lunes, 23 de julio de 2012

IIIº Trofeo de la Amistad del Coto La Torre

Falta uno... el que hace las fotos.
Este pasado domingo se ha celebrado el tercer "Trofeo de la Amistad" en el Coto La Torre", organizado por Alberto Benita junto a la sección de pesca -esto hay que remarcarlo- de la Asociación de Caza, Pesca y Tiro de Cuenca, valedero a su vez para la clasificación general del campeonato de la regularidad 2012.
Las capturas han sido pocas, no sabiendo quien esto escribe, si por la falta de salmónidos, si por las condiciones del río: con muy poca agua al inicio del concurso, si por la impericia de los pescadores. El caso es que las truchas estaban duras de sacar y los sufridos concursantes nos fuimos moviendo de aquí para allá, la mayoría de las veces con escaso éxito, en busca del plateado pez.
En mi caso, y después de patearme el coto de arriba abajo, pude conseguir 11 arcoíris que dieron un peso de 3,2 kg., pescadas todas "al arrastre" con masilla, tanto naranja como blanca, no pudiendo en este concurso sacar ninguna a lance, concretamente con cucharilla, habiendo tenido sólo una picada con esta modalidad de pesca. Pero, y pese a que mi pescata no fuera muy grande, me proporcionó un tercer lugar en el concurso, ya que, como he comentado, las truchas se mostraron reacias a ocupar el lugar que con tanta ansia les reservábamos en nuestras respectivas nasas.
Con el trofeo a "la barra mayor"
Terminado el concurso (cuatro horas de pesca, desde las 7:30 a las 11:30) procedimos a dar buena cuenta del cordero frito con ajos y el forro al "ascua viva" con que nos agasajó el gran chef de barbacoas Bustos. Y pese a las críticas infundadas sobre la elaboración de estos manjares por parte de algunos pocos comensales, en el perol no quedó ni una triste "tajá", y el forro desapareció incluso antes de tocar la mesa.
Posteriormente se hizo una emotiva entrega de premios, siendo tal la abundancia de los mismos que incluso el cocinero Bustos recibió una copa en desagravio a las escasísimas, todo hay que decirlo, e injustas, críticas a su labor al mando de los fogones del coto.
1º Marcos (12 truchas)
2º Alberto Benita; además,organizador junto a Visier (derecha).
3º Josan
4º Carlos
5º Jesús
6º Rubén, junto a su hermano Alberto.

8º Patiño probando su premio... por si era de pega.
9º Miguel Angel con su premio: chaleco de pesca.
10º Carlos López
11º León
12º El  otro León.

13º Luis Miguel: Premio del jamón.
14º Fernando Molinero -Nadal para los amigos- con su copa (Wimbledon... creo).
15º Fortunato... acojonado ante el acoso del "azafato".
Bustos: trofeo al mejor chef de barbacoas.
Así que, todos contentos, aunque unos más que otros debido en parte a la abundancia de líquidos espirituosos en su organismo y, en mi caso, por ver al amigo Patiño, por fin, detrás de mí en la clasificación final. Y, advierto... esto no ha hecho más que empezar.
LA DIÁSPORA DEL JAMÓN: Respecto al jamón que vino conmigo, luego se fue, llegó al coto de nuevo buscando a su legítimo dueño, y éste, Fernando Molinero, no lo quiso aceptar cediéndolo generosamente a su primer propietario, es decir, a mí, e instado por la organización a devolverlo a su hogar durante este último mes: mi despensa, no me quedó más remedio que rodearlo tiernamente en mis brazos y echarlo al maletero del coche. Una vez saldada la deuda moral con su legítimo propietario, y renunciando el mismo a su derecho de usufructo, no sería justo abandonar al pobre pernil a su suerte, como jamás se debe abandonar a un perro en la carretera, ni dejarse al abuelo olvidado en la gasolinera. Amén.

jueves, 19 de julio de 2012

Triangular Interclubs Honrubia 2012

El autor con la pieza mayor

Este jueves, 19 de Julio, se ha celebrado en el pantano de Alarcón el concurso oficioso más importante llevado a cabo hasta esta fecha, entre los tres más afamados clubs de pesca de Castilla-La Mancha. Los concursantes, o mejor dicho, los púgiles, dada la extrema dureza de la competición, que defienden la bandera y el honor de sus respectivas sociedades son:

-          Con calzón gris y camiseta azul, con 1,69 y 79 kilos de peso, y representando al Club Gaucho de Albacete: Juan.
Juan y su captura

-          Con calzón gris y camiseta azul claro, con 1,76 y 86 kilos, y representando al Club Garibolo de Albacete, del cual también es su Presidente: José Ródenas.

Jose con una de sus carpas
-          Y, con calzón azul y camiseta del mismo color, con 1,75 y 105 kilazos… ¡tachaaaaán! Yo, es decir, Josan, miembro numerario y honorario del Club Fishing Carp de Honrubia, representando a la noble provincia de Cuenca.

Llegados los tres excelsos pescadores al escenario donde se habría de llevar a cabo la contienda a las 7:00 horas, y después de repartirnos los puestos “a boleo” empezamos la competición sobre las 8:15, ya que Jose tiene que ayudar a Juan a montar la caña de inglesa debido a que era la primera vez que este monstruo de la pesca de competición pescaba con este modalidad. Yo, a la vez, para empezar lo antes posible, ayudaba a Jose a plomear la caña enchufable, no porque él solo no sepa  –que ya te veo con ganas de decirme cuatro cosas- sino por agilizar el inicio del concurso.

