientes
Aunque el mal tiempo representa una incomodidad notable para la pesca, hay que reconocer que estas condiciones son las idóneas para que los depredadores se muestren activos. Y así fue que, y teniendo en cuenta la desmesurada presión de pesca que sufre el lugar en que se llevó a cabo el concurso, se consiguieron 13 capturas, todas luciopercas, excepto un lucio, cifra que superó con creces las piezas que se consiguieron en el anterior Open de lance, concretamente sólo 3.

Mi única captura: Pequeña lucioperca de 52 cm.
Presa del Pantano de Alarcón
Los que nos dirigimos a la zona más cercana a la presa no obtuvimos un gran resultado, excepto Julio, que logró sacar 2 luciopercas, con las que obtuvo un meritorio tercer puesto en el Open, y una de ellas, a la postre, pieza mayor del concurso con 73 cm. Mientras, Goso y el Hacha, no lograron tener una sola picada, y yo sólo pude sacar una lucioperca de 52 cm, que me picó a unos 8 ó 10 metros de la orilla, recogiendo el pikie de vinilo Storm color perla, y a escasamente 3 metros de profundidad, la cual me proporcionó un digno 6º puesto en la clasificación, más la presea a la pieza sacada más tempranamente –concretamente a las 9:45-; lamentablemente ya no pude conseguir más picadas.

Los demás concursantes se dirigieron a la zona más alejada de la presa, obteniendo, algunos, mejores prestaciones, habiendo dos pescadores con 3 capturas cada uno: 1º Héctor, y 2º el “Sherif”; y otros dos con 2 piezas cobradas: 4º Cristóbal (único concursante que pudo sacar un lucio), y 5º Juan Luis Nieva.

Totalmente empapado después de la dura competición.
La verdad es que, y pese a las inclemencias meteorológicas, las algo más de 3 horas de concurso se pasaron rápidamente, abandonando el escenario a las 12:30, hora en que nos dirigimos al lugar donde llevaríamos a cabo la comida a base de una barbacoa y unas patatas, que al principio iban a ser “a lo pobre”, y acabaron siendo revueltas con huevo, pese a las quejas del chef Tío Julio, y las mías propias, que estimábamos que estaban mejor sin los huevos. Las patatas, no se puede negar, estaban buenas, pero sin los mismos estaban mejor. ¡Siempre hay que hacerle caso al cocinero!

Al final, y después de la sabrosa comida, se llevó a cabo la animada entrega de premios, citándonos todos los concursantes para un próximo evento, cuya fecha y organizadores están por definir. Supongo que allí nos volveremos a encontrar.

·         Clasificación y más fotos en: http://fishingcarphonrubia.blogspot.com.es/

jueves, 18 de octubre de 2012

CARP FISHING AGRESTE. 1ª Captura 2012


Octubre. Estos dos últimos años dedico este mes al Carp Fishing Agreste. Modalidad que, como todos los lectores saben, es un pseudo invento propio.

Me ha costado tres tardes, a tres horas por tarde,  sacar la primera carpa. El primer día se me escapó una, y el segundo no tuve ninguna picada. Pero como la base de esta pesca es la insistencia… al fin ha caído la primera, y espero que no sea la última.

Pesaje: más agreste... imposible
Como hace un año que no practico esta pesca, resumiré en pocas palabras las características y el material necesario para llevar a cabo esta modalidad: es fundamental un par de cañas robustas –de las baratillas, por supuesto-; unos cuantos plomos de 30 a 50 gramos; un par de pinchos fuertes para sujetar las cañas de forma vertical  que aseguren que el pez no las arranque de los mismos en una de sus potentes envestidas; unos anzuelos montados en sistema “hair” con hilo trenzado ; unos cascabeles para poder enterarnos de la picada si leemos plácidamente, como es mi caso, o dormitamos, como también me suele ocurrir, esperando que se produzca la ansiada picada; y, para pesar, una báscula “de los chinos” –la más barata que encontremos-, y un saco de pienso o "harineta" para cerdos cortada por la mitad, acondicionado con cuatro pitas en cada punta del mismo para poder izar al ciprínido sin menoscabo de su integridad física; ¡Ah! se me olvidaba, una charca grande, y… a pescar.

