Lo que pretendo con esta entrada es hacer un homenaje a los amigos pescadores que a lo largo de estos 16 años de pescador, puedo considerar como maestros en esta afición. No puedo poner a todos los que me han dado algún consejo, alguna indicación puntual, pues entonces este artículo se haría demasiado prolijo, además, el nombre de muchos pescadores anónimos que he conocido durante todos estos años y que han contestado alguna de las numerosas preguntas con las que muchas veces he atosigado al personal, han quedado en el olvido y muchos otros ni siquiera he conocido como se llamaban. Así que, e intentando mencionar por orden cronológico a los verdaderos protagonistas de este artículo, paso a enumerar la relación de los mismos:
- Pedro G. Salas: fue quien me pidió la primera caña –por catálogo en Álvarez Monterroso-, la cual aún conservo y a la que tengo especial cariño; era, y es, una todoterreno telescópica de 2,40 metros y de acción 10-30 con la que he pescado truchas a cebo, a lance, carpas a fondo, black bass, cachuelos, lucios y luciopercas, lo dicho: una todoterreno. Pero, centrándonos en el primer maestro, he de reconocer, aunque a él muchas veces se lo niegue, que él fue quien me enseñó a lanzar, quien me dio las primeras y básicas nociones de pesca y el primero que me llevó a pescar truchas y me explicó cómo se pescaba con cucharilla.

- José L. Plaza (el Hacha): en este caso fui yo el que lo introduje en este mundo, pero lo considero uno de mis maestros por todos los días que hemos pasado juntos pescando, seguramente con más fracasos que éxitos, pero estos últimos, aunque seguramente escasos, los disfrutamos como ahora sería imposible concebir, y porque los dos nos hemos equivocado juntos, hemos aprendido juntos, yo le he enseñado y él me ha enseñado, sus éxitos eran míos, y los míos suyos. Después, pasado el tiempo, yo he podido ser maestro de otros, pero en este caso algún alumno ha convertido mis éxitos en sus fracasos, por lo que considero que, aunque éste llegue a pescar bien, no fui capaz de enseñarle lo más importante, es decir, disfrutar de la pesca con los amigos.
- Juan Andrés Parra: cuando el Hacha y quien esto escribe iniciamos camino en el proceloso mundo de la pesca, buscábamos siempre a quien nos pudiera enseñar, y fue el caso que en nuestro mismo pueblo había otro pescador –cosa difícil considerando que vivimos en un secarral- llamado, para los siglos, “Parrita Brava”, con el que contactamos y compartimos grandes jornadas de pesca, no tanto en capturas como en risas y anécdotas; baste decir que la primera clase del maestro Parra fue en Casalonga pescando basses, y que su técnica era la siguiente: a una caña de lance le ponía como señuelo un pez artificial de 15 centímetros, y cada anzuelo de las poteras lo cubría con un grano de maíz. A nosotros -el Hacha y yo- esta técnica nos pareció estupenda, aunque algo rara, por lo que llegamos a la conclusión, pese a muestra bisoñez, que el maestro no nos iba a la zaga en desconocimiento de la técnicas de pesca. Pero poco a poco fuimos aprendiendo, unas veces de oído y otras por instinto, y fuimos sacando peces.