Así las cosas, y prohibida la utilización de caña de fondo para este triangular por parte del Presidente del Garibolo, y decidiéndose también que el triunfo se obtendría mediante el cómputo de piezas sacadas –por no manchar el rejón…  ¡que después huele muy mal!- empezamos a pescar: Juan con caña de inglesa y caña telescópica de coup; Jose con enchufable y caña de inglesa; y yo monto dos cañas de inglesa. Escasísimas picadas durante las dos primeras horas de competición. Sólo la zona de Jose muestra algo de actividad, escapándosele dos carpas cerca de la orilla, clavadas con la caña de inglesa. Mientras Juan no tiene más que problemas con la inglesa, lo que me obliga a montarle de nuevo el aparejo, buscarle el fondo, etc. Como se ve se trata de un concurso muy insolidario entre pescadores.

¿Cómo alguien puede matar un animal así? Fijaos con que ternura nos mira.
¡Me refiero al pez... que hay mucho listo!
Pasadas largamente las dos horas es el momento en que empieza a entrar en funcionamiento la máquina saca-carpas de Josan, pudiendo contar al final de la jornada –sobre las 13:00 horas- una decena justa de royales, una de las cuales pesaba 3 kg exactos, dando, cómo no, un buen juego y una bonita lucha a la hora de cobrarla. Mientras, a Juan se le va una a la inglesa, y Jose pierde otras dos o tres más, lo que hace que, los dos amigos-rivales de quien esto escribe, pongan una caña de fondo para ver si con esta modalidad tienen más éxito y salvan el bochornoso “bolo”. Al final, Jose logra sacar dos royales a inglesa y Juan una a fondo, que teniendo en cuenta mis 10 capturas, me proporcionan un extraordinario y holgado triunfo; aunque si hubiera sido por peso la diferencia hubiera sido todavía más abultada, ya que mis capturas eran, en su mayoría, hermosas royales, llegando una a los 2,5 kg y la mencionada anteriormente de 3.

Pero, aparte la “competición”, el objetivo primordial, que era compartir una mañana de pesca con dos buenos amigos, quedó ampliamente cumplido. Eso sí… si algún miembro de estos dos clubs de Albacete quisieran vengar la afrenta sufrida por sus compañeros, que no se preocupen, pues estaré encantado de ofrecerles cumplida revancha cuándo y dónde quieran. Para ello estas páginas están a disposición de cualquier retador que se precie. Pero, advierto, la próxima vez hay que preparar almuerzo. Si no… no juego.

domingo, 15 de julio de 2012

Primer triunfo Honrubia 2012


A la tercera fue la vencida, pudiendo saborear las mieles del triunfo en un concurso del campeonato de Honrubia 2012 organizado por el Club Fishing Carp de Honrubia, al que me precio de pertenecer.
La pesca ha sido escasísima, sólo habiéndose sacado 8 carpas entre los doce participantes que nos hemos dado cita en el pantano de Alarcón en un día caluroso y, como la mayoría de las veces en estas aguas, bastante ventoso. Pese al cambio de escenario, llevado a cabo para conseguir una mejora en las prestaciones respecto a número de capturas de los concursantes, las carpas no han dado la cara o no las hemos sabido atraer a nuestros pesquiles. ¿Seremos malos o, incluso, pésimos pescadores? ¿Habrá sido por el viento reinante? ¿Será la presión atmosférica? ¿Será la luna lunera? ¿Será porque ya nos conocen estos ladinos peces? Ruego a quien lo sepa me lo comunique para tomar las medidas oportunas.


Así las cosas, yo no me puedo quejar, ya que saqué 4 carpas con las cañas de fondo, escapándoseme otras dos, y una royal más con la caña de inglesa – a la que no se cebaron en ningún momento -, completando así 5 capturas que me otorgaron el primer puesto del concurso y, por consiguiente, el premio correspondiente que todavía no está claro de que se trata, aunque haberlo… “hailo”.

Segundo ha quedado Rafa, que sólo con alburnos ha pesado más de 2 kilos, y tercero Montoya con una carpa de 1,37 kg. Otros dos concursantes pudieron tocar escama con un ciprínido cada uno.

Escaso bagaje en orden de capturas, pero suponemos que habrá mejora, aunque sólo sea porque a peor es difícil ir. Ya veremos y contaremos.

viernes, 6 de julio de 2012

Récord de carpa y récord en desgracias

Esta tarde he decidido pasar la tarde pescando, cómo no, en mi querido pantano de Alarcón. El resultado de esta decisión se puede calificar de agri-dulce, ya que las capturas han sido pocas -concretamente sólo seis-, el tiempo no ha acompañado debido al fuerte viento, y me han ocurrido, en tan sólo 3 horas de pesca, más desgracias que en muchas temporadas pasadas.

El inicio prometedor. Después de cebar a 25 metros para pescar a la inglesa, a los pocos minutos... picada, clavo y del carrete empieza a salir hilo de manera rápida e incesante, lo que me indica que la pieza debe ser de buen porte, parándose el pez cuando llevaba más de 50 metros recorridos, pudiendo, poco a poco, aguantando sus embestidas, hacerme con la pieza, que resulta ser una bonita royal de más de 4 kg, que resulta ser mi récord personal de ciprínidos en este pantano. Sin lugar a dudas, no es una pieza excepcional para otras masas de agua, pero para este pantano es una captura de muchísimo mérito.
Pero... ¡Ay, amigo! ¡Cómo se tuercen las cosas! Al siguiente lance sufro un enganche, doy un fuerte tirón para soltarlo, y parto mi querida inglesa por la mitad. ¡Mecagüen la p...!
Cojo la otra caña de inglesa, me pica otra carpa y, ¡la muy p... se me va a unos matojos! Fuerzo para sacarla, se me rompe el sedal y pierdo veleta y montaje completo. Hago otro montaje, me pica otra, la acerco a la sacadera, la cobro y al subirla da un fuerte coletazo y me rompe el aro de la misma. Y, por último, después de pescar la última de la tarde, al irme a limpiar con uno de los trapos que tengo para dicho uso, sufro un pinchotazo con un alfiler que había escondido en el paño que me atraviesa hasta el hueso. Supongo que esto será la venganza del dios de los ciprínidos, a los que tanto atosigo. O algún amigo que me está haciendo vudú. ¡Vete tú a saber! Así que, viendo el percal, decido abandonar el escenario antes de lo previsto y volver en ocasión más propicia.
Resumiendo: bueno (récord de carpa); malo (récord de desgracias).