Así que, hoy, día 17, habiendo echado un bote de maíz a modo de cebado, y ya pasadas algo más de dos horas del inicio de la jornada, sobre las 19:00 horas, y hallándome absorto en la lectura del libro “Tormenta de espadas”, tercera entrega de la saga “Canción de Hielo y Fuego” –que, por cierto, recomiendo encarecidamente su lectura- oigo el alegre tintineo de uno de los cascabeles prendido en una de las cañas. Me abalanzo raudo hacia ella sin darme cuenta que llevo puestas las gafas de lectura o vista cansada, lo que hace que la visión se me distorsione ligeramente. ¿Será la emoción y el susto? –me digo-. ¡Que no, coño, que son las gafas! –rectifico mentalmente-. Me las quito, y ya con toda la agudeza visual que me va quedando, inicio una bonita lucha con el pez. Después de un par de intentos de escabullirse entre las juncadas, y regulando el freno para no forzarla en demasía, la acerco a la sacadera y compruebo… que no cabe en ella -Nota: comprar una más grande-. La intento coger con las manos y se me escapa; la atraigo de nuevo hacia mí y, milagrosamente, soy capaz de cobrarla y sacarla del agua. Hermosa y longilínea común que da un peso de 7 kilos. Rápidamente, como siempre, las fotos de rigor y de vuelta a su medio natural. Repito: “Captura y suelta”, y otra vez puede que nos volvamos a encontrar con nuestro amigo ciprínido.

domingo, 14 de octubre de 2012

VALLEHERMOSO. Igual, pero menos.


Carpa royal. Sólo saqué una de esta subespecie.
Sábado 13. Temprano, a las 8 de la mañana, llegamos al Pantano de Vallehermoso. Empezamos a montar nuestros pesquiles apenas amanecido, y en ello estábamos cuando al poco llegaron otros dos pescadores que se ubicaron a nuestra izquierda. No sería hasta casi una hora, no sé si por la inicial penumbra o por la premura en montar el puesto, que nos percatamos que estos pescadores eran conocidos nuestros, siendo José Ródenas, Presidente del Club Garibolo de Albacete quien reconoció la atronadora voz de Rafa. Así que, después de la sorpresa y salutaciones iniciales, incluida la presentación por parte de Jose de su compañero de pesca, que no era otro que su suegro, nos pusimos cada cual a sus labores de pesca.

El inicio, como siempre que frecuento este pantano, espectacular. Era echar la caña e iniciarse el rosario de picadas. Yo cebé a 11 y 4 metros, dándose casi todas las picadas a once, casi siempre de pequeñas carpas, pudiendo pescar hasta las 11 de la mañana y, por tanto, en tan solo 2 horas de pesca –momento en que paramos almorzar- 28 pequeños ciprínidos en forma de “carpita” común. Mi compañero Rafa llevaba un ritmo de capturas similar al mío.


Rafa cobrando una hermosa capa.
Una de las numerosas comunes
Después de almorzar la cosa se torció, y bastante, para mí. Ya no lograba hacer picar a los peces con regularidad, teniendo que abandonar el fondo para buscar a los peces a medias aguas, que era donde pescaba Rafa, con muchos mejores resultados que los míos, y con un ritmo de capturas bastante superior. Debido a mi incapacidad, pese a toda clase de probaturas, de clavar a los escamados amigos, centré mi pesca más cerca de la orilla sabedor, por mis otras visitas a este pantano, que las carpas más grandes se metían aquí. Hasta las 6 P.M., que dimos por terminada la jornada, mi número de capturas no se disparó, precisamente, pero pude llegar a 59, cuya relación de especies se reduce a 4 “gallardones” y 55 carpas, aunque 15 de ellas eran de un peso superior al kilo, lo que me hizo disfrutar con su lucha, tanto con caña de coup, como de inglesa.