- Adolfo: taranconero de pro y uno de los pescadores que más pasión ponen en esta actividad. Pescador inmume al desaliento, siempre positivo, nunca negativo (Van Gaal).
Tuve la suerte de conocerlo en el Pantano de Bolarque, concretamente en la playa de la Nueva Sierra de Madrid (Guadalajara) pescando carpas acompañado por su hermano pequeño, y como persona abierta que es, no tardó en explicarnos todas las formas de pescar carpas, dónde había lucios, cómo se pescaban, etc. A partir de ese día hemos compartido muchos días de pesca y siempre, siempre…él ha sido capaz de sacar más peces que yo. Pero, lo importante, es que me ha enseñado a pescar barbos con gusano y con ova, me indicó las primeras nociones básicas y rudimentarias de cebado para ciprínidos, me llevó a los mejores lugares de pesca de barbos, lucios y luciopercas y me dijo cómo debía pescarlos –era digno de ver cómo iba con el R-11 rojo de segunda mano, cargado hasta arriba de pescadores y aparejos, y metiéndose por unos parajes en los que muchos todoterrenos se hubieran negado a pasar- y últimamente me ha llevado con su barca a la busca del exócido por los pantanos de Bolarque y Buendía, encontrando él a muchos de estos peces y yo a pocos, pero siempre alegrándose más de mis capturas que él de las suyas.

- Rafael Moya: Insigne y querido Presidente del Club Fishing Carp de Honrubia, y a quien debo pertenecer al mismo y haberme iniciado en la pesca con enchufable. A Rafa lo conocí en el coto truchero de La Torre, y dada su afabilidad innata y carácter extrovertido, pronto hicimos buenas migas, hablándome del club que presidía, dónde pescaban, cómo lo hacían y otra serie de explicaciones, que con el tiempo me hicieron llegar a formar parte de este queridísimo, para mí, club honrubiano. Rafa fue el primero que puso una caña enchufable, de su propiedad, en mis manos, quien me inició en el mundo de la competición de ciprínidos, quien me prestó el material con el que concursé en el regional de 2ª División, y el que trató, sin ningún éxito, por cierto, de hacerme pescador de alburnos (no me gusta este tipo de pesca). Eso sí, la pesca de truchas “al arrastre” la he aprendido yo solito, copiando a los expertos, por supuesto. Además muchas veces ha aguantado estoicamente mis burlas y chanzas, cosa de agradecer y, pese a ello, nunca ha dudado en darme algún valioso consejo o alguna atinada indicación de pesca.

- Julio César Haro: como los dos anteriores, honrubiano, gran pescador multidisciplinar, y compañero de club y amigo. Julio, al igual que Rafa y Chema, nunca ha dudado en enseñarme todo lo que sabe respecto a la pesca de carpas, sea al coup o con enchufable. Además, considerado “un manitas” merecidamente (señalar que se hizo él solo un panier que poco o nada tiene que envidiar a los de las grandes marcas) , no hay caña, carrete, o artefacto para la pesca que se le resista, estando siempre disponible para arreglar todo lo que le pidas. Pero, en lo que destaca, y no porque en la pesca de la carpa no sea un hábil y fino pescador -pero es que es un tipo de pesca que le atrae menos- es en la pesca de depredadores a lance, dándole igual el bass, lucio, lucioperca e, incluso y lo más difícil, la pesca del “salvelino de Alarcón”. Gracias a él y sus enseñanzas he sido capaz este pasado año de reconciliarme con la pesca de esócidos, ya que mis capturas han aumentado notablemente gracias a sus consejos y recomendaciones. Pero es respecto a la pesca del black bass donde he dado un salto, tanto cualitativo como cuantitativo, gracias a las impagables clases didácticas de Julico, tanto en relación a materiales, técnicas, señuelos, etc…¡Y eso que era yo el experto en la charca!
No quiero terminar esta entrada sin indicar que además de los mencionados han pasado por mi vida de pescador muchos otros de los que he aprendido algo, ya sea por las explicaciones del mismo pescador, o porque mis ansias de aprender me han hecho fijarme, o copiar, como se quiera llamar, lo que yo consideraba interesante y aprovechable para aumentar mis conocimientos en este noble arte. Aunque, he de decir, que estoy abierto a nuevas enseñanzas, que falta me hacen, y a que nuevos maestros se unan a mi Olimpo particular de docentes. Eso sí, siempre, y no concibo otra manera de pescar, mis vivencias de pesca las he compartido con quienes compartían mi filosofía del “captura y suelta”.