miércoles, 27 de junio de 2012

Dos tardes de carpas en Alarcón

Lunes: una cómun. Como ésta hay pocas en Alarcón.
Es increible lo que cambia un día de pesca respecto a otro. Ayer estuve pescando en el Pantano de Alarcón habiéndome avisado mi amigo Rafa que la tarde dominical había sido muy propicia en capturas y picadas, indicándome el lugar donde pescó durante la tarde. Así que, ni corto ni perezoso, dedicí dedicar la tarde a perseguir al ciprínido rey de Alarcón.
Encontrado el lugar gracias a la señal a modo de robusto palo clavado en el suelo por Rafa, y después del montaje de todos los trastos que exige la pesca con enchufable, pude lanzar la caña, previo cebado inicial, a las 16:30. La temperatura seguramente rozaba, sino superaba, los 40 grados. Poco tardaron las carpas en hacer acto de aparición, dando así por sentado que ellas serían las protagonistas de la tarde. Y así fue, que no pararon de picar hasta las 21:30 que me decidía a recoger, pudiendo contar al final de la tarde 38 capturas, todas royales excepto una común -rara avis en este pantano-. Calculo que el peso de la pescata rondaría los 45 kilos. Si me hubiera centrado en la pesca en sí, y no hubiera perdido tiempo en probaturas, seguramente hubiera superado holgadamente la cincuentena de peces.
Así que, viendo el éxito del lunes, me planteo otra tarde de pesca en Alarcón, en el mismo lugar, pero esta vez con caña inglesa para ir entrenando. El tiempo es totalmente diferente al del día anterior; aunque el calor es intenso no es tan agobiante como el del lunes debido al viento y a una especie de neblina que ocultaba en parte el sol. Y es debido a este molesto vientecillo, entre fuerte, algunas veces, y moderado, lo que me hace montar la enchufable, ya que con el escaso gramaje que llevo preparado en las cañas de inglesa me es muy difícil lanzar.
Martes: hermosa royal pescada a inglesa.
Las carpas no se me cebaron en toda la tarde a la enchufable, supuestamente debido a la distinta meteorología del día anterior, no pudiendo sacar más que dos royales desde las 17:00 -hora en que inicio la pesca- hasta las 19:00. Y es en este momento, una vez que la fuerza del viento ha mitigado lo suficiente, cuando monto la caña de inglesa, echo unas pocas bolas de engodo a unos 25 metros, y empiezo a pescar a esta distancia y, efectivamente, era ahí donde estaban comiendo los peces. Al final, en otras dos horas, pude sacar otras 13 royales -una de ellas de unos 2,5 kg.-; tuve bastantes picadas más erradas; y se me escapó alguna que otra. Por tanto, al final, me divertí bastante, sobre todo teniendo en cuenta mi preferencia en la pesca con caña de inglesa.
Lo dicho: ¡cómo cambia la pesca de un día para otro!

domingo, 24 de junio de 2012

La Justicia Divina


2º CONCURSO DE PESCA DE TRUCHAS EN EL COTO LA TORRE.

Je, je, je...
Al primer concurso de este año 2012, el cual se demoró más de lo normal en el tiempo por el conocido y repudiado por la mayoría de pescadores Real decreto-ley que regula las mal entendidas especies exóticas, no pude asistir, y es a fecha de hoy, 24 de Junio, cuando empiezo mi anual periplo por el mundo de los concursos truchiles.

Como casi siempre…mal inicio, ya que sólo fui capaz de sacar 8 tristes salmónidos de la especie arcoíris –cuatro con cucharilla y otras tantas con masilla al arrastre, para más datos-  que dieron unos exiguos 2,5 kilogramos en el pesaje final, los cuales me llevaron a ocupar una mediocre, pero merecida por mi falta de habilidad y error al elegir mal el lugar de inicio de la competición,  13ª posición, la cual, y debido a que desde hace unos años este puesto es agraciado con un jamón, en cierto modo mitigó mi descontento por la mala actuación al verme en posesión de tan notable y sabroso trofeo, el cual, en el momento de su entrega, provocó la alegría de pocos y el disgusto de muchos.

He de aclarar que el ser agraciado en esta primera participación anual por el “pernil” no se debe en modo alguno a la suerte, o a mi habilidad para lograr quedarme en esta decimotercera posición, cosa totalmente imposible de prever, sino que se trata de una especie de justicia divina, una compensación del destino por algo que se me debía y de lo que se me desposeyó injustamente como ya relaté en un artículo de este blog: “El cuento del jamón y el queso”. Ya que los humanos suelen ser reacios a enmendar los errores manifiestos, es de agradecer que, en algunas ocasiones, algún ente esotérico intervenga en el devenir del cosmos y corrija algún que otro flagrante atropello o ultraje.

La estrella del concurso
Debido a que el jamón acabó en mi posesión algunos me instaban a que, por ello, alabara servilmente las virtudes del concurso y su organización. Y yo os digo, pescadores y pecadores: no me vendo por un jamón, mío por derecho, por cierto. Y seguiré ensalzando lo ensalzable –mucho- y criticando lo criticable –siempre hay que retocar alguna cosa-. Por cierto, uno de los concursantes repetía: ¡qué no escriba, qué no escriba, ni bueno ni malo...nada! ¿En qué momento hemos perdido la libertad de expresión? “Majete”… en mi blog escribo, y sin faltar jamás a la verdad, te lo aseguro, lo que me da la gana, cómo y cuándo quiero. ¡Faltaría más! Luego cada uno es libre de leer lo que estime oportuno y conveniente.