Jose con parte de su pescata
Rafa sí mantuvo todo el día un buen ritmo de capturas, sacando la mayoría de los peces a 11 metros, y siempre a medias aguas, manteniendo un cebado constante. Incluso estuvo practicando el feeder rupestre, logrando numerosos dobletes. No contó los peces, pero seguramente superaría holgadamente las ocho decenas entre algún pez gato –muy pocos-, gardones, bogas –en algún caso “gigantescas”-, y mayoría de carpas, con 5 ó 6 de un peso superior al kilo.

Rafa con una gran boga de 30 cm. Sacó alguna mayor, pero no puedo publicar
las fotos porque tiene tendencia, como los gatos, a cerrar los ojos al disparar la cámara.

En plena faena con una carpa.
Por tanto, como siempre en este escenario, magnífica jornada de pesca… pero menos; algo normal si tenemos en cuenta las fechas en que nos encontramos y la intensa lucha que durante todo el año llevan los moradores de estas aguas con los pertinaces pescadores.

¡Vaya boga! Más de 30 cm.
 

Black-bass en Buendía


1,750 kg
Grub, jumbo o mogambo, no sé; pero verde y blanco es.
La mayoría de los pescadores que acuden, algunos días casi en masa, al Pantano de Buendía a pescar depredadores, lo hacen casi exclusivamente para tentar a lucios y luciopercas. Pero se olvidan de un habitante, que aunque no lo parezca por sus periódicas desapariciones, sigue teniendo una población más que estable y respetable; y éste no es otro que el black-bass, tan insigne o más que sus colegas depredadores anteriormente citados. Pero, para pescarlo hay que buscarlo y, lo más difícil, encontrarlo. El año pasado había abundancia de estos centrárquidos en cualquier recula que albergara árboles y vegetación sumergida, pero, y debido a la drástica bajada del nivel del agua, las coberturas preferidas de este pez han desaparecido en su mayoría, lo que hace mucho más difícil su localización, pero os aseguro que siguen estando en el pantano. Adolfo siempre le dedica unos cuantos lances a buscar al bass en las coberturas mencionadas, y es raro el día que, utilizando su sempiterno popper de hélices, no consiga tener alguna picada y sacar alguna buena pieza, como es el caso de este viernes, que una rechoncha perca negra tuvo a bien devorar su popper, perdiendo yo la ocasión de lograr una gran captura al no darme tiempo a lanzar a dos congéneres de parecido tamaño del bass glotón que fue el primero en atacar el señuelo, y que acompañaban a éste en sus cabriolas por intentar zafarse de los molestos anzuelos clavados en su enorme bocaza. Al final lo pudimos subir a la barca dando un peso de 1,750 kg.


Lucio preparado para saltar. Curricán. Artificial gigante
Con respecto a lucios y luciopercas, y pese al día perfecto para su pesca –buena temperatura y casi todo el día nublado-, debo mencionar que no era una actividad desmesurada la que tenían. Algo más activos los lucios, de los cuales conseguimos sacar seis, casi todos al curricán, excepto uno que pude sacar a lance con un mogambo verde-blanco; además, con este mismo señuelo tuve otros dos esócidos clavados que se pudieron desprender del vinilo antes de lograr su captura, pero siempre las picadas se producían al recoger de forma uniforme y rápida, no teniendo picadas cuando se llevaba por el fondo dando los típicos tirones con el objetivo de que el señuelo trabaje dando saltos por el mismo; además, las picadas se produjeron a menos profundidad que en días pasados: sobre los 4 metros. Luciopercas sacamos cuatro. Una al curricán, y tres a lance, dos de las cuales picaron a última hora, ya sin luz natural, ambas con mogambos, grubs o jumbos –como cada cual quiera llamarles- de colores claros y pescando pegado al fondo, tanto recogiendo como a “saltitos”.

 Capturas y pescador: Adolfo: 3 lucios, 2 luciopercas y un bass (1,75 kg.). Yo: 3 lucios y 2 luciopercas.