En orden estrictamente competitivo señalar que este concurso se celebraba por parejas y que los justos vencedores, repetidores de laureles en esta modalidad en varias  ocasiones, fueron Patiño y León; el segundo puesto del pódium lo ocuparon Rafa y Carlos; y, por último, y gracias en gran medida a la notable actuación de Lorenzo con 19 truchas, en tercera posición quedaron el mencionado y su compañero Miguel Ángel. Enhorabuena a los premiados.
Lo prometido es deuda. Foto de Alberto junto a su nuevo y flamante pick up.

Mi compañero Montero y yo, con 15 truchas entre los dos, ocupamos una de las últimas posiciones del concurso. ¡Pero, y qué! ¡Pues no me reí ni “ná” cuando me llevé el jamón!

Como siempre, la caldereta, de lo mejor del concurso.

*¡IMPORTANTE! Anexo a esta entrada: Justicia divina, justicia divina... ¡Y una mierda! ¡Ya me extrañaba a mí que algún tipo de divinidad velara por mi alma pecadora y, por ende, por mi gastronómico patrimonio! Nada, que se me ha negado el jamón. ¡Y mira que me hace falta!Y esta vez, si cabe, más cruelmente, debido a que ya me hayaba en posesión del mismo; pero he de renunciar a tan preciado premio, ya que se me otorgó por un fallo de la organización en el cómputo erróneo de mis capturas. El guarda, Rubén, y yo, contamos 8 truchas, pero el escribiente, Visier, debió oír 10, lo que me otorgaba el 13º puesto, el cual da derecho al "pernil de gorrino". Pero este fallo, no achacable en modo alguno al amigo Visier dadas sus múltiples tareas para poder llevar a cabo estos concursos que tanto nos gustan y disfrutanos, y del que me he percatado al ver la clasificación del concurso publicada a día de hoy, me impide quedarme con el premio, ya que no me pertenece por derecho, además de privar de él a su legítimo propietario. No quiero que esto parezca un acto de generosidad y honradez, sino que no está en mi naturaleza quedarme con algo que no es mío siendo, como soy, un defensor de "lo justo" -filosofía de vida que ya soy muy viejo para cambiar, si es que quisiera, que no es el caso.
Por tanto, que sepa el amigo Fernando Molinero, si lee esta entrada, que el próximo concurso le llevaré el jamón -intacto, por supuesto- que por derecho le pertenece al haber ocupado la posición treceava.
La foto de arriba en la que se me ve ufano con el jamón ya no la voy a cambiar, pero lo de "je, je, je..." lo cambiaremos por: "Mecagüen to lo que se menea" Otra vez será, y si no... qué le vamos a hacer.

lunes, 18 de junio de 2012

Pantano de Bolarque. ¡Mal, mal...!


El otro era más grande, ¡conste!
No soy capaz de tener una jornada luciera, aunque sólo sea medianamente aceptable, en este pantano. Lo único que compensa, relativamente, es lo espectacular del escenario, encerrado, como está, en un cañón rodeado de moles graníticas y pétreos pináculos, sobrevolados constantemente por majestuosos buitres leonados –o eso creo, porque de conocimientos de aves, como de pesca por alguno de los resultados que me marco, ando algo justo.


La lucioperca de Adolfo
Me permito publicar esta jornada dedicada a la pesca de depredadores en este bello pantano conquense no por los resultados, mediocres sin duda alguna, sino porque es la primera de este año y, para un blog de pesca, es algo digno de mención. Además, lo hago a modo de homenaje para mi amigo Adolfo colgando un par de fotos con alguna de sus buenas capturas en este pantano y en estas últimas semanas.


Me planteo esta jornada de pesca animado, como siempre, por Adolfo, dueño de la barca, maestro, guía personal y pescador inmune al desaliento, y debido a que en las últimas semanas él ha sido capaz de sacar bastantes de estos esócidos, y varios de buen porte, teniendo como capturas más reseñables unos cuantos de 4 a 5 kilos; uno de 7 kg.; y otro de 11. Pero claro, eso los saca él, porque es aparecer yo encima de la barca surcando las aguas cual marinero “acojonado” de agua dulce –de ahí mi sempiterno chaleco salvavidas- y no ser capaz de tener una pescata reseñable… es todo uno. Y pese haberme aprovisionado de unos  magníficos y “carísimos”, por qué no decirlo, peces artificiales de la marca Lucky Craft –pocos, eso sí, sólo tres, ya que la crisis me afecta como al más pintado- favoritos de mi colega y, sin duda por lo visto en las jornadas compartidas con él, muy efectivos, el día no fue propicio por la falta de actividad de los depredadores habitantes de este pantano. ¿Por qué esta falta de actividad? Si lo supiera sería el descubridor de la panacea universal de la pesca, pero no es así. Se podría achacan al calor; al constante viento que nos acompañó durante todo el día; a la fase lunar; o, lo más probable según mis escasos conocimientos, a que las aguas están todavía frías siendo este pantano, como es, el regulador del trasvase Tajo-Segura, lo que hace que la suelta de agua refresque la misma, además de hacer cambios frecuentes y muy notables en el nivel del agua que provoca que los lucios y luciopercas abandonen sus apostaderos naturales que son, casi siempre, las zonas más someras junto a las juncadas, y desaparezcan en zonas más profundas. Pero, como he dicho, ¿quién lo sabe?

LUCIO de 11 kg. La cara congestionada se debe a las penurias que tuvo que pasar al hacerse la foto solo con su cámara antediluviana.
Otro de 7 kg.
El caso es que, después de cientos de lances el resultado fue malo…muy malo, no sólo para mí, lo que se podría achacar a mi impericia, sino también para Adolfo, y en este caso sí se trata de un experto pescador y conocedor del escenario. Adolfo pudo sacar 3 lucios y una lucioperca. Y yo: 2 lucietes, aunque me quedo con la pena de haber perdido, ya junto a la barca, uno que rondaría los 4 kilos. ¡Qué pena! Con este ya me podría haber dado con “un canto en los dientes”. Pero repetiré. ¡Faltaría más!

sábado, 16 de junio de 2012

Embalse de Vallehermoso. Maratón de pesca. Parte 2ª


SEGUNDO DÍA

Mi idea primigenia, como ya he comentado, era llevar a cabo mi segunda jornada maratoniana de pesca en El Vicario. Pero… ¡“Pa” qué! Conforme está la pesca en Vallehermoso; las predicciones meteorológicas indicando viento de fuerte a moderado en El Vicario; la actividad de los carpines incierta; mis conocimientos y habilidades en la pesca de estos ciprínidos, como poco, dudosos; unido a que tengo que hacer entre ida y vuelta otros 150 kilómetros más, me deciden a prolongar mi estancia en este embalse junto al municipio de La solana y así afrontar con cierta seguridad de éxito mi segunda jornada consecutiva de pesca. ¿Acertada decisión? Nunca lo sabré pero, viendo los resultados, creo que sí.

Gardón "gigantesco". A quien corresponda.
Ciñéndonos a la pesca diré que de inicio, y teniendo en cuenta que sólo disponía de 2 kits, monté uno de ellos para pescar a 11 metros y otro para 5. Además preparé una caña de inglesa para pescar a los mencionados 11 metros por si tenía algún problema, a modo de rotura, con alguno de los kits. Buen inicio de día con mayoría de picadas de carpa, tanto a 11 como a 5 metros, grandes y pequeñas. Los peces gato dieron guerra, como siempre, y algún gardón iba cayendo. De cebo, como el día anterior, era casi siempre maíz para así mitigar en cierto modo las picadas de los gatos, aunque esta batalla está perdida de antemano ante la voracidad de estos pequeños bigotudos.

Carpita común
Lo más destacable del día fue que, ya avanzada la tarde, y más cercanas a la orilla, me empezaron a entrar carpas grandes, aunque eran escasas las capturas, ya que eran tal el ímpetu y violencia en la arrancada de estos ciprínidos que sólo conseguía encadenar una rotura de bajo tras otra. Llegué a montar bajos del 0,20, pero no sé si por la dureza de los elásticos, si por la dificultad de éstos en salir de la caña, o por lo que fuere que mis escasos conocimientos de esta pesca no llegan a discernir, si no rompía el bajo, rompía la línea. Le llegué a coger miedo –paradojas del pescador que busca el trofeo más grande- a que me picara una carpa gorda. Así que, llegado a este extremo, monté una caña de inglesa para pescar con veleta de coup para ver si, con el freno del carrete, podía parar a estos miuras acuáticos. Y así fue, que las picadas se siguieron produciendo, pero esta vez, y gracias a una regulación correcta del carrete, pude ir sacando en las últimas horas de la tarde hasta una decena de cabezudas y alargadas comunes, de las que varias rozaban los tres kilos de peso, habiendo alguna que los superaban. Eso sí, la arrancada de la mayoría de éstas me sacaban en muchas ocasiones más de 20 metros de hilo, para luego, pacientemente, acercarlas a la orilla dócilmente donde, a la vista de la sacadera, recobraban bríos y emprendían de nuevo una furibunda huida que, poco a poco, y a base de freno, conseguía controlar y domeñar a la bestia prendida de mi anzuelo. Disfrute absoluto siendo como soy un enamorado de la pesca con caña de inglesa. Lástima que no pueda aportar un mejor reportaje fotográfico de estas estupendas capturas, ya que, hallándome sólo, e intentando hacerme una foto, tuve la desgracia que mi queridísima cámara digital se abalanzara traidoramente al agua, harta, supongo, de inmortalizar sólo peces, por lo que sólo me quedó el recurso de la cámara del móvil, que no es lo mismo, por lo que la belleza y majestuosidad de estas carpas no se han reflejado con la nitidez que su hermosura merecía. ¡Mala suerte! Menos mal que la tarjeta de memoria se salvó y las fotos del día anterior se pudieron recuperar.

Lástima cámara digital. Esta foto es del móvil.
Embalse "Puerto de Vallehermoso"
También hubo un momento de la tarde que intenté dedicarme en exclusiva a la pesca del gardón, más que nada por aprender técnicas nuevas y por gastar los dos litros de gusano que había comprado pensando en su utilidad como cebo para estos pantanos. Y aunque los gusanos estaban “más tiesos que un ajo” debido a los días soportando el intenso calor, a base de meter bichos a 11 metros los gardones se cebaron, pero…los peces-gato también, por lo que colgué el cebo con la vana esperanza que no subieran a por él estos odiados “felinos”. Pero ni por esas. Hasta prácticamente en la superficie, cuando el cebo iniciaba su descenso, atacaban estos cabroncetes. Eran un par de gardones por tres o cuatros gatos, así que lo dejé y me centré en las carpas, que es una pesca más placentera según mi gusto. Por cierto, también me picó una común de un par de kilos con el cebo colgado, la cual vino hacia mí mansamente, y no dando tanta guerra como sus congéneres. Debería estar tonta o lela: picar arriba y no luchar no son características propias de su especie, pero de todo tiene que haber en la viña, digo...en el pantano del Señor.

Finalizando, y a modo de estadística, sólo apuntar las capturas de este segundo día: 71 carpas (19 grandes); 23 gardones; y 53 peces-gato.