Las orillas estaban "abarrotás"
Lo peor del día: un desgraciado árbol sumergido –utilizo este adjetivo como insulto, no como mención a la triste vida del vegetal- atrapó con sus fantasmagóricos brazos a modo de tentáculos a mi mejor señuelo para el curricán cuando éste estaba en acto de servicio surcando el agua del pantano en su búsqueda constante de los depredadores. Gran disgusto y pesar por la pérdida de mi magnum Rapala sumergible, color violeta de 11 cm, tanto por los buenos servicios prestados –ayer, concretamente, me sacó tres de los cinco peces-, como por lo difícil de su reposición con ese color, ya que seguramente esté descatalogado, como por la pérdida pecuniaria, que es la más dolorosa. ¡Sniff!

miércoles, 10 de octubre de 2012

Nos las prometíamos muy felices




Lucio pescado al curricán con el pez fetiche de Adolfo.
Y así fue al inicio de la jornada. Echar la barca, ponernos al curricán en la zona de desembarco, y tener Adolfo la primera picada, fueron acciones casi simultáneas. Recogiendo yo mi magnum Rapala para no estorbar a mi compañero, y sin haber llegado éste a sacar el pez del agua, me pica a mí otro de kilo y medio aproximadamente, pudiendo hacer de este modo un doblete. Volvemos al curricán y no habría recorrido la barca 20 ó 30 metros cuando el pez fetiche de Adolfo tiene otra picada y así se hace con otro esócido. Pero, y lamentablemente, aquí se acabó, prácticamente, la actividad, y por tanto captura, de los depredadores de este pantano.

Bass con popper
A partir de este momento iniciamos un peregrinaje, poco afortunado en orden a capturas, por las aguas de este hermoso pantano castellano. Probamos en zonas profundas, zonas someras, reculas y cortados… y nada. Los depredadores se habían tomado un descanso este día y no tenían  intención de despertar de su supuesto letargo. O no fuimos capaces nosotros, el día de hoy, de localizarlos, que también puede ser.

Así las cosas, y algo poco habitual cuando sí sacamos pesca, adelantamos la hora de la comida a las 14:00. Buscamos una sombra bajo unos árboles que nos protegiera un buen rato de los inclementes rayos del sol, que a esta hora, y pese a las fechas en que nos hayamos, calentaban de forma inmisericorde. Y en ello estábamos, dando cuenta de una hermosa tortilla acompañada de sus fieles amigos, los chorizos, cuando Adolfo pudo observar algunos bancos de black-bass entre los árboles sumergidos cercanos al lugar donde habíamos dejado la barca, con lo que, una vez terminadas las suculentas viandas, dedicamos un rato a tentar a los centrárquidos: yo con un Lucky Craft suspending y Adolfo con un popper de hélices de la misma marca. Al segundo o tercer lance tuve una picada tan violenta que pensé que se trataba de un lucio, aunque realmente se trataba de un pequeño bass. Adolfo, por su parte, tuvo una bonita picada de otra perca negra, la cual emergió inesperada y brutalmente del agua para engullir el popper. Después, los basses, recelosos como siempre, no prestaron atención alguna a nuestros señuelos, teniendo que abandonar esta zona con el pobre bagaje de dos pequeñas percas sacadas.



Monumento gastronómico hispano. Cara blanca: por la crema solar.
Luego, a lo largo de la tarde, y simultaneando el curricán y el lance, tuvimos alguna picada más, siendo sólo capaces de sacar una lucioperca – En este caso Adolfo. ¿Mala jornada de pesca? Pues realmente, no. Comimos bien, surcamos las aguas de Buendía cual animosos marineros de agua dulce, y yo me dediqué a hacer, no sé si bueno, pero sí amplio, un reportaje fotográfico de este grandioso escenario que es el Pantano de Buendía. Seguro que otro día sacamos más peces y, si no, haremos más fotos y vídeos.
 
Presa de Buendía
 

viernes, 5 de octubre de 2012

Pantano de El Vicario. 3ª Visita.