Bajas: dos tramos de la enchufable deteriorados; dos kits con la goma rota; más de una veintena de bajos, los cuales adornan ahora la boca de ciprínidos vallehermosenses;  y la cámara digital en cuidados intensivos –más “pallá” que  “pacá”. ¡Ah! Se me olvidaba. Mis manos con más heridas que un nazareno por los pinchotazos de las aletas de los gatitos. ¡La madre que los parió!

Para el que no se haya dado cuenta...esto no es ningún pez. ¡Es mi perra!
La pongo sólo para hacerla famosa. Y porque es más fotogénica que el amo.

viernes, 15 de junio de 2012

Embalse de Vallehermoso. Maratón de pesca. 1ª Parte


PRIMER DÍA
Me planteé hacerme un par de jornadas maratonianas de pesca durante dos días consecutivos en los embalses de Vallehermoso (La Solana) y El Vicario (Ciudad Real), y así, a las 6 de la mañana del miércoles 13, partí a mi primer destino, Vallehermoso, para iniciar mi periplo por estos dos embalses ciudalearreños.
Llego a las 8:00 al pantano. El sol ya indica que la jornada va a ser calurosa, y la ligera brisa augura un día de escaso viento en el que se pueda practicar la pesca con enchufable sin muchas dificultades.
Una bonita royal
Pese a que ya he pescado en este escenario alguna vez, lo primero es hacer un reconocimiento del lugar, percatándome que el nivel del agua está mucho más bajo que en mis anteriores visitas a este embalse. Buscando el lugar de mi ubicación durante la larga jornada que se avecina me encuentro con tres pescadores del pueblo toledano de La Puebla de Almoradiel: Pablo Palomino, Iván Barrios, y el más veterano de ellos, Cristóbal, con los que entablo al momento amistosa charla, ofreciéndose los mismos, muy amablemente, a que ocupe un puesto junto a ellos para compartir la jornada de pesca. Les agradezco el ofrecimiento, pero prefiero quedarme ligeramente separado  para no tener que desplazar tan lejos la gran cantidad de material que llevo.
Los amigos almoradienses. De izquierda a derecha: Iván, Pablo y Cristóbal
Pablo con una de sus numerosas capturas.
Cuando quiero empezar a pescar, entre “dimes y dirites” con los compañeros, transporte de los “trastos” y mi conocida lentitud en el montaje de cañas y aparejos varios, son las 10 de la mañana. No importa, inmediatamente empiezan a picar peces, sobre todo carpas pequeñas, algún gardón y el inevitable pez gato. A mis compañeros almoradienses también los oigo comentando que están sacando numerosos peces, algunos de buen porte, y que están sufriendo bastantes roturas por la potencia de las carpas, algo que a mí no me ocurre en las dos primeras horas, ya que las carpitas son, como máximo, de 400 gramos, aunque hay que reconocer que son bravas y luchadoras y dan un bonito juego para su pesca con enchufable. Será a lo largo del día cuando sufra siete u ocho roturas de bajos –pese a utilizar casi siempre un 0,18- e, incluso, uno de estos potentes ciprínidos me llegó a partir el elástico, llevándose mi veleta y dejándome el kit inutilizado para el resto de la jornada. En otro enganche partí otra de las gomas, por lo que a media tarde sólo me quedaron disponibles dos kits de mi triste y modesto equipo de enchufable de octava mano (para los expertos mencionar que es una Colmic 6800) para afrontar todo lo que me quedaba de jornada más la del día siguiente. ¡Pero bueno, ahí seguíamos…!
Iván con una carpa común
A todo esto comentar que yo había preparado todos los kits para pescar a 11 metros, pero mis vecinos toledanos, como buenos y generosos pescadores que son, me aconsejan que pesque también más cerca, a escasos cinco, seis e incluso menos metros, lo que, sin duda, se convirtió en un éxito, ya que era ahí donde más carpas se metían, incluidas las más grandes.
Una común, mayoritarias en este embalse.
A las 18:30 los amigos de La Puebla me cometan que dan por concluida la jornada de pesca, ofreciéndome a ayudarles a pesar las capturas y hacer un modesto reportaje fotográfico del momento, a lo que se muestran gratamente dispuestos. Pablo, con la enchufable, pesa 28 kilos de peces; Iván, con caña de coup, empata con el mismo peso a su compañero; y Cristóbal, pese a practicar una pesca un poco más rudimentaria, me comenta que ha sacado bastantes peces, pero que los ha ido devolviendo al agua sin guardarlos en el rejón. Ellos mismos me ayudan a pesar mis capturas hasta ese momento, arrojando “la romana de los chinos” un peso de 25 kg –como todos sabéis, y al venir la báscula de donde viene, pueden ser 25, 18, ó 60, pero…más o menos. Así que, amigos, espero que os gusten las fotos –han estado a punto de no aparecer en este artículo, ya que, como comentaré en la siguiente entrada, la cámara digital se me cayó el segundo día al agua-. Ha sido un placer compartir un día de pesca con vosotros, esperando que coincidamos alguna otra vez en cualquier masa de agua donde practicar nuestro deporte favorito.
Y más comunes
Posando con la pescata de Iván
Yo seguí pescando 2 horas más, siguiendo el ritmo de capturas de todo el día, excepto por la salvedad de que en estas horas me rompieron otras cinco o seis potentes carpas. No había forma de pararlas. Así que, y terminado el primer día, el resultado en número de capturas fue el siguiente: 82 carpas (10 de más de un kilo); 30 gardones; y 71 insufribles peces gato.

viernes, 1 de junio de 2012

La Tabla de la Patata



Esta vez la jornada de pesca la vamos a llevar a cabo Rafa y yo en un escenario, otra vez más, desconocido para mí y, en este caso, también para Rafa.

Quedamos con dos compañeros de Albacete: Emilio, con el que ya he compartido algún regional y algún otro concurso, y su cuñado Martín. Nos dirigimos los cuatro a la llamada Tabla de la Patata, que no es sino una parte del río Guadiana, aunque la ausencia de corriente me hace pensar que pueda ser un canal de regulación del cercano embalse del Vicario, aunque esto es una idea propia que pudiera no ser cierta.

Tres cubitos de carpines pude llenar
Llegados al escenario y una vez inspeccionado someramente el lugar nos posicionamos cada uno en nuestro respectivo puesto, los cuales están ubicados en un claro habilitado entre los numerosos juncos, lo que te proporciona un puesto relativamente  cómodo, aunque te imposibilita la visibilidad de tus compañeros de jornada debido a lo tupido de la mencionada juncada, añadido a que la espesura de este vergel hace que el calor se intensifique hasta límites en algunos casos asfixiantes  debido a que impide el paso de cualquier, aunque sea ligera, brisa de aire.

Rafa con parte de su pescata
En el lugar elegido, y gracias a los dioses de la pesca, nos encontramos con un pescador con el que rápidamente entablamos conversación al objeto de preguntarle por las condiciones del escenario y la forma más idónea de tentar a sus habitantes –en su mayoría carpines- el cual, muy amablemente y con una generosidad en desuso en la sociedad actual, se prestó a indicarnos la mejor forma de pescar en este lugar y así poder tener éxito a la hora de tentar a los carpines. Es más, indicándole mi preferencia por la pesca a la inglesa se ofreció, y de hecho lo hizo, a montarme el aparejo apropiado para pescar con esta modalidad en este escenario, y gracias a sus consejos y recomendaciones  -incluso, en mi caso, llegó a plomearme  adecuadamente las veletas para así ser capaz de detectar la picada tan sutil de este ciprínido- pudimos hacer un resultado digno. Sin duda alguna, si no nos llegamos a encontrar a Pepe Rojas, que así se llama este experto y amigable pescador, vecino, para más señas, de Miguelturra, nuestra pescata hubiera menguado drásticamente, ya que nuestra idea de la forma de llevar a cabo esta pesca, debido a que sólo la había practicado el año pasado en el embalse del Vicario, estaba muy alejada de la necesaria para tener unos resultados medianamente positivos. Así que, y ante todo, ¡muchas gracias, Pepe!

Emilio en plena faena
De forma resumida sólo indicar que la manera de pescar en esta tabla con enchufable, que fue la caña que utilizamos los cuatro durante toda la jornada, era la de buscar los peces con montajes de varios tipos: uno, cuyo cebo apoyara ligeramente en el fondo; otro a un palmo, más o menos, de dicho fondo; y otro, el cual se mostró el más efectivo en toda la jornada, y el que nos proporcionó más del 90% de las capturas, fue el de pescar con la técnica denominada “al aire” o "a cebo colgado", es decir, con el cebo suspendido a un metro y medio, aproximadamente, del nivel del agua. Eso sí, el cebado, tanto de engodo como de gusano, debe ser constante. Todo esto, cómo no, es parte de las numerosas enseñanzas que este día nos proporcionó el mencionado Pepe.

De esta manera nos propusimos hacer un concurso Cuenca vs Albacete. Resultado: yo al inicio era incapaz de provocar la picada de ningún pez y en unas dos horas sólo pude sacar un carpín que me picó, o eso creía yo, en la veleta preparada para pescar a ras de fondo, pero al sacar el carpín me di cuenta que venía “al robo”, así que ni este primero picó. A mi izquierda a Rafa lo podía oír sacando algún pez –carpines y cachuelos-; y a mi derecha, tanto Emilio como Martín mantenían un ritmo aceptable de capturas. A partir de las dos horas me subí a metro y medio y empecé a echar gusano y engodo incesantemente, lo que provocó que poco a poco se fueran cebando los peces y fuera teniendo picadas, más espaciadas en el tiempo de lo que a mí me hubiera gustado, pero, aunque despacio, vi como se iba arreglando una jornada en la que se vislumbraban oscuros nubarrones, y no me refiero en este caso al aspecto meteorológico. De todos modos, cuando quise reaccionar, los amigos albaceteños ya me doblaban en capturas. Cuando yo llevaba 15 carpines, Emilio llevaba 30, Martín alguno menos que Emilio, y Rafa andaría como yo. ¿Quién venció esta contienda cuyo lucrativo premio era un tercio de cerveza para los campeones? Pues, habrá que dejarlo en empate, ya que los amigos de Albacete decidieron dar por terminada su jornada de pesca sobre las 16:30, momento en que Emilio contaba con 57 carpines y Martín y yo unos 40, yéndonos Rafa ligeramente a la zaga. Por tanto, en ese momento ganaba Albacete, pero la tozudez típica conquense nos hizo seguir la contienda dado que no se había puesto hora de terminación a la misma. Así que, al final, Emilio logró 57 capturas que dieron un peso de 20 kilos; Martín sacó 40 carpines (14 kg.); Rafa 60 peces (20); y yo, y pese a mi nefasto inicio, pude contar 80 carpines que pesaron 29,5 kilogramos. Sólo aclarar que el Team de Cuenca pescó unas dos horas y media más que el albaceteño, pero la rendición no está en el vocabulario de los pescadores de la provincia conquense, así que…lo dejaremos, como ya he indicado, en empate técnico, aunque sólo sea por nuestra perseverancia. Si por mí hubiera sido, os puedo asegurar, y teniendo en cuenta la manera de picar de estos peces, hubiera estado pescando hasta que no se viera ni la veleta.