Puesto 25
Como me quedé con ganas de sacar carpines, este jueves me fui otra vez a El Vicario para ver si era capaz de hacer otra buena pescata. Llego sobre las 8 de la mañana y voy buscando el puesto 32 que es en el que he pescado en las otras dos visitas a este pantano, no sé si por cariño, al habérseme dado bien las dos anteriores, o por la comodidad del puesto debido a sus escaleras anchas y con poco desnivel. Pero… sorpresa. Sobre el puesto 70 u 80 –no me fijé bien por el susto- veo una enorme fila de coches junto a los pesquiles y, en éstos, un sinnúmero de pescadores. Avanzo en sentido decreciente con la esperanza de que se trate de algún concurso y que sólo hayan ocupado estos puestos y esté libre mi ansiado 32. ¡Nada! Todo completo hasta el 30. Pregunto al amable pescador ubicado en este puesto puntero y me dice que es un concurso de jubilados de Ciudad Real -16 en total- y que, el resto, son pachangas entre amigos, aunque a posteriori me enteré que había muchos pescadores, alguno afamado, que estaban entrenando para el regional de 1ª que se celebrará en este escenario este fin de semana. Para más información decir que al término del concurso me acerqué a preguntar, y el mismo pescador con el que hablé al inicio de la jornada me dice que él sólo había sacado 3 carpines, pero de los que estaban a su izquierda ninguno había pasado de una pieza, aunque la mayoría pescaban con cañas de coup y boloñesas, lo que es un hándicap en este pantano debido al aire y el “tiro” , que hace que sea difícil sujetar el cebo en el lugar que pican los peces, que como todos los que han visitado este pantano saben es a ras de fondo o suspendido, a veces. También, por la noche, mi amigo Rafa me indica que a la mayoría de los que estuvieron entrenando se les dio muy mal, pudiendo sacar muy poca pesca.

Así son muchos de los carpines
Yo, por no retroceder y al no conocer el pantano, me alejo un poco de los concursantes y planto mi pesquil en el puesto 25, mucho más incómodo que mi añorado 32 debido a la estrechez de sus escalones y a la pronunciada pendiente de la escalera, lo que hizo que en una sola jornada de pesca mi querida Colmic 6800 comprada de… vete a saber tú qué mano el año pasado, recibiera más golpes que en sus aproximados 18 años de existencia. Hay que reconocer que no será ligera y rígida –características más buscadas en una enchufable- pero dura… es.

Me pongo a pescar no muy convencido del incierto resultado que me deparará la jornada debido a lo anteriormente expuesto. Sólo monto dos kits, uno con una veleta de 2 gramos con la que saqué prácticamente todos los peces en mi visita anterior a este lugar, y otra alargada de 1,5. Echo unas 10 bolas de engodo, meto por primera vez la caña e, inmediatamente, primera picada, y además una hermosa carpa. Después las picadas no se sucedieron con la rapidez de mi anterior visita y además eran mucho más sutiles, casi imperceptibles, aunque los fallos eran casi inexistentes sacando pieza cada vez que podía detectar la fina picada. Esto me obligó a desechar la de 2 gramos al ser incapaz de ver las picadas –al contrario que la otra vez- y montar una de 0,9 lo que aumentó la efectividad en orden a  capturas. Señalaré también que hice un cebado constante de pequeñas bolas de engodo combinado con maíz y pellets. ¿Dónde me picaron los peces? Tanto rozando el fondo como, a veces, suspendido unos centímetros del mismo, aunque fue cuando apoyada ligeramente cuando lograba sacar peces, no logrando clavar prácticamente ninguno cuando el cebo no reposaba en el lecho del pantano. Cebo: siempre maíz. Bajo de línea: como todos sabéis contra más fino más efectividad. Yo pesqué con bajos del 0,14 y 0,16 y la diferencia a favor del primero era notable. Anzuelo del 16.

La primera vez que visité este pantano saqué 33 peces; la segunda 44; y esta última 55 (4 carpas y 51 “gordos” carpines). Me gustan los capicúas, qué le vamos a hacer. Esta vez no pesé, aunque calculo que superaría los 40 kilos de peces. Otro dato, quizás casualidad, y es que con la superficie del agua rizada por el aire hay más picadas que cuando ésta se mantiene en calma.

martes, 25 de septiembre de 2012

Pantano de El Vicario. 2ª visita.


Este lunes, día 24, vuelvo, por segunda vez en mi vida, a este Pantano para compartir una jornada de pesca con mi amigo Rafa, al cual la jornada le servirá como entrenamiento para el próximo regional de 1ª que se celebrará en este escenario en fechas próximas.

Ahora estoy sentado sobre él, luego se vengó... cayéndome encima.
Rafa con uno de los tres cubos que llenó
Todo el día la temperatura fue muy agradable, un poco más fresca por la mañana, idónea para la práctica de este tipo de pesca, aunque el viento, pese a que nos dejó pescar a veces con relativa comodidad, tenía rachas que te hacían tener que agarrar la enchufable con energía para evitar que te la mandara a la orilla.

Este pantano, por la forma de comer sus peces, es muy técnico –según dicen los entendidos- ya que hay que darles de comer justo en el sitio que ellos quieren, porque si no es así, o rechazan el cebo, o te es muy difícil clavarlos. Y así debe ser, porque era variar la altura del cebo unos centímetros arriba o abajo y, tanto las picadas como la efectividad subían o bajaban sustancialmente. El caso, y sin adentrarnos en cuestiones técnicas que suelen ser muy farragosas, es que yo todo el día pesqué con sólo dos veletas: una de 0,75 gramos y otra de 2; debido al fuerte viento reinante durante casi toda la jornada fue esta última la que me proporcionó más cantidad de capturas, ya que era la que con más facilidad lograba ubicar en el fondo, donde los peces comían. Seguro que muchos profesionales de la pesca lo hubieran hecho mejor, pero yo disfruté una magnífica jornada de pesca, distinta a las que practico más asiduamente, y con unos resultados más que aceptables.
Rafa con una común cuasialbina

"Orondo" carpín
Muchísimas picadas fallidas, pero, aún así, la pescata fue superior a la del año pasado en orden al peso, siendo el número de peces parejo; esto es debido a que esta vez pude sacar unas 10 carpas aproximadamente, no sacando ninguna de éstas en el pasado. Al final: Rafa sacó, entre “orondos” carpines y carpas, 39 peces que dieron un peso en la báscula de 40 kilos. Yo, 44 peces que pesaron 41 kilos.

Gran jornada de pesca, lástima que no pudiera hacerme la foto -difícil al ser yo el protagonista del suceso- cuando, intentando coger el desanzuelador que se me había caído al agua, me caí hacia adelante llevándome tras de mí el panier, el cual me cayó  encima, pegándome un “talegazo” considerable y un baño de cuerpo entero. Menos mal que la profundidad donde caí era de un metro escaso, porque teniendo en cuenta mis dotes natatorias… malo. El panier y la caña no sufrieron daño alguno, aunque yo tengo la pierna derecha tan maltrecha que seguramente me pierda las próximas Olimpiadas.
Nuestros pesquiles
Termino diciendo que en la zona del pantano donde pescamos nos hayamos casi solos, exceptuando un pescador de Puertollano, miembro de la Sociedad de pesca "Fraternidad", con el que mantuve un rato de charla, pero que lamentablemente se me olvidó preguntarle su nombre. Le pido disculpas por este desliz, pero aprovecho la ocasión para mandar un cordial saludo a esta sociedad y a sus miembros y agradecerles, a su vez, el haber tenido la deferencia de poner el enlace de este blog en la página web de su club. Gracias, amigos.

Común. Ésta de pigmentación más oscura.
 

Barbos y cámara deportiva barata

  Grabar la pesca del barbo con una cámara deportiva barata es una excelente forma de compartir capturas y técnicas sin gastar mucho dinero....