Descanso de los guerreros.
Escenario con unos espectadores bovinos.
Amigos Emilio y Martín, deberíais haber aguantado un poco más pescando, ya que llegadas las seis, más o menos, era tal la actividad de estos peces que la velocidad en sacarlos era la misma que cada uno tuviera en sacar la caña, poner cebo y volver a posicionar la veleta. Simplemente, ¡impresionante!

Buena jornada de pesca, buen almuerzo y comida, y grata compañía y conocimiento de nuevas técnicas y nuevos amigos pescadores. ¡Qué se puede pedir más! Que la Tabla de la Patata estuviera más cerca. ¿Repetiré? Me gustaría, pero nunca se sabe. ¡Es que pilla “mu” largo!

martes, 15 de mayo de 2012

Luciopercas de Buendía

En toda actividad que haya de realizar el ser humano es fundamental, para conseguir llegar al éxito: tener conocimiento sobre la labor que se va a llevar a cabo, una buena preparación y un material adecuado para este menester. Si falta alguna de estas premisas el resultado siempre será mediocre. Y todo esto, cómo no, se aplica al mundo de la pesca. Y así me pasó a mí ayer, día 14, pescando lucios y luciopercas en Buendía.
El día no fue muy pródigo en capturas, habiendo sido capaz de pescar hasta las 21:30 únicamente 4 lucios y 2 luciopercas -aunque hasta hace escasos tres días esta pescata sería excepcional para mí-. Adolfo, como siempre, me llevaba tres piezas de diferencia, aunque éstas las sacó, también finalizando la tarde, al curricán. Yo también fui capaz de sacar un lucio por primera vez en mi vida de pescador con esta modalidad, y lo más sorprendente, con un rapala al que le tengo poca fe. Y aquí empieza a tener sentido la primera aseveración que planteo al inicio de la entrada. ¿Por qué Adolfo sacó tres peces al curricán y yo, ¡y gracias!, sólo uno? Pues, simple y llanamente, en este caso, porque el dispone de buen material para este tipo de pesca, es decir, peces artificiales que profundizan hasta 10 metros, donde se hallan los depredadores, y mis artificiales llegan, siendo extremadamente optimista, hasta los 4 metros, por los que mis posibilidades de éxito decrecen en proporción similar a la profundización de nuestros respectivos señuelos.
Pero todavía queda la confirmación fehaciente de mi teoría. Pasadas las nueve y media de la tarde-noche localizamos -bueno, más bien quien lo localizó fue Adolfo, ya sabéis, en este caso por el conocimiento- un banco de luciopercas en una orilla somera, seguramente hallándose los pércidos en sus anuales labores reproductivas, por lo que se encontraban en tal grado de excitación que atacaban cualquier señuelo que se atreviese a pasar cerca de sus fauces. Y es aquí donde el material adecuado a la situación se mostró determinante en el resultado final. Adolfo puso su pez favorito, cuya marca me reservo (quien la quiera conocer que me lo pregunte vía: comentarios de este blog): un artificial suspendido que profundiza no más allá de 1 metro y empezó a tener picadas incesantemente.
Yo, por mi parte, seguí pescando con mis vinilos, los cuales en todo el día se mostraron tan efectivos como los artificiales en zonas de profundidad, pero en aguas someras, como ésta, donde se producía la vorágine reproductora de las luciopercas, al tener mayor peso, caían rápidamente al fondo, cubriéndose de algas y perdiendo así sus cualidades natatorias y, por tanto, de engaño para el pez. Aún así, pude sacar, cuando mi señuelo no era tragado y trabado por las algas, otras dos sandras. Mientras, Adolfo, cada dos, tres, o incluso en lances sucesivos, tenía picada, sacaba un pez, o se le escapaba otro. En esto, y cumpliéndose a rajatabla la Ley de Murphy, se me hizo un nudo en el carrete -acompañado por un nudo similar en el estómago- de proporciones ciclópeas, lo cual me obligó a cortar casi todo el sedal e intentar poner un señuelo adecuado a las circunstancias que exigía la pesca en ese momento, pero con las prisas, el nerviosismo de ver a mi compañero disfrutar teniendo picadas sin parar, y la poca luz que nos aportaba el ocaso, logré acordarme de un rapala color blanco con cabeza roja que durante muchos años ha adornado mis cajas de señuelos, pero al que he utilizado en contadas ocasiones y, siempre, sin ningún éxito. Así las cosas, y pensando en la pesca de luciopercas, y también por las prisas, obvié la colocación del terminal de fluorocarbono y, casualidades de la vida, para el primer pez que le pica al "cabrón" de señuelo en su dilatada vida de tal, en el primer lance que hago con el mismo hace años, es un lucio que siega el sedal, se lleva el pez, y me quedo sin el único material válido para el momento. Cabreo monumental, negativa a seguir pescando y...otra lucioperca que saca Adolfo. ¡Mecagüen la p...! Otra vez monto rápidamente un vinilo más liviano, primer lance, picada y otro pez. Escasos minutos después, y ante la falta de luz, terminamos la jornada de pesca.
Adolfo con una de tantas.
Resultado: 4 lucios y 5 luciopercas. Adolfo perdió la cuenta, pero sobre los 20. La última hora tendría más de veinte picadas. Oportunidad perdida, por mi parte, de pescata histórica en tan corto lapso de tiempo, por lo que acabé con un "ligero" disgusto. Luego se me pasó, cómo no, viendo tan contento a mi amigo Adolfo.
Así que: conocimiento, preparación y, ¡buen materiaaaal...! ¡Qué pena ser pobre!
Nota: aunque yo dispusiera de buen material, como Adolfo no me llevase con su barca, me indicara dónde lanzar y con qué...tampoco sacaría ningún un pez. Gracias , amigo.

Barbos y cámara deportiva barata

  Grabar la pesca del barbo con una cámara deportiva barata es una excelente forma de compartir capturas y técnicas sin gastar mucho dinero....